Archive for mayo 2010

Llevo toda la semana itentando imponerme una rutina. A pesar de las altas horas a las que me acuesto,el despertador me da un primer aviso a las 8:30, para que pueda acordarme de ti... O más bien para que pueda hacer que me recuerdes. Para cuando lo haces, yo ya había vuelto a dormirme, pero me encanta depertarme "contigo". El siguiente toque de aviso es a las 9:30. No suelo hacerle más caso que el necesario para aplazarlo diez minutitos más. Y otra vez. Y otra... Me dan las 10. Entonces me levanto, me quito las lentillas y me visto. Pancho ya suele estar rondando por ahí para pedirme que le saque. Suelo hacerme un poco de rogar, pero al final cojo alguna fruta y le pongo la correa para salir (a Pancho, no a la fruta).

Damos siempre la misma vuelta, cruzándonos con vecinos que hacen comentarios jocosos por el corte de pelo del perro o por mi indumentaria. Normalmente les ignoro. O respondo ese tipo de frases que quedan bien con cualquier pregunta o comentario: "Sí, seguro", "bueeeeno", "no sé yo...".

Volvemos a casa y Pancho se queda, pero lo cambio por el mp3 y vuelvo a salir. Tengo un recorrido fijo:



Tarde lo que tarde, quiero correr esa distancia todos los días. Habitualmente 36 minutos. Hoy... 38. Al dar los dos primeros pasos, el dolor se intensificó. Los músculos están cansados del tute de toda la semana. Están demasiado cansados. Un día más... Es lo único que les pedía... Un día más antes del fin de semana en el que podrían descansar... Pero no les daba la gana, me lo pondrían difícil. La primera cuesta fue un suplicio, a 30 segundos de haber comenzado a subir, una gran pendiente, pero muy poca distancia. Y entonces mi cuerpo, cabrón él, me susurró eso que tantas veces se me cuela en la cabeza: "No vas a poder...".

Hay un punto al que cuando llegamos, todo lo que nos rodea nos obliga a retroceder. Me siento así muy amenudo últimamente. Lo pensaba mientras corría... Lo pensaba por ti, lo pensaba por todas las circunstancias, lo pensaba por mis maltrechas piernas que no querían continuar corriendo... Y cuanto más lo pensaba, más rabia me daba. ¡¡¡Y UNA MIERDA!!! Iba a seguir corriendo, aunque no había llegado ni a la mitad del camino y ya estaba que me moría... No me importaba. Iría más despacio, daba igual... Un trote ligero, arrastrando los pies, pero sin dejar de correr. No dejaría de correr. Porque me niego a rendirme. Sé que esto es bueno para mí, sé que continuando sólo estoy consiguiendo lo que quiero tener, lo que deseo. Por eso no voy a rendirme aunque cueste, por eso voy a mirar hacia adelante y continuar corriendo aunque me pesen las piernas, haga sol y comience a costarme respirar. Seguiré aunque comenzar la última cuesta es un gran palo, seguiré porque sé que tras esa inmensa cuesta de alrededor de medio kilómetro hay una zona llana que se extiende casi hasta mi destino... Llegaré cansada, empapada en sudor, con ganas de tirarme una semana y no volver a hacer nada más... Pero al llegar me esperan 500 abdominales. Lo sé, pero no me importa. He vencido todo esto... Puedo con un poco más. Siempre puedo con más...

Es en serio... Puedo con esto, puedo con todo lo que tenga que afrontar. Puedo seguir corriendo cada mañana y puedo seguir corriendo para llegar a ti... Quizás no sean tres días, pero... Tarde o temprano, me dejarás llegar a tu lado... La espera... Sí, a veces es algo... Terrible... Pero supongo que no puede ser de otra manera. Toda gran recompensa requiere su esfuerzo. Y tú eres el mayor premio al que he obtado jamás. Así que simplemente seguiré corriendo. Es inevitable.



Seguir corriendo

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Apoyó ambas manos sobre la fría piedra. Cerró los ojos. Podía sentir cada grieta, la fuerza, la dureza... Comenzó a ejercer presión sobre ella poco a poco. Sus pies se enterraron en el fango a medida que aumentaba su empuje. Al cabo de un momento descubrió que a la fuerza jamás la movería. ¿Había avanzado? Bueno... Al menos sabía que había algo a lo que no podría recurrir.

Sin separar sus manos de la roca, las deslizó por toda la superficie a la que era capaz de llegar. Buscaba grietas más grandes, imperfecciones, rendijas... Buscaba algún resquicio que le indicase tanto un punto débil como un resorte escondido capaz de mover aquella inmensa piedra ante ella. Pero no encontró nada. ¿Había avanzado? Sólo había comprendido lo duro que sería.

Era el momento de intentarlo con las palabras. La magia era poderosa en aquel lugar. Pero había tantas combinaciones... Podría pasarse toda la vida recitando las palabras en distintas posiciones, de diferentes maneras, de forma que nunca sonasen igual...

Cerró los ojos y se dejó vencer. El peso de su cuerpo la arrastró al suelo, pegada a la frialdad de la roca. Dejó que su mejilla la sintiese y las lágrimas que empaparon su rostro rodaron por la áspera superficie. Suspiró antes de comenzar a susurrar distintas combinaciones de palabras. Sólo habría dos opciones: o alguien abría la pesada puerta de piedra desde el otro lado o se volvería loca intentando acertar con las palabras adecuadas para que la magia la ayudase en aquel tenebroso pantano. Pero no se rendiría. La princesa de Jade jamás lo haría.



Sigo intentando dar con las palabras adecuadas para llegar a tu corazón. Quizás ya lo haya hecho, quizás siempre lo hago, quizás ni yo misma entiendo lo que busco... Pero no dejaré de combinar las palabras, aunque acabe repitiéndome. Como la princesa, no voy a rendirme.


I don't know

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