Archive for noviembre 2015



Entre la espada y la pared. Esa es mi vida. Intento pasar desapercibida o destacar, ni yo misma lo sé. Sea lo uno o lo otro, no lo consigo. Me quedo a medio camino entre la nada, al lado del muro contra el que siempre golpeo mi cabeza. Golpean por ambos lados. A veces el golpe viene por la izquierda, otras por la derecha. Quizás no hay muro... Los golpes son directamente contra uno u otro bando indistintamente. O no... Mejor si el muro soy yo... Y estoy harta. Estoy harta y cansada de que todo el mundo siempre quiera pegarse cabezazos contra mí. Si existiese la posibilidad, me apartaría para que la colisión quedase entre los cerebros de chorlito que se niegan a entender que no son objetivos por mucho que lo crean. Ni siquiera yo, que estoy en el puto medio, entre izquierdas y derechas, entre días y noches, entre perros y gatos, entre buenos y malos (de ambos lados)... Ni siquiera yo puedo ser objetiva al 100%. Pero tampoco soy parcial. Nadie me ha lavado el cerebro. No me posiciono, pero nadie se detiene a escucharme el tiempo suficiente como para entenderlo. Ni siquiera gente que me conoce... Ni siquiera gente que me ha dado las gracias por estar a su lado es consciente de que si me voy al otro es porque creo que hay justicia en ello. No piensan, no escuchan, no dejan explicar y luego argumentan que soy yo quien interrumpe. Me altero, me apasiono y pierdo la razón en las formas. Y me pierdo un poquito más hasta el punto de mirar al espejo y no encontrar esas partes de mí que siempre he valorado y admirado.

Y suspiro. Decido irme a la cama después de una vorágine de balas y sangre destinadas a aplacar mi furia, mi desconsuelo, mi frustración. Y al pasar, el aire que levanto arrastra huellas del pasado que obligan a mis ojos a humedecerse. Se hace difícil seguir escribiendo. Quizás ese es mi problema. No me ha abandonado la musa, ni he perdido la inspiración. Sencillamente cada vez es más complicado condensar en palabras la negrura y el desasosiego de este corazón tarado que me ha tocado en suerte llevar en el pecho.

Muros

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Escuché el sonido que hacía al caer al suelo y lo supe enseguida: había muerto. Algo llevaba meses diciéndome que pasaría. Intenté prepararme para ello, pero por un motivo o por otro, no fui capaz de hacerlo. Aunque lo que más me extraña es esa sensación de tranquilidad, de desinterés que tengo ante ello. Hice todo lo posible por recuperarlo, por traerlo de vuelta a mí, pero nada sirvió. Ni siquiera las manos expertas de terceras personas ayudaron a solucionar el problema. Ese pequeño rectángulo azul cayó de mala manera y la pletina se dañó definitivamente. A la mierda toda una vida de fotos y recuerdos. A la mierda toda mi música. A la mierda años de trabajo organizando y ordenando archivos... Y aún así, no sé por qué, no me importa lo suficiente. Quizás porque me niego a que algo material consiga hacerme el daño suficiente como para desestructurar mi vida de esta manera. Y sin embargo duele. Duele el no recordar qué imágenes no podrás recuperar jamás. Duele el saber que todas las copias de seguridad de imágenes del móvil se han ido al garete. Duele el pensar a cuánta gente voy a tener que movilizar para conseguir recuperar al menos un 40 o 50% de todas las fotografías que tenía. De la música ya no hablaremos. Y todo después de un mes tratando de hacer copias de seguridad que el propio disco duro se encargaba de eliminar. No sé por qué, pero algo me dice que esto tenía que ser así, tenía que ocurrir, tenía que sufrir esa pérdida. Y debido a ello, a esa sensación extraña de pitonisa que me invade, entiendo que si ha sucedido, no puede ser para mal jamás... Algo ocurrirá que me hará olvidarme de este suceso. Quizás haya fotos que valore más que todas las que he perdido esperando a ser recuperadas en las manos de algún amigo. ¿Quién sabe? Veremos qué sale de ahí...

Pérdida

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