Hierba recién cortada. Me encanta ese olor. Olor a té blanco. Olor a recuerdos. Recuerdos de otra mujer, de otro tiempo, de otra vida. Recuerdos de una chica con la cabeza de acero que quería y creía que podía con todo. Recuerdos de amor, de frustración, de alegrías y miedos.

Acelero a fondo y mis fosas nasales se impregnan. No puedo cerrar los ojos y disfrutarlo como cuando mis manos rodeaban esa taza de cristal y metal, cuando mis compañeros se sentaban a mi alrededor en el descanso y charlábamos de cómo creíamos que sería nuestro futuro. Ni en un millón de años nos habríamos podido imaginar dónde estamos ahora. No cierro los ojos, pero respiro profundamente y suspiro.

Comparto con ELLA (que no conmigo) ese gusto por el olor del té blanco, de las máquinas cortacésped recién pasadas, de la tierra después de la lluvia (sólo en Galicia, en Madrid apesta a polución arrastrada por cada gota). Comparto tantas cosas con ELLA que no sé dónde se terminó su vida y comenzó la mía. A veces la hecho de menos. A veces la odio. A veces, y sólo a veces, desearía volver a ser ELLA, con sus preocupaciones vanas, con sus fortalezas extremas, con sus posibilidades infinitas...

Quizás aquel accidente, además de romper el tercer metatarsiano del pie derecho, quebró algo dentro de nuestra alma que transformó a una ELLA formidable en algo como YO. O tal vez a esa niñata le tocó crecer, conocer un mundo oscuro y lleno de matices con los que no contaba... Le tocó perder la partida en ocasiones importantes y ganarla cuando le daba igual lo que quería. Quizás ahora se plantea problemas y soluciones distintas. Ya no golpea las paredes con su cabeza/maza. Ya no pelea contra un Goliat empoderado por una sociedad enferma que la ha decepcionado profundamente. Ahora, sencillamente escava entre la basura que se le ha vertido encima, buscando un hueco donde sentirse cómoda, donde llegar a tener la consciencia (y la realidad) de que todo aquello que hace llega a un puerto seguro. Sigue, aunque haya cambiado (toda ella y sus métodos) tratando de dejar su huella en el mundo.


Olor a hierba recién cortada

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Dudo. A veces, sólo a veces, me acepto tal como soy. Otras... Otras no me aguanto a mí misma hasta el punto de que me echaría de casa para no tener que soportarme. Antaño, cuando me acuciaba este problema, dormía. Salida fácil para un problema realmente complicado. Ahora, cuando me desarma la banalidad fútil de mi existencia, distraigo mis sentidos ahogándome en historias que nada tengan que ver con la mía. Supongo que tengo la impresión de que, si analizase la vida que llevo, todo sería un enorme interrogante alrededor de varios conceptos enlatados:

¿Me quiero?
¿Me quieren?
¿Es esto todo?

Mi mente se esfuerza en creer que queda mucho por hacer. "Todavía no has publicado un libro, Any", me recuerda acuciante. "Ya puestos, tampoco has tenido hijos, y convendría que plantases algún que otro árbol...". Ya... Mira, puto cerebro de mierda... Eso es lo que alguien dice que debemos hacer para dejar nuestra huella en el mundo. ¿Y si yo no quiero dejar huella? ¿Y si no me creo que esa sea la manera? "Joder, Any... Pararía de reírme para llamarte gilipollas en tu puta cara, pero es que me acabas de contar el mejor chiste de toda mi jodida existencia. ¿No te lo crees? ¿TÚ NO TE LO CREES? A pies juntillas, princesa sin reino venida a menos". (Como podréis comprobar, no me caigo demasiado bien, soy una imbécil cuando quiero).

El caso es que siento un vacío en el pecho, donde mi antiguo mejor amigo (mi corazón), era el que guiaba mis pasos y mis sueños hasta su máxima exponente. Y analizo, analizo, sigo analizando... Y es una putada, porque tengo que echarle la culpa a algo (sino al final la culpa será mía y eso es ¡¡¡TERRÍBILIS!!!). Echo la vista hacia atrás y me planteo cuándo comenzó todo esto. Analizo los factores, no los comprendo, dudo, reculo, me lo pienso otra vez... Y sigo sin tener nada claro. ¿Qué necesito para recuperar esa imagen de mí misma a la que amaba más que a nada en el mundo (incluso más que a nadie en el mundo pese a lo que de cuando en cuando quisiese obligarme a creer el puto órgano central que bombeaba mi sangre)?

Sé lo que necesito. Necesito una epifanía... Una de esas buenas hostias en la cara que descoloque mi mente y me obligue a currármelo para volver a estructurarla. Es lo que necesito, sí. Lo sé, lo tengo clarísimo... Pero también tengo claro que no es lo que quiero. Porque otro de los maravillosos defectos que se me ha colado en la mochila con el tiempo, es el MIEDO. Y me acojona... Me acojona perder hasta una moneda de 5 céntimos... Así que me freno, me quedo en la cuneta mientras veo a los coches pasar a toda hostia por el asfalto helado de un invierno más. Y soy plenamente consciente de que sólo hay dos maneras de salir de ahí. Una, es levantando la mano, dando un "me gusta" y que alguno de los vehículos pare para sacarme del agujero. La otra, es plantarme ante el camión más grande que vea aparecer por el horizonte y permitirle que me lance por los aires hasta una nueva dimensión de mí misma.

Ala... No pretendía escribir lo que he escrito... Pero son los peligros de analizarse a una misma. Pos a tomar por culo...


Análisis de la personalidad externa subyacente. Vol. II: ME QUIERO, NO ME QUIERO

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2008. Fallas, Valencia.

"Tu padre está muy mal".

Bonita manera de celebrar el día del padre, ¿verdad?

"Pues vuelvo a casa".

"No, no, tú tranquila. Aguantará un par de días para que llegues a despedirte".

No aguantó.

El día 21, de madrugada, expiró su último aliento. Yo estaba mirando al techo, esperando a que pasasen las horas para coger el avión y apretar su mano por última vez. No pudo ser.

Era un hombre complejo. Tanto, que no puedo decir que llegase a conocerle. Sí, durante 11 años para mí fue el mejor padre del mundo. A pesar de las peleas de broma que acababan con llantos, o de los cinturonazos que caían cuando no me portaba bien (que era bastante amenudo, por cierto). Ese hombre moldeó mi conciencia, mi personalidad, mi fuerza... Y luego se largó y me dejó más tirada que una colilla a la salida de un baño en una gasolinera en cualquier carretera estatal.

Ojalá estas cosas me hubiesen pillado un poco más mayor. Lo suficientemente mayor para llegar al chino donde nos veíamos una vez al mes (o cada dos o tres meses), sentarme y preguntar: "¿qué música te gusta, papá?" "¿Cómo fue tu infancia?" "¿Cuales eran tus sueños?" La posibilidad de haberle conocido como persona, no sólo como un fracaso de padre, de los de "haz lo que yo digo y no lo que yo hago". Haber podido madurar la pregunta antes de su muerte... "¿Papá. por qué me llamo Ana? Cuéntame esa historia, por favor..."

Quedaron tantas cosas por decir...

Hace relativamente poco, alguien me dijo que tenía que dejarle ir, dejar de darle vueltas a estas historias, sacar la frustración por él de mi corazón. Pero cuando tanto El Corte Inglés como el resto del mundo se empeñan en recordarme no sólo que ya no tengo un padre, sino que el mío se fue sin que pudiese despedirme, que hubo un año en el que este día no lo felicité porque era una cría y estaba más cabreada con él que con el mundo, porque quería provocar en él una reacción (cosa que hice y que todavía me duele más recordar...). Porque dejé de regalarle nada, porque hasta dejé de considerarle mi padre, porque sólo sentía que me había fallado. Por eso odio estas fechas... Desde que empiezan los anuncios de "regálale algo caro a tu padre" hasta que pasa el día 21... Las odio con todas mis fuerza, como no he odiado nada en mi vida. Ojalá todo eso me hubiese pillado más mayor, con más cabeza, con menos rencor y más vida. Ojalá me hubiese pillado ahora y pudiese haberme hecho amiga de mi padre. Porque sé que era un hombre complejo, interesante, lleno de luces y sombras... Alguien digno de conocer.

Pero bueno... Ahora es inútil lamentarse. Ahora sólo me queda odiar estas fechas por toda la basura que me hacen sentir.

Allí donde estés: Feliz día del padre.

Querido papá

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El blog va poco a poco. Mi informático favorito todavía no ha conseguido que funcionen correctamente los comentarios. Dicen que Wordpress da menos problemas. Pero quizás la tónica de mi vida ha sido complicarme siempre más de lo necesario. Supongo que este blog tiene tanta trayectoria en mi vida que me niego un poco a aceptar migrarlo... Poquito a poco... Quizás la practicidad me acabe venciendo, quizás sea yo la que se rinda sin luchar. Por ahora, aquí nos quedamos, no hay tiempo para pensar más. Mi cerebro me pide un descansito, aunque, para variar, no estoy en disposición de dárselo.

Trabajo, trabajo y más trabajo. Empiezo nuevos proyectos. Abandono frustraciones antiguas... No paro. Psicológicamente, porque físicamente los kilos se acumulan ante mi costumbre de sentarme al ordenador a la mínima oportunidad. Ya van por 80 y algo... Reconozco lo que llevo en la boca del estómago que me obliga a tragar todo lo que se me pone por delante. Es ansiedad. Por demasiadas cosas. Quizás debiese acelerar el proyecto que tengo en mente para recuperar la fe en la raza humana, pero la escased de tiempo y a veces también de ganas, me frena lo suficiente como para preferir ponerme una peli y evadirme del mundo. (Por cierto, super recomendable para ello la de Dr. Strange, todo un descubrimiento, me llegué a emocionar y todo...).

Veo cosas que me ponen los pelos de punta a diario. Y... Ufff... Estoy atacada con el retroceso mental de la sociedad actual al respecto de las libertades sociales. Confundir el tocino con la velocidad, acusar a la educación en tolerancia y en respeto de adoctrinamientos, palizas brutales a personas - sin que me importe una mierda el motivo o que en este caso (orientación sexual) ni siquiera exista... Me da miedo en lo que se está convirtiendo el mundo. Me da auténtico pavor. Y ahora, después de tanto tiempo viendo cómo ocurría esto, cómo se iba gestando poco a poco, siento que tengo los conocimientos adecuados para aportar mi granito de arena para poder cambiar las cosas... Tengo que intentarlo. Al menos intentarlo...

Y con este Break de todos los proyectos que tengo pensados para el blog (el Análisis de Personalidad, la Confianza en la Raza Humana, la Princesa de Jade...), con este "descanso" intento dar un amago de continuidad a esto para no volver a perder del todo el hilo. Aunque sea "despacito", seguiremos avanzando.

Take a break

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Alguien me enseñó una vez a analizar cada filamento del que se compone el mundo. En aquellos instantes, no aprendí bien la lección. Quizás era muy joven. Ahora, a lo tonto, me quedan un par de años para llegar a su edad por aquel entonces, y parece que comienzo a darle más vueltas a la cabeza que con 25 añitos. Así pues: ANALICEMOS.

Bien, comencemos pues con algo que me tiene muy jodida rayada preocupada últimamente: MIS DEFECTOS.

Por supuesto, tengo muchísimos, como todo el mundo. Tengo toda una biblioteca interior, una galería de arte, una piscina, incluso un mar de defectos... Pero hoy me voy a centrar en tres en concreto, en los que más me preocupan y que he sido incapaz de cambiar en toda mi vida.

       1. NECESIDAD DE COMPARARLO TODO


Mi primera ex me decía siempre que las comparaciones son odiosas, que tenía que quitarme la costumbre de buscar similitudes. Pero ¿en qué? ¿Entre qué? En todo... No puedo evitarlo. Soy de esas personas para las que se han creado las comparativas de móviles en las webs de venta de teléfonos. Comparo parejas, comparo amistades, comparo trabajos, pisos, madres... Y asigno siempre una posición, hago un ranking, otorgo puestos privilegiados en mi mente y en mi vida. ¿Por qué? JODER. ¡¡¡Y yo qué coño sé!!! Si pudiese, lo evitaría. Porque me ha traído muchísimos problemas en la vida. Sobre todo porque las valoraciones las hago sobre mis propias percepciones. Y todos sabemos que, en ocasiones, sólo vemos lo que queremos ver. Comparo momento de mi vida, comparo sueños, comparo vidas, comparo historias... Pero sobre todo, me comparo a mí misma. Y hubo una época de mi vida en la que, aunque no lo sabía, era PERFECTA. Era tal como quería ser, disfrutaba de la vida, era feliz, me esforzaba por alcanzar mis objetivos y los lograba siempre. No había nada fuera de mi alcance, nada que me hubiese propuesto que no acabase encerrado entre mis dedos. Pero entonces, me rompí. Literal y metafóricamente. Algo se rompió por dentro al mismo tiempo que algo se rompía un poco más afuera. Y dejé de ser esa YO para ser una con más mala leche, más irascible, con menos fuerza de voluntad, más gorda, menos constante... Peor. Y por más esfuerzos que haga, todo cae en saco roto y mis momentos de lucidez, de querer hacer, duran aproximadamente uno o dos meses. Y luego se apagan como estrellas fugaces. Tan rápido como se habían encendido. Compararme con aquella YO, es como comparar una luz de una bombilla de 50 con el sol de verano a mediodía.

       2. EL PRONTO (GENIO, NEURA O COMO SE LE QUIERA LLAMAR)

Al parecer, esto es algo que he heredado de mi padre. Llega un punto en mi cabeza (que ahora mismo es el minuto 0) en que me cierro completamente en banda y me convierto en una energúmena incapaz de escuchar y que sólo suelta mierda por la boca. Sé que siempre he tenido este bicho en mi interior, que siempre me ha hervido la sangre al contacto con las cosas que no me gustan o que considero injustas. Pero supongo que aquella niña inmadura, con abdominales marcados, sonrisa fácil y fuerza de voluntad inquebrantable hacía bastante más que yo para contener esa furia imparable. Qué curioso que con los años podamos desaprender en lugar de aumentar los conocimientos y controlar mejor nuestros instintos más oscuros. "Son épocas", me han dicho en ocasiones. Pero no lo tengo tan claro. He pasado por una ciénaga llena de mierda aguas putrefactas y cadáveres infectos de una sociedad y una humanidad en la que poco a poco he ido dejando de creer. Y quizás ese es el problema. Que me he centrado tanto en mantenerme firme en mis principios y valores que no me he ido dando cuenta de que exigía lo mismo a todos los que me rodeaban (esa maldita lacra comparativa). Y con esto pasamos al tercer defecto.

       3. ESPERAR

No es que me vaya al metro sólo para quedarme sentada viendo pasar los minutos en el aviso de llegada. Imagino, sueño despierta, invento en mi mente comportamientos de otras personas... Y cuando no se producen, me frustro. A veces, la frustración es pequeña. O ya me espero que las cosas no sean como yo quiero imaginar. Pero la mayoría de las veces, me decepciono a mí misma otorgando actitudes a la gente que no han tenido, tienen ni tendrán jamás. Esto, a día de hoy, creo que es el defecto que más daño me está haciendo. Porque intento entender a la gente y pensar que siempre seguirán la misma línea de pensamiento, de acción... Pero no puedo preverla porque nunca será la misma que la mía... Y la que piensa soy yo., la que analiza comportamientos para intentar llegar a las conclusiones, la que compara... Así que cuando acierto, soy la mujer más feliz del mundo. Pero cuando no lo hago, la decepción es brutal. Lo jodido es que no hay nadie que no haya "decepcionado" a esta faceta de mí. Y es normal. Yo misma he roto los esquemas en más de una ocasión rompiendo cada meta que me pongo. Sé que el nivel de frustración que tengo actualmente está más relacionado con esto que con ninguna otra cosa. Es algo que debería cambiar, pero a veces no me llega la paciencia ni para mí, me obligo, lo intento, pero a la hora de la verdad me vuelvo a echar atrás (esa fuerza de voluntad que se ha ido con los años y con los abdominales...).

Curiosamente, creo que este es el capítulo del análisis de personalidad que menos me va a costar. Lo pasaré peor cuando tenga que hablar de las virtudes, porque últimamente se me esconden un poco y me he quedado anclada en las que tenía hace alrededor de 7 años. Pero bueno, se hará lo que se pueda, como siempre.

Análisis de la personalidad externa subyacente. Vol. I MIS DEFECTOS


Así es como quiero recordarte. 


Me escuecen los ojos de la lluvia de mar que los ha inundado durante toda esta tarde. A veces, maldigo la sensibilidad que me arrastra a las profundas aguas del recuerdo continuo. Aunque he de admitir que tú lo mereces. Nombrarte, trae de vuelta las mareas a esta playa cansada de llorarte aún cuando todavía ni te habías ido, cuando sólo comenzabas el camino. Supongo que a veces no eres consciente de todo el amor que encierra tu corazón hasta que te arrancan un pedazo de golpe. Porque la vida es así. Pero... ¿Por qué tiene que serlo?

Dulce, alegre, cariñosa y leal. A veces caprichosa y sin duda un grano en el culo, de esos que no puedes dejar de rascar. Ya no volveré a acariciar tu pelo suave, ni a reñirte cuando te acercas disimuladamente para chuparme la mano, ni a pedirte silencio cuando armas una escandalera cada vez que llego a casa. No volverás a ladrarme cuando llegue a casa. Sólo pensarlo, mi corazón siente un latigazo que lo atraviesa de parte a parte. Porque han sido 5 años contigo. Y no han sido suficientes. Aunque tengo que admitir, que aunque hubiesen pasado 20, nunca habría estado preparada para que te fueras. No quería perder esa mirada tierna y sincera, esa manera de apoyar tu hocico en la pierna y pegar golpecitos en el brazo cuando querías obligar a darte mimos, no quería tener que echar de menos tus manías y reproches, tus celos y tus juegos...

Daría lo que fuera por volver a despertar una mañana más y quedarme mirando cómo en sueños sacas la lengua y se te queda pegada al suelo; por verte retozar con el colchón mientras le gruñes cuando estás contenta; por escucharte avisar que alguien llama a la puerta aunque todos lo hayamos oído... Te voy a echar de menos, petarda. Porque 5 años son toda una vida y me han dado tiempo a acostumbrarme a quererte; ya no importan los años que pasen sin que estés a mi lado, jamás seré capaz de olvidarte.

Adiós, Nasha.

Nasha

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Había una vez un gatito negro. Un triste y solitario gatito negro que buscaba desesperado la luz de la luna. El gatito tenía unos ojos tiernos y luminosos que encandilaban a cualquiera. De hecho, ¡¡¡encandilaron a un montón de gente!!! El problema era que, como el animalillo seguía caminando, se acababa cruzando por delante de muchas de esas personas. Dicen que cuando un gato negro se cruza hacia la izquierda, es un signo de mala fortuna... El gatito no recuerda cuántas veces puede haberse cruzado con alguien. ¿Cómo podría recordar, entonces, si el cruce fue a izquierda o a derecha?

Con algunas personas, recuerda el paso... Claro que lo recuerda. Son las personas que le han marcado, que le han roto, que le han moldeado, que le han querido y odiado, que le han hecho convertirse en la mitad del gatito que es hoy (la otra mitad es sólo mérito o fracaso suyo). Pero no lo consigue... Por mucho que se estruja los sesos, por mucho que exprime el cerebelo, es incapaz de concretar hacia qué lado estaba pasando. Y así, pensando, se pasa las noches a vueltas hasta las tantas, recordando cada vida por la que ha pasado y si la ha dejado o no marcada con la siniestra maldición del cruce del gato negro.

Supongo que todos nos preguntamos qué marcas dejamos en las vidas de los demás. Y si son buenas o malas...

Pérdida II

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Hoy es un día como otro cualquiera. Podría haber pasado mañana. O el viernes. Habría dado igual. ¿Conoces ese momento en el que haces algo tan bien que ya no se te necesita? Creo que si me hubiese ocurrido a mí, no me habría dolido más. Hoy le han dicho a alguien que su trabajo dejará de existir en breve. Se dedicaba a hacer compañía a una señora de la que no estaba muy claro que pudiese valerse por sí misma por un problema en las piernas.

Cuando esta persona llegó a la vida de la yaya, esta casi no se movía, no quería salir a pasear, le dolían las piernas... Con tiempo, paciencia, masajes, bromas y cariño, la mujer mayor comenzó a moverse de nuevo. Su ánimo mejoró, comenzó a pasear casi todos los días, bromeaba más todavía. Estaba contenta. Y entonces entran en juego sus maravillosos hijos. Resulta que ese trabajo bien hecho, se paga con la pensión de la abuela, mientras sus hijos deben hacerse cargo del resto de gastos. Demasiado para ellos, al parecer, porque ahora que ha mejorado, ya no necesita ayuda.

Me gustaría coger a esos malagradecidos y decirles en su puta cara que su madre no debería haberles pagado una educación, porque con darles de comer (y tampoco mucho, sólo lo suficiente) y vestirles, ya tendrían más de lo que merecían. Porque esa mujer necesita ayuda, necesita compañía, necesita constancia y alguien que la atienda. Pero sale caro. "Cuando te vuelvas a caer, volvemos a llamar a la chica y que se venga". Porque la chica no necesita trabajo, lo hace por amor al arte. Te dejamos aparcada y si eso, cuando volvamos a necesitarte, te llamamos otra vez.

Así va este puto mundo, señoras y señores. Y repito, que no tiene nada que ver con el puñetero blue monday, sino con la actitud que demostramos y el agradecimiento que no guardamos.

Que pasen un buen día mañana, que ya no será un depresivo lunes.

Blue Monday

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Esta soy yo después de estas fiestas


Con el firme convencimiento de mantener mis propósitos de año nuevo intactos, me veo en la obligación de escribir una entrada hoy en el blog. Al menos una por semana y hoy se cumple el plazo. Tengo un millón de ideas para publicar cosillas interesantes, pero todas requieren una preparación que las fiestas no me han permitido, así que tendrán que esperar un poco más de tiempo. Así que hoy, en lugar de ser algo interesante, será una rayada para salir del paso.

Fin de fiestas

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Año nuevo. Día 1 de enero y salvo por la comida de sobras y por el día de tirada total, diría que sigue siendo un poco más de lo mismo. Al menos, este año he podido comer las uvas, a ver si eso marca una diferencia y cambia algo la fortuna. Si no, espero que lo haga el hecho de que este año, 2017, es el año de Blade Runner (o de "Sueñan los androides con ovejas eléctricas"). Supongo que Philip K. Dick y Ridley Scott lo veían demasiado lejos. Y sin embargo aquí estamos.

Llevo muchos años plantándome por estas fechas y proponiéndome miles y miles de cosas que a veces consigo cumplir y otras no. Supongo que se trata de acertar con el nivel de exigencia con uno mismo. Mi nivel, últimamente, ha caído por los suelos. En definitiva, que ya no puedo confiar en mí como hace tiempo. El caso es que tras haber vuelto a las tradiciones, comer las uvas mientras sólo pisas con el pie derecho y brindar con oro en la copa tras las consabidas felicitaciones de año a los presentes, ahora me apetece tirar de propósitos para intentar obligarme a mí misma a hacer más de lo que creo que puedo.

Propósito nº1: Dejar de ser un ogro con quien menos lo merece.

Propósito nº2: Rescatar de algún rincón perdido mi paciencia.

Propósito nº3: Aprender a esperar a que pidan mi opinión para darla.

Propósito nº3: Sacarme más fotos con la chica más guapa de Bueu.

Propósito nº4: Terminar la segunda novela de la trilogía fantástica que estoy escribiendo.

Propósito nº5: Enviar la primera novela de la trilogía a una editorial (o a varias).

Propósito nº6: Terminar la primera parte de la saga de Comunicadoras (otra que estoy escribiendo).

Propósito nº7: Empezar un nuevo proyecto personal.

Propósito nº8: Recuperar la confianza en mí misma.

Propósito nº9: Escribir al menos cada domingo en el blog.

Propósito nº10: Aprovechar mejor el tiempo (que a veces quiere decir mirar hacia un lado, ver unos ojitos mirándote con cara de "juega conmigo, por favor" y dejarlo todo para hacer feliz a esa bola peluda...




Para terminar siendo tres en amor y compañía después de un ratillo de juegos.

En definitiva... Quiero aprender a disfrutar de la vida.





El año de Blade Runner

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