Archive for agosto 2017



Pelo rojo. Pelo rojo y piercing en la nariz. Pelo rojo, piercing en la nariz y uñas largas blancas. Sostiene "El País de la Nube Blanca" en sus pálidas manos. Por el borde de su camiseta de tiras azul eléctrico, se lee "Come What May" y se ve, al otro lado de la tira, un pequeño corazoncillo. Está completamente absorta en la lectura. Apenas mira más allá del libro entre sus manos, salvo para vigilar que no se pase su estación.

El tren se detiene. Se abren las puertas. Entra una mujer ya madura, pelo oscuro, con trazas de color caoba de algún tinte barato. Vestido de flores con fondo negro. Pero no rosas... Quizás claveles. Se sienta casi en frente, justo a mi lado. Su perfume es dulce y penetrante. Totalmente embriagador.

Ella levanta la cabeza y clava sus ojos oscuros en la mujer. No sé muy bien si en ella o en el enorme paquete, envuelto en bolsas, que lleva entre sus piernas. No puede dejar de mirarla. Yo no me atrevo a hacerlo, está demasiado cerca, así que me iré a casa sin conocer la razón.

La mujer suspira. Ella, sin dejar de mirarla, guarda el libro en el bolso transparente. Yo respiro, embriagada. La mujer se percata de que la miran. Se remueve incómoda y aferra con más fuerza el misterioso paquete con la mano derecha. Con la izquierda, abraza el bolso dorado y plateado que lleva en el regazo, brillante bajo las luces del metro.

Próxima estación: Alonso Martínez. Es mi parada. Me levanto y sorteo a la gente que me bloquea la salida. Ella sale conmigo. La mujer se queda sola, agarrándose con fuerza a su bolso y su paquete.

La chica de enfrente

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Parece que a pesar de todo, el mundo sigue girando (como dice Sergio Contreras en su canción Racismo, "destrozando"). Pero aquí sí echamos de menos a las almas que se han ido. Estoy algo consternada. No sé cómo sentirme. No sé si estar enfadada, triste, dolida, frustrada, rabiosa, impotente... No sé cómo tomarme todo lo que ha pasado. Porque la vida sigue. A pesar del dolor. A pesar de las muertes. A pesar de todo, las rosas siguen floreciendo.

Mi pecho es un hervidero de sentimientos sobre los que sólo destaca alguno por momentos. Sería muy pretencioso por mi parte pretender explicarlo. Nunca he podido definirme correctamente, así que no creo que ahora, con todo lo que está cayendo, vaya a ser diferente.

Pensaba irme pronto a la cama, descansar. Pero mi cabeza no para. Mi corazón bombea con más fuerza de la necesaria. Quizás me canse poco, por el día, lo cual resulta curioso porque cada mañana me cuesta bastante más levantarme.

He llegado a un punto en el que poco a poco he ido perdiendo todo lo que tenía, todo lo que hace un par de años me hacía feliz. Lo primero he sido yo misma. Mi forma física, incluso mi personalidad. Poco a poco se ha ido cubriendo de una capa de mugre que ya no soy capaz de limpiar. Después, el oval. Duele en el alma. Duele porque no tendría por qué ser una pérdida. Pero sin lo primero, no puedo continuar con lo segundo. Ahora Emma... Poco me queda ya de todo lo que en algún momento de esta existencia gatuna me haya arrancado una sonrisa. Quizás cargué a Emma con demasiado peso... Quizás le pedí que soportase no sólo mis kilos de más, sino también mis problemas y malos royos. En cuanto la perdí, volvieron mis neuras a aflorar. ¿Con motivo? Sí. Puede. No. No lo sé.

Siento que no será lo último que pierda. Siento que ayer he perdido todavía más. Un pedacito de mi alma se va con esas 14 víctimas de Barcelona. Otro parche más. Otra tirita. ¿Por qué tiene que afectarme tanto el mundo? Tengo miedo de dormir y soñar. Soñar con sombras que se acercan a romper la calma. Que tampoco es calma, sino sólo apariencia. Y quizás deberíamos dejar que lo rompan. Quizás la única manera de arreglarlo todo es tirarlo al suelo, barrer, comprar uno nuevo. Quizás. Quizás sea mejor que intente irme a la cama.

Buenas noches.

"El mundo sigue girando, destrozando"

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