Archive for 2011

A tres horas y media de que termine el año, y por costumbre, me paro un momento a realizar el balance del año anterior. Visto desde aquí, no parece tan terrible como se presentaba hace 366 días.

Llegué un 7 de enero a mi destino, con el peso del mundo a mis espaldas, deseando poder acabar de una vez con todo y arrastrándome para no cometer un error que lamentaría el resto de mi vida. ¿Y después? Después no dejé de perder... Fui distanciándome de una relación ya de por sí distanciada, perdiendo a alguien que me importaba muchísimo y que se fue convirtiendo en una carga más pesada de lo que podía aguantar. Así que la dejé resbalar y me quedé completamente sola. O eso me parecía. Pero irónicamente, mientras sólo era capaz de ver todo lo malo que me iba pasando, me fui rodeando de gente maravillosa. Gente, muchísima gente que está ahí siempre que yo lo necesito o requiero... También encontré a alguien que me dio la vida en aquel lugar, alguien que me entendía, que podía darme las charlas que necesitaba para seguir adelante, para calmarme, para relajarme al menos en los pocos instantes que podía conectar telefónicamente con ella... Y aunque el año ha sido lo suficientemente largo como para acabar dejando caer ese jarrón al suelo y verlo esparcirse en mil pedazos, no puedo evitar pensar en todo lo bueno que esa persona me dio, de todo lo que me enseñó y del cariño que nunca podré dejar de sentir por ella.

Llegó por fin el momento más deseado. El momento de salir de allí y empezar una nueva vida.  Salvo por el detalle de que irse ya no era tan deseado, porque dejabas atrás a toda aquella gente de la que te habías rodeado... Pero siempre resulta inevitable seguir adelante, ¿no? Así que me decidí a volver a casa, cambiando por completo mis planes iniciales de no volver a dejarme caer por Galicia. Pero es algo de lo que no puedo arrepentirme, por todo lo que llevo vivido y por la sensación que tengo ahora... Por momentos, muchos momentos, en realidad, creo que soy profundamente feliz...

He encontrado algo que me llena, algo que hace que me sienta más cerca de mi padre, algo que hace que por fin me sienta útil, en mi lugar... Y sólo por eso, y por que ese "algo" es un trabajo, que hoy en día es algo de lo que carece muchísima gente... Pues supongo que ya tengo motivos más que suficientes para sonreír. Pero es que hay más... Está esa mirada dorada que se centra en mí menos de lo que me gustaría (sólo por el hecho de que no disponemos de todo el tiempo del mundo), esos ojos que hacen que no pueda apartar la vista de ellos, cuando soy más de mirar al triángulo inferior (labios) cuando me hablan... Esa personilla que me mantiene en un equilibrio que pensé que era imposible... Esa persona que consigue arrancarme una sonrisa siempre que se lo propone... Esa persona que se está colando en mi corazón...

¿Puedo desear más? ¿Puede un año empezar de una forma tan pesimista y acabar con una lista de propósitos para el año nuevo llena de ganas de ser mejor persona, de crecer, de hacer bien las cosas y de que todos los "por ahora" lleguen a convertirse en "siempre"? Yo creo que no. Quiero ser positiva por esta vez... Quiero creer que las cosas saldrán bien, pese a que el año que viene encierre cambios radicales. Este año también estaban planeados y han resultado maravillosos. ¿Por qué no iban a ser así los próximos?




¡¡¡¡Feliz año nuevo a tod@s y un besazo tan, tan grande que...  En fin, ENORME!!!!

Balance

Posted by : Any R 3 Comments
A veces, lo único que necesito es una mirada de miel, dulce y cálida, que me aporte una nueva perspectiva donde ya había dejado de observar, donde había perdido totalmente el blanco que rodea a la negrura que hay quien dice que son mis iris. Las pupilas se contraen y se dilatan, con la frecuencia cardíaca que persigue a la jadeante respiración que me ahoga. Y ya no sé... Sigo sin saber, vuelvo a no entender... Porque la vida, a fin de cuentas, a veces parece simplemente un círculo vicioso lleno de baches y obstáculos que se dedican a hacerte tropezar, caer, rodar colina abajo y dar con los huesos en algún inapropiado montón de piedras que parece que el destino ha situado justo ahí para destrozarte la maltrecha espalda... Pero da igual, siempre da igual. Vuelvo a levantarme, camino, camino, camino... Porque no me queda más remedio. Pararse es impensable. Y no hay una tercera opción, no, no la hay... Así que doy un paso tras otro, ignorando a veces la dirección, simplemente por mantener la rutina, a veces sólo por continuar dando algo que hacer a mi cuerpo, a mi mente, mientras el mundo se va despejando ante mí, hasta que vuelvo a ver las cosas un poco más claras... Y entonces distingo el camino que quiero tomar. Con los límites que llevo a la espalda (siempre, siempre hay límites), pero con muchas decisiones y bifurcaciones que tomar todavía. Con todas las opciones al alcance de la vista.

Pero entonces, cuando veo claras todas las posibilidades, me invade un vértigo inmenso que se instala en mi pecho como una sensación no del todo desconocida para mí. Se abre un vacío, se cuelan en él todo tipo de cosas, como si se tratase de un agujero negro, llenándome de preocupaciones nuevas y antiguas que añadan nuevos quebraderos de cabeza a los ya existentes. Porque de pronto se ve tan lejos, que las bifurcaciones se multiplican hasta alcanzar varios cientos y poblar toda la extensión que abarcan mis ojos. Y puedo mirar al frente, decidir justo ahora... Pero también puedo necesitar una decisión concreta que me lleve a un cruce de caminos señalado entre tanto caos. Y me agobio... Me derrumbo, me caigo arrodillada ante ese infinito campo de variables que hace temblar los cimientos de mi razón.

Y a pesar de todo, volveré a levantarme. Quizás apoyada en una mirada amelada que quiera ofrecerme ese pedazo de universo desgranado a su manera, enseñándome su modo de pasear por la vida, decidiendo, viviendo, sintiendo... Quiero aprender a ser más yo, más mía, más viva... ¿Y quién sabe lo que podré encontrar en esa maraña de caos en que se convertirá mi vida? La idea es ir dando pasito a pasito, desatando nudos para poder seguir avanzando, ¿no? Simplemente, ir poco a poco. Eso necesito ahora. Ir poco a poco...



Una mirada

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El frío huele a madera quemada. Es igual que la lluvia, que huele a tierra húmeda... Al menos, son los olores que tienen para mí después de estos pocos años que llevo dando vueltas por el mundo. Hoy he salido fuera y me he impregnado del aroma, quizás buscando un atisbo de regusto a vainilla...

Tengo una sensación extraña en el pecho. Extraña... Quizás no lo sea tanto, porque podría llegar a reconocerla buceando más en mi memoria, algo que últimamente no me está gustando demasiado hacer. Curioso, porque creo que siempre he sido una persona inevitablemente atada al pasado, quizás por el miedo a que el futuro se me escapase de las manos. Y ahora que es cuando más incierto veo el camino ante mí, es cuando prefiero centrar mis ojos en el camino y seguir hacia adelante sin pensar demasiado en todo lo que he ido dejando tras de mí. La sensación, extraña pero reconocible, es como un augurio... Siento que algo está a punto de pasar. Siento que se avecina algo... Y no tengo una sensación demasiado positiva. No sé en qué campo, no sé qué podría pasar ahora que rompiese de nuevo el precario equilibrio en el que me he sostenido este último mes, aguantando en una pierna todo el peso de mi cuerpo y pendiente del más mínimo balanceo para caer de nuevo al suelo y tener que ir pegando poco a poco mis pedazos... Aunque supongo que ya soy experta en eso. ¿O quizás el augurio no es para mí? La última vez no lo había sido... Vaya... Qué falta me harías ahora, princesa de cuento de hadas, con tus preguntas claves en los momentos acertados y tu mente más que abierta hacia todo lo místico. Cómo te echo de menos a veces... Cuánto...

Sea lo que sea, llevaré la defensa en alto para parar los golpes de ser necesario. He encontrado un hueco en el que me siento cómoda. Desde ahí, soy capaz de contraatacar cualquier estocada que la vida quiera lanzarme.


Nada particular...

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Hay momentos en los que te paras a pensar y a hacer una retrospectiva de lo que ha sido, está siendo y será tu vida en adelante... Para mí parece una constante en los últimos años. Los cambios se van sucediendo como una vorágine devoradora que amenaza con acabar con mi cordura por momentos. Sin embargo, pese a que cada mes cambio radicalmente de puesto de trabajo, pese a que cambio de horarios de la noche a la mañana, pese a que la gente va y viene, pese a todo, sigo adelante, sigo en pie, sigo levantándome si tropiezo, esquivando escollos, escogiendo el mejor camino, el más firme, el más... ¿fácil? No, eso no. Sólo el que mejor se adapta a mí, el que más ganas tengo de caminar, el que me lleva hacia lo que yo creo que será el mejor de mis futuros posibles. Aunque visto lo visto, ¿quién puede saberlo? Nadie... Ni siquiera yo...

Así que simplemente camino, con un pie por delante de otro, disfrutando, como en un tren, del paisaje que las ventanillas van poniendo a mi disposición. Miro a un lado, a otro, disfruto de la gente que se me acerca, de cada abrazo y de cada palabra de aliento, de cada mirada y de cada risa. Y no dejo jamás de buscar ese "siempre" que nos ha obsesionado tanto a mí como a la princesa de Jade desde el principio de nuestras historias. Sólo que "siempre" es muy escurridizo, huye como un proscrito perseguido por la justicia cada vez que lo mencionas. Así que poco a poco lo voy disfrazando con un "por ahora", más estable, más agradable, más finito e infinito al mismo tiempo. Un por ahora que nos va recordando que el presente es sólo un regalo que tenemos que ir disfrutando poco a poco, sin prisas, para que no se rompa antes de las próximas navidades... Lo que me recuerda que tengo que empezar a comprar los regalos...

Por ahora...

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Desde hace algún tiempo, gracias a una maxi amiga en tamaño portatil (vaya, mini), descubrí lo que era un anillo claddagh. Ese que veis en la imagen es algo distinto, me lo regaló esa buena amiga después de decirle alrededor de veinte mil millones de veces que me gustaba mucho más que el diseño original y que si lograba encontrar de nuevo la web donde lo había pedido, yo quería otro. Se lo sacó de la mano y me dijo que me lo probase. Pensé que querría averiguar mi talla. Pero cuando vio que me servía, no volvió a aceptarlo. Era mío.

Recuerdo la última vez que le di la vuelta. Se supone que según lo lleves, indica una u otra cosa. En la mano derecha, con el corazón (la parte plana) hacia fuera, significa que llevas el corazón abierto, dispuesto a dejar pasar a quien se acerque. En la misma mano, pero con el corazón hacia el centro de la mano, significa que alguien retiene tu corazón, que existe una persona que ocupa tus pensamientos y que tiene atados tus sentimientos. Dejemos a un lado la mano izquierda, nunca lo he llevado en ella. Lo cambié en la época en que menos lo utilizaba, las normas eran claras. Sólo se podían llevar anillos de compromiso, y este... Era de todo menos eso. Era un claro síntoma del enganche que un corazón puede sufrir incluso sin tener una base sólida a la que agarrarse, una princesa con la que sólo había soñado entre brumas y que no pudo, por desgracia, concretarse en algo real. De pronto, al ponerme el anillo, sin querer, me di cuenta de que lo había puesto mal. Ese día lloré. Irónico, pero me había dado cuenta de que no podía continuar queriendo una ausencia, guardando un amor intangible por alguien maravilloso, sí, pero lejano e irreal. Por suerte o por desgracia, el anillo no permaneció mucho tiempo en esa posición. Suerte porque me gusta más cómo queda cuando amo. Desgracia porque de nuevo las cosas salieron mal. Llegué a pensar que había encontrado a la persona con la que podría compartir mi vida. Pero de nuevo, quizás ya por costumbre, me precipité en entregar un corazón que estaba sin recomponer, que ahora está más astillado todavía, a alguien que lo merecía pero que no tenía forma de conservarlo. Hay veces en la vida en las que el amor es lo más importante. Y hay veces (casi todas las que me toca vivir a mí) en las que el amor sólo es un complemento directo de una frase subordinada sin más modificadores del verbo.

El otro día me saqué el anillo porque me apretaba. Acaricié el dedo, que ya tiene la sombra que el sol ha dejado sobre él, y volví a ponérmelo, de nuevo sin darme cuenta, del revés. Y me angustié. Sí, me angustié. Porque no sé qué me pasa últimamente. Porque no dejo de darle vueltas a miles de cosas, no dejo de poner mi vida en suspenso hasta que todo termine de moverse sin darme cuenta de que jamás dejará de hacerlo. Hoy en día, cuanto más cerca parece que está todo, más lejos me siento del mundo. Y respiro hondo, me quito el anillo de nuevo. No, no puedo abrir mi corazón. No puedo, no debo... ¿Para volver a rompérmelo en el tiempo que me queda aquí con alguien que no quiera/pueda seguir mis pasos aunque yo ni siquiera hubiese pensado siquiera en pedírselo? No, no puedo con otro golpe más en el pecho. No ahora. Más adelante, cuando se haya recompuesto el corazón un poco más, quizás pueda con cañonazos, cuchilladas, estocadas, embestidas, mordiscos y codazos. Pero no ahora. Ahora siento que un golpe más acabaría conmigo. Descartada esa posición del anillo... ¿Alguien ocupa mi corazón? Sería injusto decir que sí. Sería absurdo decir que no. Sinceramente, ya no sé lo que siento. No lo sé. Siento una especie de vacío en el pecho, un agujero negro en mi estómago que me obliga a abrazarme las rodillas cada noche que decido quedarme en mi cama. Porque cualquier otra opción resultaría demasiado dolorosa. Las noches en vela en otra cama que no sea la mía duelen más que el contacto rápido y cortante del frío acero de la soledad. Siento como si no hiciese más que esquivar el dolor, sin llegar a conseguirlo vaya hacia el lado que vaya. Y así, perdida, caminando sin rumbo, seguiré al menos hasta el verano que viene, cuando la caída en picado sea inevitable... Y descartada la otra opción, ¿qué me queda? Sólo puedo dejar el anillo a un lado. Esperar. Esperar a un momento más propicio en el que pueda permitir que alguien, como le dije a una observadora muy detallista, que vaya recogiendo las miguitas de optimismo que he ido dejando caer estos últimos tiempo; alguien que me siga, me encuentre y me entregue de vuelta la esperanza de que es posible que algún día comparta mi vida con otra persona. Mientras, el anillo se queda en la boca del dragón, ignorando el paso del tiempo.






Niña perdida...

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Cuando te regalan una rosa, sabes cuál será su final. Poco a poco, con el lento paso de los días, se mustiará y, en el mejor de los casos, permanecerá entera perdiendo la vivacidad de su color y abandonándose a un tono marrón grisáceo que simboliza su muerte. Ya está, no hay más posibilidad. Quizás se le caigan los pétalos, quizás no. Esa es toda la variable posible. Entonces, las opciones se limitan a dos:

OPCIÓN I.- Quien te la ha regalado, es importante en tu vida. Así que conservas el regalo como recordatorio de lo que esa persona sentía por ti en el momento de entregártela. Aunque quizás esos sentimientos hayan sufrido el mismo deterioro que la flor, quedándose arrugados y secos escondidos en algún rincón de su corazón. Pero eso no lo sabes. Eso sólo lo puede saber esa persona.

OPCIÓN II.- La papelera será su cementerio temporal hasta que saques la basura, donde la triturarán como al resto de los desperdicios.

Supuestamente la elección es sencilla. Todo depende de lo que sientas hacia quien te la regaló... Pues bien, yo me niego a escoger entre esas dos opciones. Ninguna es suficiente para mí. Yo lo que quiero es crecer. Quiero ser más fuerte, más grande, más lista, más madura, más sabia, volver a sentirme orgullosa de ser diferente, le pese a quien le pese (incluido a mí algunas veces). Pero una rosa marchita no puede crecer. No hace más que ocupar un jarrón triste y vacío. Si me aferro a ella, seguiré mustia, gris, esperando un milagro que jamás ocurrirá. Tengo que dejar de esperar.

Prometo que la rosa no acabará en la papelera (sería incapaz, no sé si por su belleza o por esos sentimientos que me recuerda), pero tampoco la dejaré seguir ocupando ese jarrón. Lo que de verdad quiero... NECESITO es crecer. Y eso sólo me lo permite algo vivo.


Ahora mismo, eso vivo, debería ser yo.




Elijo crecer

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Necesito un momento. Cierro los ojos y contengo el aliento hasta el límite de mis fuerzas. Y mientras tanto "el mundo sigue girando, destrozando". Necesito frenar, pero también hace falta que se pare todo a mi alrededor, para poder entender qué necesito para alcanzar aquello que deseo. Aunque eso sería en el caso de que supiese qué deseo...

Suspiro y me cuesta volver a coger aire. Tengo una opresión en el pecho que ni siquiera el alcohol puede aliviar. No me encuentro, ya hace que no me encuentro. ¿Dices que siga buscando, Nosu? Me temo que yo no busco, al menos ya no. Me he condenado a esperar, volviéndome tan sibarita por el camino que todo lo que aparece ha dejado de ser para mí...

"Hay un stop gigante en mi tráquea, en el acceso a la zona conflictiva". Soy un conflicto: MI conflicto. No puedo conmigo, pero también es imposible dejar de luchar. Cuanto, cuantísimo daño me ha hecho el cine. Tanto que no creo que pueda recuperarme nunca de ello.

Astry, ¿quieres jugar? Juguemos. Pero te advierto que no sacarás demasiado en claro de un puzzle a medio armar que ya ha perdido demasiadas piezas por el camino.

Amora, ¿victorias? Creo que me hablas de ciencia ficción. Al menos en ciertos terrenos de mi vida. En otros, en los que menos me preocupan, me considero casi una triunfadora.

Me arde todo lo que no digo en el pecho, pero peor sería abrir la boca. Al final, poco a poco, he ido aprendiendo a indigestarme con los sentimientos.

Pastillas de freno

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Quizás sea la luna llena. Si mi Princesa de Cuento de Hadas estuviese aquí, quizás podría volver a decirme que es normal, que está en Leo y que tiene algún sentido todo esto que siento. Pero no está aquí... Como todas las princesas que hacen acto de presencia en mi vida, se ha alejado. Las circunstancias, quizás. ¿Quién sabe? El caso es que no sé si es la luna llena, si es mi forma de ser, si es el día de hoy... Sólo sé que no es la regla, esta vez no puedo echarle la culpa. Ah, habría estado bien... Quizás mi madre tiene razón y no estoy bien aunque venda que sí... Pero ¿por qué no debería estarlo? ¿Por qué? ¿Qué me falta? ¿Qué me sobra? Quizás todo... Quizás nada... Camino sobre arenas movedizas desde hace una buena temporada... Quizás desde aquella vez que traté de decir adiós, aquella vez en que la princesa de Jade se internó en el desierto, andando como poseída ante la mirada impasible de los lobos entre los que se había refugiado... Quizás desde entonces no he vuelto a ser yo misma, o quizás he sido más "yo misma" que nunca y no lo sé... Quizás simplemente la princesa se deshizo en partículas de polvo diminutas que volaron sobre la arena y se convirtieron simplemente en eso, en polvo... Pobre princesa de Jade... Tanto tiempo abandonada, tanto tiempo persiguiendo un sueño... Pero claro, vosotros no sabéis qué fue de la princesa de Jade... Decidí no publicarlo porque... Porque he cometido demasiados errores en mi vida. Este blog es uno de esos errores. La princesa de Jade también es uno de ellos. Porque este blog es mío, es personal, es sentimental y sincero, más de lo que lo soy nunca a viva voz o en susurros... Porque la princesa de Jade eran mis sentimientos más profundos, mis sueños, mis temores, mis esperanzas... Por eso eran verdes sus sueños. Pero se rompieron en un espejo dorado que nunca había reflejado su rostro... Escribo, escribo como una vez me enseñó un profesor de la facultad, hilando demasiados conceptos para su gusto, nunca pude evitar cierta continuidad argumental porque supongo que a fin de cuentas espero que alguien me lea y me entienda, aunque casi siempre quien puede leerme y entenderme es quien más sufre con mis palabras... Y lo lamento, pero vuelvo a caer, abro blogs y publico mi vida, dejo la dirección al alcance de las personas que se debaten por conseguir o perder mi corazón de vista y acabo desnuda, sin piel y arañando la mano que intenta darme palmaditas en la espalda. ¿Qué coño me pasa últimamente? ¿Qué coño me ha pasado siempre? Cada vez tengo más claro que no soy más que una sombra fugaz en la vida de los demás, cuando lo único que siempre he querido es que alguien se quede a mi lado y comparta en cierta forma la suya, la mía, que exista un "nuestra". Bobadas, estupideces, deseos vanos, recuerdos oscuros en los que tiro los dados y siempre sale el número por el que no he apostado. La reina de corazones en la mano en la que desesperadamente necesitaba el as para triunfar... Pierdo, cada vez, de nuevo, por primera y por última vez, olvidando, recordando con más dolor todavía, que haga lo que haga, juego partidas que están por encima de mis posibilidades, siempre. Así que nunca, nunca, nunca podré ganar para llevarme a casa el reloj de oro que había apostado cuando me quedé sin dinero. Así, sin fortuna ni tiempo, ya mi alma y mi corazón se verán obligados a echarse a dormir en estas gélidas noches de otoño extraño bajo cualquier puente que me encuentre en el camino.



Luna llena

Posted by : Any R 4 Comments
Quisiera encontrar un espejo, EL espejo, ese que devuelve mucho más que mi reflejo. No es tan vano, supongo, no lo sé, nunca lo he entendido. Toda mi vida he buscado un complemento directo que siempre acaba siendo circunstancial de lugar o de tiempo. Por eso ahora creo que lo que necesito es simplemente un sujeto, aferrado al verbo, con su sustantivo y por supuesto su adjetivo concordando con género y número (singular, por dios, singular), pero que no tienen mucho más que ver. O quizás lo que necesito es un complemento del nombre que mediante una preposición se una a mi sustantivo concreto camino del abstracto... ¿Quién sabe? Para eso quiero el espejo, para reconocer de una maldita vez ese reflejo que es el mío, que es quizás lo que quiero, espero y necesito.

Posted by : Any R 2 Comments
El agua estancada se pudre y acaba contaminándose, haciendo imposible que pueda beberse, que pueda ser útil para nada más... Así me siento yo una vez al mes (quizás sea cosa de las hormonas y de la regla, pero no puedo quitarme de encima la sensación de que algo de realidad hay detrás de todo eso...).

Me siento vacía por momentos, me siento ajena, siento que vuelvo a esperar, eso que no me gusta nada, dejar mi vida en suspenso hasta que vuelva a avanzar... He dejado tras de mí tantísimas cosas que quería, que deseaba con todas mis fuerzas alcanzar. Pero fracaso a fracaso, dolor a dolor, me voy quedando sólo con la perspectiva amarga que me empuja a encerrarme en vidas que no son la mía, deseando aquel sueño que de niña había comenzado a dibujar de un mundo encerrado en el que sólo existiesen mis libros, mis películas y yo... ¿Sería feliz entonces? No, probablemente tampoco. Y sé que los pequeños momentos de calma, de bienestar, valen la pena lo suficiente. Sí, me lo repito constantemente para convencerme a mí misma, porque sin eso no me quedan muchas ganas de seguir luchando. Porque no lucho por lo que quiero. Ni siquiera sé qué es eso, qué es "lo que quiero". ¿Cómo luchar entonces por algo que desconoces? Hace poco tuve quizás una visión de algo que me habría gustado alcanzar. Pero que está tan lejos de mis manos como ese sueño de encerrarme para siempre en las ficciones de otros para vivir cualquier vida que no sea la mía.

Me siento perdida por momentos. A veces creo que estoy donde tengo que estar, pero resulta frustrante descubrir que no es así, o que, si lo es, lo perderé en menos de un año... Curioso cuánto puedo llegar a rayarme sin apenas darme cuenta. Y cómo puede explotarme todo en la cara. Y me encierro en las arenas del desierto de Arrakis para no pensar en las propias arenas movedizas que me rodean. Estoy cansada continuamente. No sé si algún día podré volver a sentirme realmente bien. Ni siquiera sé si algún día me he sentido así. Supongo que la vida es en general una puta mierda, y que sólo algunos momentos valen la pena. Así que navegando entre la mierda quizás llegue a alguno de esos momentos en breve, permitiendo que me relaje un poquillo. O quizás una semana después de tener la regla las hormonas me darán una tregua y me sentiré algo mejor. ¿Quién sabe?



Estanque

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Apenas ha pasado tiempo... ¿Un par de meses? Quizás algo menos. Sea como sea, aquí estamos otra vez. Con la sensación de que ha pasado un siglo y a la vez con la familiaridad de los gestos y rutinas que todavía no has tenido tiempo de olvidar.

Esta vez, la inseguridad se ha teñido de monotonía gris brumoso, con la intangibilidad de la niebla del día que tocó subirse de nuevo al coche. El caso es que el futuro se ha convertido en un cuadro desdibujado en el que ni siquera se distinguen los colores bajo la espesa capa de polvo que lo cubre. El pasado es un cúmulo de fracasos que me han empujado hasta aquí. Y ahora se ha esfumado el miedo a perder, al mismo tiempo que las ganas de pelear y alcanzar objetivos. Por perder se han perdido hasta las metas del camino. Pero es igual... Soy profesional en seguir adelante. Soy una experta en vivir el momento. Y por una vez me vendrá bien no hacer planes y dejar las opciones posibles en el último minuto para que las pérdidas no duelan desde ya...


De regreso

Posted by : Any R 2 Comments
UNO: Debería irme a dormir, mañana me espera un día largo, nuevo, lleno de angustia e incertidumbre hasta el último momento... Pero un día, al fin y al cabo, como todos los que me encontraré de ahora en adelante en mi vida. Diferentes a la par que iguales... ¿Cuánto pueden cambiar las cosas de un día para otro?
DOS: Añoro. Mucho. No dejo de pensar. No dejo de echar de menos. Si miro alrededor hay un millón de cosas que me acercan recuerdos cercanos, lejanos, cabrones, que se cuelan por debajo de la camiseta del pijama hasta encontrar el camino hacia mi corazón.
TRES: Las cosas más importantes no son necesariamente las más complicadas, pero siempre nos damos cuenta cuando es tarde. Ralladas. Dolor mal disimulado. ¿Por qué tienen que doler tanto las cosas que no son importantes? Porque en el fondo importan...


Contando hasta tres...

Posted by : Any R 4 Comments
Lo sé... Continuamente miro atrás... Miro atrás y me lamento por un pasado que probablemente nunca había sido mejor... Pero la idea de que así es me reconcome a veces, cuando pensar no cuesta, cuando la mente vuela sin control... Para ser más clara: en estado pre, pos réglico y en todo el campo que abarcan, es decir, tres semanas al mes... El caso es que comienzo a escuchar las trompetas de los ángeles del señor (no, no, no literalmente, que a alguno le dará un ataque), es el momento en que arden Sodoma y Gomorra y si vuelvo la cabeza acabaré convertida en una estatua de sal. Porque ahora la única opción posible está delante, porque nada del pasado me va a ayudar a pasar por esta situación. Quizás es tarde para darse cuenta de que cada experiencia en la vida es única, aunque a veces situaciones pasadas te ayuden a dilucidar cuál sería el camino a seguir.

Ahora mismo sólo puedo seguir caminando, ver por qué caminos van mis pies, tirar los dados en cada cruce de carreteras y tomar las decisiones que me parezcan más adecuadas preguntando no sólo a mi razón, sino también a mi corazón. Ambos tienen mucho que decir en cada paso, en cada encrucijada, en cada momento.

Me siento un poco atrapada a veces. Me siento como si esperase una vida que nunca llego a alcanzar, sin darme cuenta de que la vida que espero es esta que estoy viviendo. No puedo perder más tiempo en sentarme a aguardar a que se acabe la oposición, a que termine la formación, a que se agoten las prácticas, a establecerme en algún lugar, a que el mundo se pare para poder bajarme... Siempre será así... Siempre estará en movimiento... Es como un barco... Puedo seguir mareándome, esperando a que se pase, deseando que todo termine para poder comenzar a caminar sin dar bandazos... O puedo acostumbrarme, reprimir las nauseas, seguir con mi vida y aprovechar el zigzag para encontrar ese centro de equilibrio que tanta falta me hace y que claman los tatuajes de mis antebrazos.

Vivir... Sólo vivir... Recordar que eso es lo único que debe moverme. Cuando esté preparada, las cosas llegarán, siempre lo han hecho... Una carrera, un viaje, un trabajo, una pareja, una familia... En su momento, sin plazos, sin tonterías... Las cosas llegarán... Quizás no sean como a mí me habría gustado, quizás no sea con quién yo hubiese querido... Quizás todavía tengo mucho que perder y mucho que encontrar (para empezar a mí misma... Perderse para encontrarse, ¿no?). No lo sé... Caminar, sólo eso... Un paso tras otro...

Sin que sirva de precedente, lo diré... Te echo de menos esta noche...

Estatua de sal

Posted by : Any R 4 Comments

Algo va realmente mal conmigo... Tengo todo lo que podría desear (o casi todo), vivo una vida que muchos envidiarían, soy consciente de ello, de todo lo que tengo, de todo lo que he llegado a conseguir con mi propio esfuerzo y con la ayuda de los míos. Pero sigue habiendo un puñetero agujero negro en mi estómago, que golpea como una maza a intervalos regulares y me hace latir el corazón a contramano cuando menos me lo espero (o quizás ahora ya incluso cuando lo estoy esperando).

Ya no sé lo que siento, ya no sé lo que quiero, ya no sé lo que puedo llegar a conseguir. "Todo", que me diría alguna buena amiga, "tú puedes conseguirlo todo". Ah, pero se engaña, o me engaña a mí, ya no lo sé... Porque no por ser yo, no por ser como soy, puedo llegar a conseguir lo que deseo. De hecho habitualmente lo que más deseo se me escurre entre los dedos como la finísima arena de una de las playas de Boca de Uchire, con la que alguna vez llegué a jugar a dibujar diseños a lo Gaudí.

El futuro, el pasado y el presente se mezclan en una amalgama de fracasos que acaban con mi moral por los suelos, porque los triunfos se borran una vez los tienes en la mano y lo que cuenta es lo que no has llegado a conseguir, es la cantidad de veces en que has encontrado eso que siempre habías buscado, y la forma en la que inevitablemente se te escapa: rápido, poco a poco, de forma efímera, dejando vencer la fecha de caducidad... Y te preguntas qué coño estás haciendo, qué podrías hacer al respecto. Y descubres que la única posibilidad, lo único que se te pasa por la cabeza es... NADA. Y ese agujero negro en tu pecho, ese corazón que hace poco había sido una estrella brillante y resplandeciente y que ha evolucionado a una supernova para convertirse en la antimateria que lo arrastra todo hacia él, comienza a destruirte de forma dramática, como lo haces todo en esta vida. Pero callas... Callas porque ni siquiera puedes darle forma a esos pensamientos. Callas porque no puedes explicar lo vacía que te sientes. Callas porque nadie te entendería aunque fingiesen hacerlo. Y cada silencio hace crecer ese sol oscuro que envuelve todo con su ausencia de luz, de calor, de sentido.

Y así me quedo yo, sin saber, sin entender, sin querer, sin poder... Vacía, cada día que pasa un poco más. Sin poder evitarlo, sin aguantar, sin ser capaz de pelear de nuevo contra esta sensación que me arranca las entrañas cada vez que creo haber encontrado lo que siempre he deseado y lo vuelvo a perder cada vez de una forma más original...

Resignándome... Resignándome a perder todo lo que siempre había soñado...


Algo va mal...

Posted by : Any R 2 Comments
Sé perfectamente que es lo que más daño me hace, pero no puedo con ello. A veces no sé si incluso quiero luchar en su contra... Tiendo a ilusionarme, a hacer planes, a creerme que todo es posible si realmente amas... Pero al final las cosas siempre terminan en el mismo lugar: a dos metros bajo tierra. Cada vez es distinta, pero no por ello menos demoledora. Quizás le pido a la vida mucho más de lo que está dispuesta a darme... ¿Podría dejar de hacerlo? No, probablemente no. Así que las quejas no sirven de nada, nunca han servido y nunca lo harán. Pero supongo que soy una cansina, que en el fondo me complace ese dolor sordo en el pecho que me incita a enamorarme. Y quizás sea muy pretencioso por mi parte, pero por ahora no he conocido a nadie que quiera como yo, con esa intensidad destructora que arrasa con todo cuanto toca. Llevo el pecho en llamas más amenudo de lo que me gustaría... Supongo que esa es una de las cosas que nunca podré cambiar, con la que tendré que aprender a vivir.

Sólo le pido a la vida alguien con quien compartirla. Pero poco a poco, a base de bofetadas, me enseña que pedir es algo indigno y que mientras lo siga haciendo no lo tendré jamás. Lo malo es que me resulta imposible desear nada más. Ahora sólo puedo saltar de cambio en cambio y dejarme llevar por la vida a dónde quiera dirigirme. A fin de cuentas eso siempre se me ha dado bien. Pues a dejarse llevar...

Nunca aprenderé...

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Puedes averiguar muchas cosas por las huellas que van quedando atrás. En el asfalto, la marca de una frenada te informa de si quien la dejó fue o no capaz de evitar un accidente. Pero a veces, las huellas no son suficiente y sólo crean más incertidumbre.

Trato de leer las pisadas que van quedando en mi camino para intuir qué me deparará el futuro. Pero eso todavía es más difícil, casi imposible. La vida varía tanto en cuestión de segundos que es ridículo pretender averiguar qué camino tomarán tus pies. Aún así, no puedo dejar de intentarlo. Y volviendo la vista atrás descubro que estoy recorriendo un camino que no había planeado, pero que sí había deseado durante gran parte de mi vida. Mi máxima, lo que me ayudaba siempre a tirar para delante era la idea de estar metiendo vivencias en la mochila, de hacerme con un vagaje. Y ahora, que sentía cada "error", que me dolía cada paso que se alejaba de mis "planes", es cuando más necesito volver a esa idea. No voy a hacer historia, no voy a salvar al mundo, no voy a ser feliz como se define en los cuentos de hadas... Pero viviré la vida de modo que cuando llegue el final, pueda decir que realmente he vivido. Sólo quiero historias que contar...

Dejando huella

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No sé qué día hace hasta que no llego a las escaleras. Es media hora de incertidumbre en la que habitualmente no reparo. Hay otras incertidumbres que me mantienen ocupada. Como por ejemplo qué será de mí cuando esto termine, dentro de doce días...

Últimamente es habitual que haga buen tiempo. Lo que se traduce en un calor infernal y un aire irrespirable que sólo se suaviza dentro de los edificios. La última vez que me paseé por ahí, acabé empapada en sudor. Apenas hay brisas, siquiera. Los mástiles de las banderas no se mueven produciendo el relajante tintineo de miles de campanillas que tanto me ha relajado durante los últimos nueve meses.

Porque hoy justo se cumplen los nueve meses, salimos de cuentas por fin, cuando más contamos hacia atrás... Doce días. Doce días más y todo será distinto...

Doce

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En alguna parte del camino he perdido algo que a veces me tira del alma, como si no se hubiese desconectado del todo. Es como un sedal, fino e inapreciable a la vista, pero que todavía puede hacerte tropezar, incluso puede convertirse en una trampa. Sin embargo, no podría decir qué es, qué parte de mí se ha esfumado sin dejar rastro. Por las noches, cuando el monstruo de la vaguedad de los días me impide dormir, manteniendo mi mente despierta y activa, doy vueltas a todo lo que he vivido en los últimos nueve meses para encontrar todas las respuestas que me faltan, que no son pocas. De nuevo escribo, pero he dejado de dibujar, de pintar. A pesar de que algunos me han pedido que me esfuerce para llevarse un recuerdo de mí... Pero los pinceles se me antojan extraños al tacto y sería difícil encontrar la mezcla de colores adecuada. Así que las acuarelas que en su día me regaló el amor descansan al fondo del cajón esperando una pizca de agua que ayude a llenar de nuevo mi mundo de color.

Escribo, sólo escribo. Sólo dejo que los ojos y los dedos resbalen, bailen, sobre el teclado táctil del artefacto comunicador tan nulo que tengo. Y cuando las pausas te llevan a explicar el porqué de tus acciones, sabes que ha llegado el momento de parar.

Es como si no estuviese aquí, como si no existiera, como si a cada paso fuese perdiendo un pedacito más de mí. Que a veces está dentro, pero otras está fuera...
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Cada día duermo un poco menos, un poco peor... Cada mañana me levanto más cansada que la noche anterior. Esto está acabando conmigo, me está destrozando en millones de pedacitos chiquitines que me van a dejar sin cuerpo y, en el peor de los casos, sin alma. Necesito salir de aquí ya. Necesito volver a mi cama, a mis paisajes de veinticinco tonos distintos de verde, a los paseos a solas por la zona vieja de la ciudad... Necesito un descanso, un respiro para volver a empezar a luchar. Pero no hay descanso, el recorrido que llevo en mi vida me ha enseñado que los refugios no funcionan más que durante un breve lapso de tiempo. Luego se anegan, se derrumban, se agrietan... Se vuelven más inseguros que el salvaje exterior. ¿Y entonces qué? Entonces quedan dos opciones: o reparas cada fisura una y otra vez mientras tus fuerzas aguanten o te vas y dejas que otra caiga en el error de refugiarse durante la tormenta y encuentre todo como tú lo has dejado: hecho una mierda.

Pero no hay esa opción cuando quien decide es el corazón. Porque aunque el apego sea un error, es el que siempre cometo. Y seguiré cometiendo... Hasta romperme de nuevo y no por última vez.

A pedacitos...

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Después de casi veintiséis años conviviendo con ella, casi podría decir que no la conozco en absoluto. Eso es lo maravilloso de la gente, que por mucho tiempo que pases con ella, jamás deja de sorprenderte, tanto a positivo como a negativo... La gente... He llegado a concretar que hay una diferencia etimológica entre las palabras "gente" y "persona", no todas las personas son gente... En un sentido peyorativo, la gente es esa masa con encefalograma cuasi-plano (por hacerles un cumplido) que no atienden a razones, que no entienden, que no quieren comprender... A fin de cuentas y por mucho que luche contra ello, va a ser que yo también soy un poco gente.

Porque no dejo de pelearme contra mí misma. No dejo de querer purgar mi organismo de todos esos sentimientos negativos que sé que no debería tener. Y los tengo, vaya si los tengo. A mares, a océanos, a sistemas solares enteros... A veces es inevitable dejar de luchar, dejar de aguantar, rendirse y caer en un hoyo tan profundo que crees que nunca encontrarás la salida. Pero la encuentras. Siempre la encuentras. Porque sólo hay una cosa que no tiene solución (hasta con Hacienda se puede...). Es ese momento en que desfallezco cuando empiezo a ser gente, cuando me contamino con el virus de la humanidad que rechazo habitualmente, cuando dejo de ser un individuo con personalidad propia y me escondo detrás de las faldas de la estupidez. Pero me niego a más... Suelo salir del hoyo gracias a alguna película, alguna serie... Gracias a lo que Aristóteles llamaba catarsis. Purgo mi angustia con sentimientos más altos y puros, con dramas, comedias y tragedias que no son de estilo griego, pero no distan tanto de las antiguas historias de los grandes escritores. Y cuando las lágrimas arrancan la pena por un amor perdido, la admiración por aquel que da su vida por los demás, el ansia por ser mejor, por no rendirse, entonces es cuando me levanto llena de orgullo, de fuerza y de ganas, retomando mi vida poco a poco y negándome a ceder a la melancolía que viene impresa a fuego en mi alma.

Me levanto una y otra vez. Tengo miedo de volver a caerme y los primeros pasos los doy con inquietud, con cuidado... Dudo, desconfío, lanzo miradas plagadas de recelo... Invento películas que me dan lo peor de mí y de los demás... Pero las dejo en la vitrina, con el resto de los malos pensamientos, mientras sigo en marcha hacia la salida de ese enorme y profundo hoyo en el que he caído y en el que volveré a caer para que toda la vitrina, con el golpe, suelte todos los malos sentimientos y todas esas películas horribles sobre mí. Aún así, cuando llegue ese momento, lo afrontaré y volveré a superarlo. Porque si algo he aprendido con el paso del tiempo es que nada puede con mi alma. El día que muera, lo haré porque mi cuerpo no podrá seguir el ritmo, no porque mi mente o mi corazón le obliguen a nada.

Así que a ti, zorra, a ti te digo que ya es hora de que te vayas. A esa parte de mí que puedo llamar "gente" le digo que se meta sus estupideces y sus dudas por el culo y me deje seguir adelante. Esfúmate. Vete de aquí... Déjame vivir tranquila...


Ahuyentando - ME

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Con todas las letras y en mayúscula. Estoy HARTA, hasta los cojones, cansada como una puta a las seis de la mañana... Estoy hasta los ovarios de mí misma, de mis pensamientos, de mis sentimientos, de mis gilipolleces varias y mis enganches subnormales. Estoy hasta el gorro de buscar cosas que no existen, de no conformarme con menos, de prometer y no cumplir, de confiar y decepcionarme. Estoy desganada, estoy enfadada, estoy triste, apagada, colérica, encantada, soy una puñetera montaña rusa con una bomba en el vagón que en cualquier momento podría estallar, enviándome a un viajecito por los aires que me aplastaría contra otro muro más. Porque eso es lo que significa para mí la vida: una serie de muros contra los que emplear mi cabeza de roca (que a cabezona no me gana nadie, señoras y señores, aunque lo intenten con todas sus fuerzas).

Estoy cansada, sí. Cansada de joderla, de joderme, de hacer daño a los demás. Estoy harta de mi complejo de víctima conmigo misma y de verdugo con el resto del mundo. Realmente, quizás si me diesen a elegir, firmaría el contrato por poder eliminar ese sentimiento tan hijo de puta de mi cabeza, de mi alma, de mi corazón. Quedarme con el odio, la esperanza, la envidia, la pasión, el orgullo, la alegría... Pero coger el amor con pinzas y arrancarlo de mi pecho. Porque no dejo de equivocarme, porque siempre me dejo llevar y las cosas nunca van por donde deberían... Porque me acostumbro y me dan el cambiazo, porque soy incapaz de mantenerlo a flote... Porque mi madre tenía razón y no soy gafe, soy ceniza... Y siempre que encuentro algo bueno tengo que cargármelo. Y porque cuando me cambian un color en la paleta, ya no puedo seguir pintando el cuadro que tenía en mente. Y entonces todo se desmorona... Porque mierda, pero esta vez me lo estaba creyendo, ¿eh? Ha durado más bien poco esa fe ciega... Si es que ya lo dice ella... Debería hacerle más caso...





¿Por qué tengo que buscar/esperar en vano algo que no existe con tantas ganas? ¿Por qué no puedo simplemente olvidar y seguir adelante? ¿Por qué no puedo convertir a quien se cruza en mi camino en un simple punto en la línea de mi vida? ¿Por qué tienen que importarme tanto? ¿Por qué hay gente a la que no puedo plantearme perder? ¿Por qué sigo escribiendo aquí si sé que me traerá problemas? Preguntas, preguntas, preguntas. Y nunca, nunca, nunca llegan las respuestas... Si al final, definitivamente, ni siquiera yo me conozco/entiendo...

HARTA

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En ocasiones mi vida me recuerda a una partida de pinball donde yo soy la bola. Los faders me golpean continuamente y yo misma, por impulso y sin mirar, me estrello contra paredes, muros, barrancos, interminables loopings, toboganes y luces que me envían de nuevo a rebotar una y otra vez, quizás hasta que por fin caiga al hoyo. A veces, tocar fondo puede indicarte cual podría ser el camino a seguir. O al menos limita una de las direcciones: más abajo imposible.

Creo que me va a estallar la cabeza... Puede que incluso tenga fiebre, tengo frío a pesar de que llevo puesto mi jersey favorito y mi frente alcanza temperaturas preocupantes (me consuela que por ahora mis mejillas no la acompañan).

Hay una chica llorando en el pasillo. Hoy han dado las notas... A mí no me preocupa. He conseguido lo que pretendía aunque me importe menos de lo que quizás debería.

Este fin de semana no vuelvo a casa... No sé si la vida se confabula contra mí para darme lo que necesito en lugar de lo que desearía. Así que ayudaré a quien pueda, perderé un poco el tiempo. Quizás haga unos largos, quizás escriba. Saldré a correr, buscaré algo para Judith (mi personaje)... Puedo hacer tantas, tantas cosas que no sé si tendré tiempo de acordarme de lo que realmente desearía... Tarde... Ese virus ya está inevitablemente en mi cabeza...

Justo esa cabecita a punto de reventar. Así que será mejor que descanse los ojos y deje que mis pensamientos me rayen hasta quedar exhausta. Y a dormir lo posible (poco, últimamente/el último año...).

Curioso...

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"La vida es un juego y para divertirse hay que jugar". Más tarde, acuné la teoría de que había que vivir la vida como si se tratase de un juego de ordenador en el que pudieses guardar la partida, sin miedo a lo que pueda pasar porque siempre te queda la opción de volver atrás. Ahora, de pronto y contra todas mis teorías pasadas, tengo miedo. Tengo un pánico atroz que me seca la boca y me obliga a respirar con más fuerza. ¿A qué? No tengo ni la más remota idea. El sentimiento me asaltó como una puñalada esta misma tarde, en medio ninguna parte, perdida en la nada... De pronto me asaltaron las ganas de irme a casa, dándome igual las consecuencias que implicarían. Las lágrimas ganaron la partida y rodaron por mis mejillas... Y me costaba tanto respirar y tragar que hasta empecé a asustarme.

Sigo queriendo volver a casa. ¿Dónde se supone que es eso? La verdad es que no lo sé. Probablemente la semana pasada no habría dudado al responder. Ahora sólo podía pensar en abrazarme fuerte a mi madre y no soltarla. Sí, yo... Yo queriendo volver a casa de mamá con el rabo entre las piernas...

Sigo con ganas de llorar aunque por ahora les gano la partida (a ver si la oscuridad no les ayuda). No me siento bien, no me siento nada bien... Y no sé por qué. Puede ser por tantas cosas, o por ninguna de ellas... De pronto, es como si me hubiese dado de bruces con la realidad y me hubiese gritado al oído: "¿ pero qué cojones haces con tu vida?". Lo peor es que no puedo responder más que "ni puta idea"...

Oh, venga, genial... De crisis existencial... A veces (por suerte sólo a veces) me odio tanto que no soporto respirar un gramo de oxígeno más...

Incontrolable

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Hoy el cielo está plagado de halcones. Vuelan con tanta magestuosidad que es imposible apartar la vista de ellos hasta que la carretera te obliga a perderlos. Y entonces tus ojos caen sobre una marea roja de amapolas que se extiende hacia el horizonte infinito, es tan distinta de las lagunas amarillas de girasoles de hace casi un año que parece que ha pasado una vida entera... Y sin embargo los días no han medido más de 24 horas. La vida no ha crecido más de lo estrictamente necesario. Pronto cumpliré los 26 y simplemente habrá pasado un año más de mi vida. Pero todo ha cambiado. Yo misma, soy diferente, quizás más yo que nunca, quizás nunca dejo de ser yo aunque me sienta un poco extraña conmigo misma... Me reinvento a cada instante, evoluciono, me prendo fuego hasta quedar convertida en cenizas para renacer entre ellas como el fénix que me tatuaré en cuanto dé con el diseño correcto.

Hace tiempo que buscaba una meta en mi vida que me llevase más allá de mí misma, que me hiciese crecer y mejorar. Tanto tiempo haciendo el idiota tras ideas y valores que puedo moldear día a día, poco a poco... Sólo tengo que intentar vivir la vida como venga, sin esperar, sin posponer... Sólo buscar esos pequeños instantes que hacen que la vida merezca la pena. Estoy en ello. Por fin estoy en ello.

Halcones en el cielo

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Recuerdo las clases de economía del bachillerato. Nos enseñaron vagamente a realizar balances de cuentas para empresas. Entre lo poco que me contaron, la información que mi mente no retuvo y lo que se ha perdido a lo largo de los últimos años, creo que sólo me queda una ligera idea. Creo que había dos grandes grupos, el "DEBE" y el "HABER". El primero era lo que la empresa todavía no había pagado, las deudas, lo que había ido perdiendo por el camino. La segunda columna era aquello de lo que sí disponía la empresa: el capital tanto monetario como inmobiliario, los cobros, lo que le pertenecía o había ganado durante el ejercicio de ese año. ¿Y si ahora me diese a mí la neura de hacer balance de mi último año?

Lo cierto, es que más que un año, más que ocho meses, me parece haber vivido toda una vida. O quizás exagero, quizás sólo he multiplicado el tiempo por tres... Esto se me ha hecho eterno... Apenas recuerdo aquel día en el que subía la cuesta con la maleta a rastras sin saber muy bien qué me encontraría aquí... Ocho meses después, a cuatro días de terminar la parte más dura, a algo más de un mes de poder escaparme, me doy cuenta de todo lo que he ido ganando y perdiendo por el camino. Entré aquí enamorada como una tonta y perdí el corazón (o quizá sólo la paciencia y las ganas de luchar contra un imposible) por el camino. Pocas veces en mi vida me he sentido tan sola estando tan rodeada de gente... He perdido más de mí misma de lo que se me ha escapado en el exterior, porque hasta parece que he ganado motivos para hacer las cosas como nunca pensé que las haría. Y al final, después de todo y mientras las fuerzas se me agotan poco a poco, lo único que quiero es volver a casa... Porque no voy a sentirme sola nunca más, de eso estoy segura. Porque por una vez, el "HABER" le gana al "DEBE" y la empresa va dejando de dar pérdidas, por melancólica y abatida que pueda encontrarme últimamente. A fin de cuentas, y como dice Shakira, después de la tormenta, cuando menos piensas, sale el Sol.

Balance

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El sol está lejos. Aproximadamente a 552 km de aquí. Unas cuatro horas si decides ignorar 110 razones para no volar... Sin embargo, la oscuridad está cerca. No hay más que cerrar los ojos y la tengo a las puertas. Llama con un bramido aterrador, de esos que convierten en polvo la sangre dentro de mis venas. Intenta invadirme, intenta saquear lo poco que queda de mi cordura. Porque este último año no ha sido demasiado amable con mi salud mental. Ha descosido sin piedad cada remiendo que le había hecho hasta ahora. Y se está resquebrajando por momentos como un cristal traslúcido con un agujero de bala en el centro, de un 9 mm parabelum...

A veces creo que el sol no brilla lo suficiente (aunque lo intenta con todas sus fuerzas), o quizás es que las costuras ya se habían deshilachado antes de que pudiese hacer amago de eliminar la tensión que tira de cada esquina de mi cuerpecillo de trapo.

No quiero rendirme. No a 400 m de la meta, aunque ni apretando los dientes y permitiendo ganar a mis ganas seré capaz de forzar ese sprin final que tanta falta me hace. Porque la tela está rajada, uno de los hilos se ha enganchado y cuanto más avanzo más me rompo en pedacitos. Y el calor del sol no puede abrasarme las ganas todavía.

Cuatro días para la gran carrera que durará horas diurnas y nocturnas sin descanso. Cuatro días para comenzar el final. Cuatro días para demostrar de qué tipo de tejido estoy hecha. Doce días para morir entre las cálidas llamas del sol y salir batiendo las alas como un fénix...

Eclipse

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Creo que ahora mismo poco hay en mi cuerpo que no duela... En los últimos dos meses he tenido que superar una contractura en las lumbares que se resistía a marcharse, una sobrecarga en uno de los gemelos, otra contractura en los hombros, jaleos, broncas, discusiones, insultos, frustraciones...

Sigo intentando hacerlo todo lo mejor posible, quizás ya no tanto sin rumbo fijo, sino con las ideas bien puestas. Pero estoy quemada. Tengo el cuerpo torturado y la mente hecha trizas del esfuerzo que he hecho para llegar hasta aquí. Estoy rota como una muñeca de porcelana que se ha caído al suelo y se ha abierto una fisura que casi nadie puede ver... Por suerte sí hay quien se da cuenta y me ofrece la mano (o más) para tirar de mí y ayudarme a seguir adelante.

Ayer no dejé de proferir quejidos en toda la noche. Estaba tan muerta de cansancio y me dolía tanto todo que no pude evitarlo, de hecho ni siquiera fui consciente de ello. A la mañana siguiente me lo explicó mi compañera, porque a ella también le había pasado lo mismo. A veces creo que quieren acabar con nosotros, pero ¡y una mierda voy a dejar que lo consigan!

En ocasiones me he sentido al borde de un precipicio, deseando caer y sin lograr reunir el valor suficiente para saltar. Ahora ya no quiero caer. Aguantaré lo que pueda y clamaré a los dioses de todas las mitologías que conozco para que me den las fuerzas suficientes para sobrevivir a los últimos dos meses. Espero que alguno de todos ellos escuche mis plegarias...

Dolor

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Parece que con los años, la niña sin miedos se ha ido perdiendo por el camino... Cuanto más tiempo pasa, más cobarde me vuelvo, más miedos asumo, más tengo que luchar contra mí misma... ¿Y a qué le tengo miedo? ¿Al dolor? ¿A la soledad? ¿A que vuelvan a partirme el corazón? O quizás, sólo tal vez, a ser yo quien haga daño... Porque a veces miro hacia atrás y sólo veo destrucción por el camino que me ha traído a dónde estoy. No soy ninguna santa, he roto corazones mientras el mío se iba recomponiendo... He destrozado confianzas, fuerzas, ganas... He disparado al centro del alma de la gente y nunca han llegado a recomponerse. Y aunque jamás he querido hacer daño a nadie, quizás sea un poco inevitable todo el dolor, toda la rabia y la desconfianza que alguna gente nunca dejará de sentir hacia mí.

El fin del camino es continuar caminando hasta llegar al destino. Sólo que a veces el destino es caprichoso y cambia a mitad de trayecto. A veces no puedes evitar los cambios, por mucho que creas que no estás lista para afrontarlos...

Reaprendiendo...

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Te convences de que te has equivocado durante toda tu vida. Para no decepcionarte, olvidas cada final de cuento de hadas, cada película que te ha hecho llorar de emoción, cada sueño en el que una princesa azul te recogía y te subía a su brioso corcel... Olvidas la ilusión, intentas matar a la esperanza. Destruyes todo. Absolutamente todo.

Y entonces ella aparece. Vestida de azul, quizás no tal como la veías en tus sueños, algo distinta... Pero lo principal sigue ahí: es atenta, cariñosa, dulce, divertida, tierna, entregada, detallista... Quizás un reflejo de las noches en vela deseando lo que había llegado a creer imposible. Quizás un remiendo para mi corazón habitualmente roto. Sea lo que sea, sólo puedo pensar en vivirlo. Pese al dolor físico, pese al "tener que..." que me imponen, pese a las ganas de marcharme de aquí de una vez... Saber que ella está esperándome, dispuesta a hacerme sonreír, dispuesta a entregarme tanto como nunca nadie lo ha estado... Es suficiente para mantener mi sonrisa a flote pase lo que pase.

¿Qué ha ocurrido?

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¿Cuál es el valor de un "te quiero"? ¿Existe un tiempo mínimo de espera para decírselo a alguien? ¿Qué debe sentirse cuando alguien te lo regala sin que lo esperes? ¿Cómo expresarlo si te has acostumbrado a callar y a tragarte según qué pensamientos?

De pronto un día, cuando menos te lo esperas, estás terminando de comer, de sobremesa/discusión con un compañero, cuando suena el móvil. Sonríes. Es justo quien te gustaría que fuese. Y entonces:

- "No sé cómo decirte esto... Vas a pensar que estoy loca..."
- Me estás asustando...
- "Te quiero.."

Y de pronto las palabras y los sentimientos se te atragantan a la altura de la nuez. Tienes una pequeña arritmia, una taquipnea que te descubres tratando de ocultar. Pero el silencio no es buen mentiroso... ¿Qué sientes? Sientes que no puedes decir algo así. Es pronto, todavía no... Y te descubres recordando cada "te quiero" precipitado que ha escapado de tus labios... ¿Qué ha cambiado desde el último? No lo sabes... Quizás algo se haya roto... Quizás el miedo haya dejado sus semillas y estén creciendo para dar sus frutos... No lo sé... No lo sé...
Posted by : Any R 3 Comments


Sonaba esta canción cuando salimos del local cogidas de la mano. Desde el primer beso, no pude pensar en nada más. ¿Por qué me pasa esto con ella? No sabría explicar la sensación, no sabría excusarme, sólo sé que realmente con esos brazos rodeándome me siento tan guarecida que me dan ganas de no abandonarlos nunca más. Por desgracia tengo que hacerlo. Si mi vida no era lo bastante complicada, vamos a añadirle un nuevo exponente que rice el rizo y me haga dudar hasta de mi propio nombre cuando sus manos se deslizan sobre mi piel.

¿Por qué me ocurre esto con ella? ¿Qué tiene que me vuelve loca? No consigo entenderlo, pero da igual, está ahí. Ignorarlo sería estúpido. Me quedan tres meses para decidir qué hacer con mi vida. ¿Y si me dejo convencer? ¿Y si ignoro lo que creo que empiezo a sentir? Decisiones. Miles de decisiones pendientes danzando a mi alrededor, esperando hasta el último momento para lanzar la mano al vuelo y coger el primer asidero que encuentre. Pero ante todo, hoy, me olvidaré de la incertidumbre y volveré a refugiarme en el calor de sus brazos.
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Sólo me queda la opción de resurgir de mis cenizas. No rendirme, no caer, no levantarme, no intentar... Arder. Arder hasta que no queden de mí más que unos huesos carbonizados. Una vez te encuentras así, una vez se ha quemado el corazón, el alma, la sangre, la piel... Entonces tienes dos opciones. Puedes quedarte así, en el suelo, destrozada por la falta de todo lo que ha ardido. Y se acabó. Te quedas sin nada, con un alma rota que puede tardar siglos en cicatrizar permitiéndote el movimiento. La otra opción es convertirse en un ave fénix, permitir que también los huesos ardan y que la nube de cenizas revolotee, dé giros imposibles, se enrosque sobre sí misma y de los roces, choques, caricias entre partículas, nacerás de nuevo, con más fuerza, con ganas, con motivaciones que antes no encontrabas. Naces de nuevo, quizás no por última vez... Sin embargo, es un proceso peligroso. Pierdes mucho por el camino, puedes incluso perderte a ti misma, todo lo que te hace ser tú.

¿Puedo correr ese riesgo? ¿Me queda otro remedio?

Sin que sirva de precedente y hasta que el fénix vuelva a batir sus alas, esto dejará de ser un diario y si escribo, no será más que ficción. Que lo tenga en cuenta la poca gente que sabe quien soy.

Ave fénix

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Estoy tan cansada, tan, pero tan cansada que no me importaría no despertar mañana. Y sin embargo el dolor no me deja dormirme... Paciencia, luz apagada e ignorar los frenéticos latidos de mi corazón. Quizás haya demasiada bilirrubina en mi cuerpo, no me extrañaría. Tras una borrachera llega la resaca, aunque intentes ocultarla a base de cine y palomitas, de compañía, de libro... Quisiera no despertar mañana. No descubrir que las motivaciones se me esfuman y no soy suficiente ni siquiera para mí, para animarme a seguir. No quiero ser la mejor, no quiero una buena posición, no quiero poder elegir... ¿Será que lo que quiero es más jodido de conseguir? ¿Será que deseo imposibles? Dios, me va a estallar la cabeza y me siento como una niña sin rumbo y sin guía. Me he perdido...
Posted by : Any R 2 Comments
Quizás tenga suerte y caiga redonda al suelo con un buen motivo por el que quejarme, por algo cuyo origen pueda identificar y paliar. Esta noche me he paseado por entre bastidores en una feria medieval durante toda la noche. Por momentos ha sido agradable, pero en esos momentos es cuando me despierto y me jodo. En los malos no hay forma de despertar. Algo está ocurriendo dentro de mí. Estos sueños son un mal presagio, un síntoma de que algo no va bien. ¿Qué? Puede que sea la muerte agónica de mi paciencia dando sus últimos suspiros. Puede que sea mi aguante montando una rutina machacante pero que me mantenga a salvo y caminando hacia adelante. Puede que sea el no saber, el cansancio, el corazón roto, la esperanza sin saber si quedarse entera o hacerse añicos... Quizás sea que ahora mismo no hay en perspectiva cercana nada que la vida pueda ofrecerme para que desee continuar, seguir adelante con ganas, con todas mis fuerzas. Puede que vuelva a no saber qué será de mi vida. O tal vez tenga algo que ver el accidente de ayer que me obligó a pegarme a la pantalla y a revisar fotografías de hace seis o siete años. Inevitable comparar mi sonrisa. Entonces, quizás sólo por momentos, sabía ser feliz.

Quizás...

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7:15 Primer despertador, nadie se levanta.
7:16 Segundo despertador, nadie se levanta.
7:20 Tercer despertador, creo que hay alguien levantada, pero no es a la que le acaba de sonar el despertador.
7:21 Cuarto despertador, se levanta otra.
7:27 Quinto despertador, como quien oye la lluvia.
7:28 Sexto despertador, sigue sin levantarse.
7:30 Por primera vez suena mi despertador. Lo apago, enciendo la luz y me levanto. No soy la última...

Cada pequeño detalle jode. Pero no digo nada. Espíritu de sacrificio que le llamaban ayer. Normalmente no me molestaría demasiado, pero estos días dormir se está convirtiendo en un auténtico logro. Y los sueños siguen dejándome agotada. A veces daría cualquier cosa por quedarme un rato más en la cama, pero actualmente mi vida no me pertenece. No será mía hasta dentro de cuatro largos meses y una semana... Y aún así, aún entonces, no tengo muy claro que vaya a pertenecerme. Hago planes, remuevo sueños y llego a la conclusión de que quizás deba repetir la jugada del 2006 y largarme a "Venezuela" para encararme con mis fracasos y descubrir de una puñetera vez que es indiferente qué y con qué intensidad entregue, si nunca ha estado en mis manos. Tocar fondo para poder subir... A veces funciona.

Rendida (o de como cada detalle cuenta en negativo...)

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Sólo está amaneciendo el miércoles y yo ya me siento como si me hubiese pasado por encima el camión de los viernes (dos veces). Las noches se están volviendo un poco difíciles, encierran sueños que me obligan a levantarme infinitamente más cansada de lo que me acuesto. Quizás es por las vueltas de tuerca que le doy a mi vida cada noche, la manía de cuestionarme cada mínima decisión que tomo, si es que estoy tomando alguna y no me dejo llevar simplemente por lo que la vida desea y espera de mí.

Lo único que tengo claro es que cada día cuesta más levantarse y que necesito un descanso que no llegará como mínimo hasta semana santa. Pero, como siempre, sobreviviré. Porque es lo que siempre hago (maldita costumbre...)

Bajo mínimos

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Eres un fracaso, una causa perdida, una estrella fugaz que ya ha caído. Eres un momento pasado, una bombilla fundida, una mariposa volando bajo antes de caer y morir. Eres un corazón roto, que pierde sangre a borbotones y agoniza entre estertores. Eres una placa de hielo derritiéndose cuando ya no caen más nevadas y comienza a salir el sol. Eres un borrón en una carta de amor, allí donde ha caído una lágrima. Eres el sol tras una nube de tormenta. Eres un vicio abandonado, una canción triste, una noche lluviosa y mal iluminada. Eres un desastre inevitable, un mal inesquivable, un dolor fantasma que persiste cuando todo lo demás deja de existir. Eres un sentimiento muerto, un juguete roto que una niña ha desechado porque ya no vale para nada más. Eres un secreto a voces, una ventana abierta que deja salir el calor. Eres un radiador estropeado, frío como la noche en la que vives, triste como un cachorro abandonado en el arcén de una autopista. Eres todo lo que nadie quiere, un obstáculo en los caminos, una sombra que tapa al sol, un dibujo emborronado, una canción sin notas ni letra, un grito en un abismo donde nadie más puede escucharlo. Eres la dulzura de una bofetada cuando necesitas un contacto, la brutalidad de un abrazo cuando quieres estar sola, la ineptitud de una disculpa cuando no quedan excusas. Eres, nada más y nada menos, aquello que guardo dentro de mí, no eres más que mi alma dónde y cuándo no debe estar...


¿Quién eres tú?

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Levanté la vista y la encontré apoyada en la barandilla del balcón, con un cigarrillo a medio consumir. Rondaría los treinta o incluso los cuarenta años. Algo en ella atraía mi mirada de un modo inevitable. Quizás fuese el corto vestido negro, que parecía de gasa y encaje. Quizás las piernas bien torneadas, enfundadas en medias oscuras. Quizás la melena negra y rizada que acariciaba sus hombros cada vez que se llevaba el cigarro a los labios perfectamente delineados. O puede que esas arrugas de preocupación bordeando su boca y sus ojos. Sencillamente me quedé mirándola fijamente hasta que fue consciente de que la observaban y dirigió hacia mí sus grandes ojos oscuros. Mi primera reacción debería haber sido apartar mi atención de su precioso rostro, pero, sin saber por qué, me quedé embobada, con sus ojos clavados en los míos. No pude dejar de mirarla hasta que inevitablemente perdí de vista el edificio al continuar el camino.

Descubrí cuánto echo de menos decirle a alguien con la mirada que me interesa, que me gusta, que podría llegar a desearla... A veces echo de menos a ese ser tan seguro de sí mismo que no podía cruzar un local sin que alguna señorita se viese tentada de abrazarse a su cintura. Otras veces (más a menudo), echo de menos los finales de cuento de hadas en los que alguien me quiere. Acostumbrarse a dejar esos finales para las pelis de Disney no es nada fácil. Llevo demasiado roto el corazón para negar que nunca lo he intentado. Ojalá pudiese dejar de intentarlo. Ojalá se pudiese congelar un corazón como han hecho con el propio Walt Disney...

Miradas

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Pensé que era capaz de abarcar mucho más de lo que realmente puedo. Quizás tenía una confianza en mí desmedida que ha resultado ser falsa. Porque he demostrado con creces que soy una persona paciente, muy, pero que muy paciente. Sin embargo, parece que la paciencia se agota y, para alguien tan multidisciplinar como yo, es difícil abarcar cada uno de los campos que envuelven mi vida. Si centro esa desmedida paciencia en el día a día (que me hace muchísima falta) lo pierdo después para el resto de cuestiones. Y me frustra ver cómo ciertas cosas por las que he luchado más que en toda mi vida se escapan delante de mis narices, escurriéndose como si no me diese cuenta, como si no me importase... Y como no puedo hacer nada, me comporto como un animal herido que se encoge sobre sí mismo y se lame las heridas del cuerpo, del alma, del corazón... Y que muerde, que lanza zarpazos, que se esconde, que se queda inmóvil para pasar desapercibido...

Pero cuando las cosas dejan de depender de mí, cuando sé que no hay nada más que yo pueda hacer para cambiar las cosas, lo único que puedo hacer es nada... Aunque a veces no hacer nada es más difícil que darlo todo...

A veces, el fuego lento no funciona, o se acaba el gas, o hay prisa y no es viable por el factor tiempo... Quisiera ser capaz de seguir a fuego lento, al ritmo de siempre, si no se me estuviese muriendo la esperanza...

Despacito

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Ha vuelto a nevar. Todavía no está todo blanco, pero dale tiempo... Los copos van cayendo poco a poco, cubriendo tejados y caminos, hierba, arbustos y tierra.

Hacía tiempo que no actuaba, que no tenía que ponerme ante nadie a recitar, cambiar de registro, ser otra persona... Había olvidado lo adictivo que es, el subidón de adrenalina que resulta, la velocidad y la fuerza con las que llega a latir el corazón... Quiero más...

Este fin de semana toca alejarse un poco de aquí. La vida ha decidido por mí y pasaré unos días en Valencia, una ciudad que siempre me ha encantado. Veré a viejos amigos y disfrutaré de todo lo nuevo que mi anfitriona quiera mostrarme. Y me hace falta. Porque sólo pensar en cinco meses más aquí en calidad de alumna hace que mis nervios y mi estómago se den la vuelta. Pero ya está, ¿no? Ya ha pasado lo peor, o eso dicen...

Cada día es un regalo

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A veces, entre el sol, el calor de dentro de los edificios, el ajetreo y todo lo demás, se me olvida que estamos en invierno. A pesar de que todavía persisten algunas zonas nevadas (o ya más bien congeladas, porque intenté pegarle una patada a un montoncito y me retumbó hasta el meñique del pie), hace tiempo que no tengo la sensación del invierno. Supongo que desde que salí de Santiago. Allí siempre llueve, aquí es tan poco corriente que supongo que ya me he acostumbrado.

Fotografía de Xabier Martínez, mi fotógrafo favorito.


Cada vez me voy dando cuenta con mayor profundidad de que comienzo a contemplar esto como mi hogar. A pesar de los roces con las compañeras, del estrés, de la disciplina y de lo bien colocadito que tiene que estar todo si no quieres que se te caiga el pelo. Me he acostumbrado a mi cama; tras una borrachera el "chip Casa" me trae directa hasta aquí; ya no siento ningún reparo a la hora de decir "adelante" cuando llaman a la puerta a pesar de estar completamente desnuda; me acomodo a cada lugar y momento sin problemas... Quedan cinco meses aquí y por fin me siento en mi lugar, por fin me siento haciendo algo para lo que realmente valgo (ser la nota máxima de la clase pese al cate en educación física querrá decir algo, ¿no?). Estoy donde quiero estar. Aunque a veces me asusta recordar que me ocurrió lo mismo con la carrera. Mientras estudiaba, me sentía en mi sitio, pero al darme de bruces con el mundo laboral descubrí que no era para mí. Lo bueno de mi nueva orientación, es que hay miles de campos entre los que escoger. Si no me vale uno, pasaré al siguiente, y así sucesivamente hasta que me sienta cómoda conmigo misma y con el mundo que me rodea. Aquí, en Madrid, en Valencia... Barajo multitud de opciones aunque siempre bromee con coger la que nadie quiere... Puedo hacer lo que quiera en la vida. Eso me va quedando claro. Sé que a pesar de ser gafe, tengo una herradura en el culo y que dentro de mi mala suerte, siempre caigo de pie como los gatos (a fin de cuentas, miau xD). Así que por una vez intentaré no tenerle demasiado miedo a la incertidumbre del futuro. Haré lo que quiera, donde quiera y cuanto quiera. A fin de cuentas, supongo que nada me ata...



Estamos en invierno

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Es la primera vez en mi vida que suspendo educación física. Puede que haya sido culpa mía. Puede que el profesor haya sido un hijo de perra. Para el caso es lo mismo. Me quedo sin poder hacer el seminario que quería, cumplo todos los requisitos salvo habrerlas aprobado todas por culpa de la puñetera educación física que encima es evaluación continua y no "cuenta" para este cuatrimestre. ¡Menuda mierda!

En fin, cosas que pasan. Mañana al menos no tengo que ir a la piscina, aunque esta tarde me toca competir... Estoy cansada, estoy muy, muy cansada. ¡Que llegue el fin de semana ya!

Cabreada

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Todavía persisten pequeños montones de nieve a pesar de que ayer superamos los 15 grados. Y no lo entiendo... No entiendo por qué hay algunas cosas que se resisten a morir a pesar de saber que es algo inevitable, que ocurrirá más pronto que tarde... La nieve se parece mucho a mis sentimientos ahora mismo. Son demasiado fuertes, demasiado hijos de puta... Me recuerdan todo lo que he ido perdiendo a lo largo de los últimos años. Y lo hacen como quien mete el dedo en una herida bien profunda e infectada que duele como si te clavasen un cuchillo y lo volteasen. Y admito que me da rabia, muchísima rabia, no poder apreciar todo lo que he conseguido por culpa de lo que he ido perdiendo. ¿Por qué no podemos mirar sólo alrededor y tratar de olvidar lo que podría haber sido (que cada vez tengo más claro que NO podría haber sido desde el principio) a todavía un par de cientos de kilómetros?

Debería aprender a decirle a mi corazón que no...

Se resiste...

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Hoy me he ido al cine yo solita. No hacía eso desde... Mmmmm, digamos que sólo lo he hecho tres veces contando con esta, y una de ellas fue un accidente (me dijeron mal la película) y la otra me hizo querer pegar un gran salto poco recomendable (solucionado a base de volver a meterme con alguien que pasaba por allí al cine a ver otra película y contarle mi vida). Esta vez ha sido diferente. Esta vez quería ir sola. Quería demostrarme a mí misma que puedo hacerlo, que puedo estar sola y hacer lo mismo de siempre... Quería saber si podría pasar la película sin pensar demasiado en la tristeza que me produce no tener con quién compartirla. O quizás "me producía"... No sé... Me gustó la película, no pensé demasiado en el hecho de que no estaba acompañada (demasiados niños gritando como para pensarlo) y me quedé hasta el final de los créditos aunque empezasen a limpiar la sala para echar a la gente en cuanto estos empezaron... (odio que hagan esto).



Hoy también he escrito una carta de amor. Es una tontería, ya lo sé. Pero supongo que quería dejar salir algunas cosas y aproveché un concurso al que me invitaron por el Facebook para hacerlo. Por supuesto no espero ganarlo (sobre todo porque es en mi ciudad y estoy un poquito lejos y no me apetece tener que volver para recoger nada xD). La carta no es literalmente buena, ni siquiera es bonita. Sólo es un pequeño detalle de todo lo que siento últimamente. Si alguien me tiene en el facebook y quiere leerla y votarla ya sabe... Que curiosee en mi muro (y que lea los comentarios, que siempre me olvido de cosas que voy apostillando después... xD).

Además he conseguido un disco de un grupo muy poco conocido (una de mis compis me lo ha prestado) que me ha encantado. En especial esta canción. Todo un descubrimiento, la verdad.




Así que supongo que los bajones vienen y van, pero que sólo son eso, bajoncillos. De todas formas gracias, mi Ariadna particular por los ánimos que siempre me vas dando :)
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Llevo un par de días con el humor por debajo de la línea que me había autoimpuesto. Ya no funciona el subidón de azúcar para aupar la moral. Y aunque sé que se me pasará, me da rabia no poder controlarlo. Me da rabia sentir, sobre todo lo que no quiero. Me da coraje tener que admitir que aunque consiga todo lo que quiero, a veces no sé ni lo que deseo. Porque lo que sí sé, lo tengo en la mano. Pero pierdo esperanzas por el camino. Pierdo fuerzas, y ganas, y si me apuras hasta el corazón... Pero se pasará. Siempre se pasa. El tiempo, tópico recurrente, lo cura todo.

Buenos días y feliz fin de semana, mundo.

Bajoncillo

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Pues a mí sí me ha gustado. A parte de todas las escenas de sexo explícitas y gratuítas, de la metáfora excesiva de la flecha de cupido y de la estupidez de dar vueltas en la bañera, creo que he visto justo la película que necesitaba ver...

Hoy me he encontrado una ficha de ajedrez por la calle. Y resulta que no es una reina. Tengo que admitir que fue toda una señal... Una torre azul. Mi cabeza comenzó a girar, elucubrando teorías sobre mí y el amor basadas en el ajedrez y en esa ficha en concreto. Traté de enunciarle la definitiva a otra filósofa como yo...

"Esta soy yo" dije sosteniendo la torre en alto. "¿Dónde está situada la torre en el tablero? ¿Cuántas probabilidades hay de que ambas torres se crucen en el transcurso de una partida? ¿Cuántas de que me encuentre con alguien a quien pueda querer?"

Y ella me respondió:

"Pero es que tú no buscas alguien que sea igual que tú, no buscas una torre. Buscas alguien que te complemente: buscas un alfil".

Si ya no puedo creer en el amor, ¿qué me queda? Porque yo soy una Alba que dejaría todo para quedarme en Roma con Natacha. Porque en mi vida siempre he pensado que lo más importante es el amor, con quién compartirla. Porque aunque todo quiera demostrarme que es imposible, no puedo dejar de creer que existe un "para siempre". No quiero perder la fe en que algún día encontraré a alguien con quien quiera pasar el resto de mi vida (y esa persona también querrá quedarse conmigo).

Y se me cierran los ojos, así que me voy a descansar.


Room in Rome

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Se me acaba de caer una de las lentillas de 750 € por el desagüe... He descubierto que he cambiado demasiado... Ya no soy alguien a quien reconozca... Sé lo que no quiero. Pero lo que sí deseo cada día parece más imposible... No hay un "alguien" para mí por mucho que lo desee...¿Qué puedo esperar de la vida entonces?

Bueno, esta noche se me ha escapado el optimismo por los pelos... Mañana será otro día....

Vacío

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Esta tarde, por defender a alguien que quizás no lo merezca, he discutido con una compañera a la que le estoy pillando muchísimo cariño. Me ha sentado tan mal la riña que tuve que irme una hora antes a clase para estar sola y desahogarme dibujando. Y a pesar de que el resto del día ha transcurrido con normalidad, he descubierto que he aprobado uno de los exámenes que peor me había salido y he estado cenando con esa compañera y la sombra de la discusión se había esfumado, me he quedado demasiado sensible. Quizás por más motivos que por (auto)censura no comentaré en este blog... He visto Toy Story 3 y he llorado como una idiota. Supongo que me hacía falta llorar un poco. Quizás así me libere un poquito de las cosas que me carcomen y que mi nueva actitud todavía no ha podido vencer, mis únicos motivos para estar triste.

Necesito un cambio de actitud total, no sólo parcial. Necesito confiar realmente en que el universo me da lo que "necesito", y que a veces aleja de mí lo que "quiero" porque no me hará bien tenerlo o porque corro el riesgo de romperme sin llegar a conseguirlo.

Así que Universo, cosnpire usted para hacerme feliz.

Sensible

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Es curiosa la vida... Es curioso darse cuenta de tantísimas cosas en un solo día. Hoy, y sólo hoy, he vivido cien vidas. O quizás esa tendencia mía a la hipérbole me pierde más desmesuradamente de lo que llego a creer. Hoy he visto algo que me ha sorprendido. He visto lo que puedo llegar a significar para los demás incluso aquí... He recibido un regalo de una persona que ya me había dado su confianza sin reservas. He recibido las lágrimas emocionadas de alguien en respuesta a mis palabras. He dibujado sonrisas y he desatado llantos. He reforzado confianzas y sostenido manos. He regalado suerte y he puesto a prueba la mía. He soltado algunas de las cadenas que yo misma había tirado sobre mí misma. He recuperado un pedacito más de mi alma. Y como colofón... Gracias, mi princesa de cuento de hadas:

"Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi alma invicta.

En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado ni he pestañeado.

Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.

Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yace el Horror de la Sombra,
la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.

No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma."

William Ernest Henley


Liberar el alma

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Hay cosas que se pueden evitar. Hay cosas que no, hay cosas imposibles. No puedo evitar que la gente se ponga nerviosa. Y no puedo evitar que en cierto modo me contagien un poquillo. Pero sigo más entera que muchos. También he descubierto un reducto de tranquilos en la cola del desayuno. Eso cambia los ánimos. Un andaluz le contaba a un gallego que el médico le había explicado cómo habían vaciado el pecho de su padre y se lo habían vuelto a poner todo, pero que al llegar a casa su padre se estaba muriendo. "Eso es agobio. Esto... Esto no es nada". No pude más que mirarle a los ojos y decir: "OLE".

Inminente

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... aunque a duras penas. Soy la tranquila del lugar. Lo soy porque intento serlo. Todavía me descubro pensando en lo que no debo pensar, imaginando escenas que sé que nunca ocurrirán. Queda poco, mañana comenzamos los exámenes. Un fin de semana, un par de días más y el miércoles seremos libres. Y respiraremos, la presión se aflojará (aunque conociendo a esta gente sólo lo justo y necesario para seguir respirando).

Pienso en positivo y me planteo que aprobaré todas las asignaturas. Porque llevo cuatro meses acudiendo a clase, haciendo resúmenes, leyendo, estudiando. Y he aprendido mucho más que en cualquier otra etapa de mi vida. Y eso ya son cosas que SÉ. Eso ya es mío.

Además, no necesito mucho. Mis planes cada vez se han ido deshaciendo más y, de tener claro a dónde quería ir, me he quedado en un limbo de indecisión. No me importaría que decidiesen por mí...

Y sigo viva...

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Me he levantado con la garganta tan hecha polvo que me duelen hasta los oídos. Aún así, debo estar moldeada en otro tipo de pasta, porque he seguido la misma rutina de cada día (añadiendo el momento trombocic para la pierna, que por cierto duele más todavía, y betadine para la calentura del labio) mientras mis compañeras se quedaban en la cama quejándose de lo mal que se sienten...

Hoy a primera hora tengo que pegarme con alguno/a de mis compañeros de clase para aprobar un examen. Pero estaré bien. Tendré suerte y, sobre todo, me sobran las ganas de combatir.

Ayer, en el 1500, pensé que me moría. Me di más caña que nunca y conseguí llegar con una marca de tiempo en torno a los 6 minutos 40 segundos. Examen aprobado con un dignísimo 5.5. Y mi moral por las nubes aunque la calefacción a tope me destroce la garganta y las vueltas en la cama me hagan hasta gritar de dolor cuando me apoyo sobre la pierna equivocada... Es jodido pero, como ya he dicho, estoy hecha de una pasta distinta al resto.

Mal... xD

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Tenía que pasar. No puedo respirar por la nariz, aunque parece que al menos la garganta aguanta con un simple raspado al tragar. Tengo un cardenal del tamaño de mi puño (mmm, no, más grande todavía...) en la pierna que me mata al contacto con el pantalón y cada vez que golpeo el pie en el suelo (lo cual es maravilloso cuando tengo que correr el 1500 esta tarde). Y por si todo eso fuera poco, me he dado cuenta de que no me sé ni la mitad de lo que debería incluso tras haberlo estudiado, lo que ha sido una brecha tal en mi actual buen humor/seguridad que ha supuesto la salida de una calentura en mi labio.

Pero bueno, con calma y poco a poco. Soy consciente de que haré todo lo que pueda dentro de mis limitaciones. Y creo que las cosas saldrán bien. Voy a conseguirlo, de eso estoy segura...

No tan bien...

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Es agradable ir recuperando mi "YO". En ocasiones una buena bofetada hace mucho. Me siento tranquila, dispuesta a afrontar lo que venga y con muchas ganas de superarme a mí misma... Me siento realmente bien (salvo que me duele la garganta como si me fuese a poner malita... xD).


Bien

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Mi madre era de las típicas que te preparaban la cena y esperaba a comer ella a que tú terminases. Lo hacía porque lo que ella se llevaba a la boca era lo que no te comías tú, tus sobras...

Hay gente que me ha entregado mucho en la vida. Mi madre la que más, por supuesto. Y supongo que llevo toda la vida he esperado que llegase alguien para demostrar que yo también puedo entregarme de esa forma. Pero simplemente estaba siendo una ilusa... No necesito que aparezca nadie, hay mucha gente que se merece que dé más de lo que estoy dispuesta. Tengo a mi madre, a mis hermanos, a un sobrinito en camino, un par de buenas amigas... Tengo una vida encaminada, tengo un objetivo (aunque me lo tome con calma para no volverme loca...). Es increible que tenga que preocuparme por repetirme estas cosas para no olvidarlas. A veces me queda grande lo que me dicen de que soy una chica lista. A ver si puedo serlo una temporadita...

Tanto que dar...

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Últimamente he sido una suerte de Orfeo que no podía evitar mirar atrás y contemplar cómo su bella Eurídice se desvanecía entre sombras. He asimilado, como Teseo, que el laberinto que me rodeaba era tan complejo que jamás lograría salir de él ya no victoriosa, sino sencillamente con vida. Y entonces ocurrió. Ariadna se acercó y me tendiò una fina hebra de hilo. En ese mismo instante supe que estaba salvada. En este mismo instante me he dado cuenta gracias a esa heroína de leyenda de que la vida está para lucharla, para seguir adelante. Porque si ella puede con el frío puñal que la vida le ha incrustado en las costillas, yo debo luchar con uñas y dientes contra los que me clavo yo misma.

Muchas gracias, Ariadna, por regresar a mi vida y poner a caminar de nuevo al mito.Y lo siento, siento no tener más que darte. Porque no me quedan más palabras. Y aunque me quedasen, no serían suficiente.


Ariadna

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La primera vez no sabía lo que me esperaba. Pero ahora sí lo sé. Ojalá pudiese disfrutarlo, de verdad... Es solo que todos estos cambios tan rápidos, tan seguidos, tan a la fuerza... Están acabando conmigo. Siento que cada vez soy menos yo... Cada vez me cuesta más mirarme al espejo, reconocerme en la imagen que se refleja... Y la gente que me entiende y me apoya mañana a estas horas estará a 542km de mí. Y no encuentro ya dónde agarrarme, no encuentro ya ese motivo que me haga esbozar una sonrisa al despertar. Y sin eso, lo lamento, pero sin eso no soy nada...

Peor que la primera vez...

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En la vida hay que saber tomar un poco de distancia para ver las cosas con cierta perspectiva. Quizás lo haces cuando ves alguna película o lees algún libro que te llama la atención y te obliga a pensar. O puede que sea cuando explicas las cosas a otra persona ajena que te está torturando (literalmente, por desgracia). La vida es un cúmulo de momentos, de decisiones, de miradas, de claves, de sabores y palabras, de olores y caricias, de sentidos, de positivos y negativos, de un sinfín de situaciones que te obligan a seguir caminando o pararte y pegarte un tiro.


Así que continúas, inmersa en un mar de dudas, en un jardín que desde cerca puede parecer lleno de zarzas y espinas que van desgarrándote la piel a tiras cuando intentas avanzar. O si das ese pequeño paso atrás, verás que no son zarzas sino rosales, llenos de hermosas flores. Sí, seguirás pinchándote igual. Y sí, sangrarás lo suficiente como para desmayarte, como para que el dolor sea insoportable, como para que no sea posible continuar hacia adelante. Pero oye, sabrás que entre las espinas puedes contemplar una rosa, acariciar la suavidad de sus pétalos con tus labios y quedarte un buen rato tirada a su lado, cogiendo fuerzas, para volver a levantarte y seguir adelante. El caso es no dejar de caminar, cueste lo que cueste. Seguir siempre adelante.

Porque siempre hay un motivo. Y cuando piensas que ese motivo se ha ido, se ha roto, te ha abandonado... Quizás te estés equivocando. O quizás es el momento de cambiar de motivo, de cerrar los ojos, respirar y continuar a ciegas un rato hasta que al abrir los ojos de nuevo veas una nueva motivación que dé sentido a tu vida. Porque siempre hemos necesitado eso. Al menos los que somos menos humanos que los demás, los que no nos conformamos, los que seguimos pensando a nuestra manera aunque intenten enseñarnos a actuar como el resto, a seguir ciegamente con una moral de obligación. Nada de poder discrecional aunque nos digan que sí lo tenemos. Nada de libre albedrío, nada de nada de nada... Esa gente rebelde, esa gente luchadora e inconformista, esos infelices filósofos entre los que me incluyo, siempre hemos necesitado algo que dé sentido a nuestras vidas. Necesitamos una carretera, un camino que seguir, una luz al final del túnel que nos guíe hacia más allá del dolor.

Hace tiempo que mis sueños se han limitado a una única cosa. Probablemente un imposible que me ha hecho llegar con todas mis fuerzas a donde estoy. Pero ahora... Los sueños se han roto. Se han truncado hacia algún tipo de pesadillas. Light, también lo admito, pero ahí están... Aunque es peor seguir soñando lo mismo y darte cuenta al despertar que te estás engañando, que no puede ser, que jamás se cumplirá... Y llega el momento de escoger, de seguir o de pararse y perderlo todo. Así que decido. Decido cerrar los ojos y dejarme llevar. Lo que tenga que ser, será. Decido continuar caminando en un salto de fe al más puro estilo "Indiana Jones y la Última Cruzada". Sigo buscándome, sigo preguntándome cada día qué es lo que quiero de la vida. Y siguen volviendo a mí las imágenes de cuando empecé a soñar... Una pequeña casita junto al mar, con un precioso jardín, tras la valla blanca un par de perros enormes que juegan con una niña pequeña. Y desde la puerta, ella me mira con una preciosa sonrisa, una de esas que te hacen pensar que todo va bien, que siempre irá bien. Cruzar la valla, saludar a los perros, que se vuelven locos al verme llegar, dar un fuerte abrazo a la niña y poner en sus manos una nueva bola de nieve para su colección. Y acercarme a esa preciosa mujer en la puerta de la casa, rodear su cintura con mis brazos, besarla y escuchar su voz haciendo cosquillas en mi oído: "te echaba de menos"...

Qué bonitos son los sueños... Y cómo duele saber que no podrás hacerlos realidad... Aunque sigas adelante como siempre.


Un paso atrás

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