Archive for enero 2014




Blanco o negro, cara o cruz, noche o día... Cada página del calendario que voy arrancando, me acerca más y más a la gris divagación de un canto de moneda girando como una peonza a la luz de un ocaso caduco y marchito. ¿Cómo ver el mundo desde dos prismas tan diferentes a la vez? Mis principios se tambalean como un borracho a la puerta del único bar donde se han negado a servirle. Aguantan aferrados a unas ideas y unos sentimientos de acero forjado con los martillazos de años de auto crítica constructiva. Pero están fabricados para una época de honor, de buenas intenciones, de solidaridad y entendimiento que ni existe ni ha existido nunca. Vivimos una historia de cambios, de convulsión y desconcierto que tiene tantos precedentes que todos olvidan que no es única. Dentro de esta vorágine de sentimientos, vidas e historias propias y ajenas, padezco al fuego de una luz más oscura que viva un choque frontal con la realidad de los deseos de una justicia ciega que levanta el borde del pañuelo que le cubre los ojos. 

Inspiro, respiro.

Inspiro, respiro.

Inspiro, respiro.

Inspiro, respiro.

Y sigo...

Cada bocanada de aire quema el esófago, el estómago, los pulmones, el corazón... Arde todo el pecho con la rabia de saber perdida cada batalla antes de que comencemos a lucharla... Haces lo que puedes, lo que está en tu mano, lo que te permiten... Pero no es suficiente. Te exigen más... Todos, desde todos los ángulos, desde todas las esquinas... Y te piden (¡te ordenan!) que mientas, que inventes realidades inexistentes para agarrar con pinzas una historia que no se sustenta más que en páginas en blanco con sellos y firmas absurdas en una realidad en la que lo único que cuenta es la palabra de un mentiroso compulsivo prometiéndote una vida mejor. Todo por lo que has luchado se derrite ante tus ojos y se emborrona con las lágrimas de tu alma partiéndose en pedazos al unir tus firmas a las suyas, al ver cómo suceden ante tus ojos aquellas faltas a tus principios que jamás habrías deseado observar. Tu corazón se rompe con un ruido sordo que te deja entender que ya estaba seco antes de caer al suelo y soltar astillas de dolor sobre la piel de la moral tan fácilmente impuesta y tan poco cumplida.

¿Quién sabe lo que está bien y lo que está mal? A veces, la línea que separa ambos puntos se distancia tanto que podrías cruzar con ella el Atlántico en plan funambulista, caminando en la cuerda floja de una legalidad más injusta e inmoral que tus propios pensamientos. Te planteas cuánto de ti queda en el cascarón que se vacía por momentos, del que succionan las ideas, las ganas, las fuerzas y hasta la personalidad, para dibujar en ti al objeto de uso ilimitado que todo el mundo se empeña en ver... Y ríes, lloras, caes, te rompes de nuevo, te recompones... Eso es la vida, lo sé... Pero no debería ser sólo una parte de tu vida, no debería ser una decepción constante algo que debería hacernos sentir orgullosos, útiles, parte de algo grande, inmenso, grandioso... En lugar de todo esto, la decepción se abre paso reptando entre mis pies, enredándose en mis tobillos para hacerme caer cuando menos lo necesito, cuando la gente que realmente me apoya sí me necesita en pie, como una torre alta y segura enfrentándose al gigantesco mar, como en aquel poema de Bequer que siempre repetía la profesora de literatura del bachillerato... Ese de la torre que se enfrenta al mar y en la que uno de los dos, no se sabe muy bien cuál, tiene que perder: "¡No pudo ser!".

Cierro los ojos y dibujo un mundo paralelo, perfecto, justo e igualitario... Pero las sombras de la vida se cuelan y convierten los sueños en pesadillas, arrojando la oscuridad sobre la luz de mi consuelo. "Necesito unas vacaciones", pienso. Pero no se pueden tomar vacaciones de la vida, no se puede pretender olvidar o incluso aparcar sólo por un rato, lo que tan hábilmente te persigue hasta que te amarra en las mazmorras de un castillo lóbrego y sombrío que tu propia imaginación ha tenido a bien crear. Cierro los ojos y suspiro, pienso que quizás al volver a la rutina mejore algo, pero probablemente la bola de nieve crezca lo suficiente como para golpear al muñeco que hace tantos años había construido con la alegría y la ilusión de una niña/adolescente. No sobrevivirá al choque... ¿Lo harán mis ideas? ¿Mis principios? ¿Cederé como ya me han vaticinado que haré? "Un año", me dijeron... "Le doy un año a tus principios". Ha pasado tiempo desde entonces... Más de un año... Se defienden, pelean con uñas y dientes... Muerden, gritan, lloran de impotencia... Y las ganas de dejarse llevar a veces superan a las de hacer lo correcto. Cuando ves que con todo lo que haces, no cambias nada, que no supone una diferencia... Todo se desmorona de alguna forma y no puedes hacer más que esperar que se pase, sabiendo a ciencia cierta que existe algo mejor, porque ya lo has vivido, pero que quizás no vuelvas a sentir jamás...

¿Decepcionada? ¿Ya? Quizás... O quizás no... Intento respirar... Inspirar... Soltar el aire lo más lentamente posible y levantar la cabeza para seguir caminando con el orgullo intacto. A pesar de que la imagen que tengo de mí no sea la que me habría gustado hace tres años, cuando comenzó toda esta andadura...



En medio

Posted by : Any R 0 Comments

Hay un punto de blancura níveo, casi azulado, que define la luz de un nuevo día tras la caminata de media hora antes de que salga el sol. Es un punto de color que contiene en su prisma hasta el ápice más pequeño de un espectro tan amplio como el mismísimo universo. La vida sigue girando en una vorágine de silencio triste y amable carcomido por la costumbre de un corazón desapasionado y abandonado al llanto en una fría noche invernal. Se acerca el invierno, lo vivimos y se va. El tiempo no espera y sacude las ramas de los árboles cubiertas de nieve con la violencia de un ciclón con ansias de ciclogénesis venida a menos en el centro de un país convulsionado que clama a gritos por una salida cada día más lejana.
No he dormido bien y estoy un poco irritable. Supongo que lo pago con las letras que tan fácilmente resbalan por entre mis dedos en un smartphone cabreado con el mundo y sin demasiada batería... Las letras forman palabras, las palabras frases y las frases sentimientos incompletos que se acaban con la mirada experta de unos ojos que siguen cada caracter bailarín a lo largo de este blog, mi hogar, cada vez más mío y firme reflejo de mi alma que en los últimos años parece haberse simplificado hasta la saciedad. Intento respirar hondo y mi pecho se comprime bajo el peso desmedido de mi salvavidas personal. Ni siquiera soy capaz de pensar o abrir los ojos para enfocar algo más que la pantalla de este dispositivo móvil que tanto ayuda en distintas ocasiones...

Nieve

Posted by : Any R 0 Comments


Un año nuevo que comienza. Un mundo nuevo de oportunidades y la ocasión para enderezar nuestras vidas y hacer las cosas bien... Vaya sarta de patrañas que nos obligamos a creer, ¿no? Ponemos ese límite para poder decirnos a nosotros mismos que toca hacer borrón y cuenta nueva para comenzar con más fuerza, con más ganas, con calma y mesura un renovado camino en línea recta por nuestras vidas. Sin embargo, a eso del 15 de febrero nos damos cuenta de que todo sigue igual, de que se nos acaba el tirón de la novedad y de que ya podemos ir cagándola para mentalizarnos con tiempo de que el año que venga será mejor y lo afrontaremos con más energías dispuestos al cambio. Blablabla... Propósitos absurdos que se quedan en nada. Y 2013 se convierte en un tabú, en una mala añada de vino picado que ya nadie quiere beber. Es el año de Rajoy, de los tijeretazos a sanidad y educación, del cambio en la ley del aborto, de la tasa de paro más alta en nuestra historia, de las leyes mordaza y las manifestaciones pacíficas a botellazo limpio con policías con cascos y con escudos heridos por la turba pacifista que aparece valientemente a cara tapada y con la violencia como bandera del cambio que en el fondo nadie desea que se produzca con las ganas suficientes. Es el año de la pérdida de almas a manos de las despiadadas vías del tren en mi ciudad, donde compartiendo estancia con las familias de los críticos descubres el poco valor que la vida tiene para alguna gente y lo terrible que puede ser a veces dejarla ir. Es el año de los errores médicos que a punto estuvieron de dejarme huérfana del todo, arrancando de mi vida una parte tan importante que sin ella me costaría hasta respirar. El año de las dudas, de los cantos de sirena, de la rabia, del abandono, del suicidio y la tristeza. Es el año de los juicios a ladrones de guante blanco manchado de mierda de tanto dar por culo a los españoles de abajo, que se dejan el dinero encantados en fútbol y toros y pinchos de tortilla con la cervecita en el bar, pero que no tienen para comer carpaccio ni vestirse de Lacoste... Pobres, somos muy pobres. Es el año de las locuras, de que alguien quiera el abandono antes que la familia, de que le vuelen los pájaros hacia el sur sin pensar en las consecuencias y en el daño que deja tras de sí. Y es también el año de los silenciosos, de aquellos que no tienen nada,  de los que pasan hambre y frío, de los que lo habían tenido todo hasta que a los Bárcenas y Urdangarines del país les dio por poner la mano y llevarse la caja de caudales al bolsillo. Es año de derrotas, de arrastre, de partidos perdidos y de Barças-Madrices que ver desde el escaparate de un bar porque las bajadas de sueldo en los trabajos cada vez más precarios y en el subsidio del paro no deja espacio para el café futbolero. Vaya puta mierda de año, hablando en plata...

Y entonces llega aquí una servidora, meneando la cabeza al pensar en todo eso. Piensa: "joder, si el año ha sido tan horrible, ¿por qué yo he sido tan feliz?"

Fue en el 2013 cuando por primera vez en mi vida una pareja ha decidido que valgo lo suficiente como para cruzar medio país conmigo, apostando por una relación que día a día hace que me sienta orgullosa de haber hecho caso del runrún que me decía que "esta vez sí". Fue el 2013 el que a punto estuvo de quitarme a mi madre, sí, pero también el que me la ha traído de vuelta más consciente de que la queremos con todo nuestro corazón. Ha sido el 2013 un año de cambios, algunos bonitos, otros tremendamente impactantes y negativos,  pero rotundamente necesarios. Ha sido el año de los cambios de compañeros, de los cambios de horarios, de los cambios de dieta, de los cambios de decoración, de puzzle, de precio en el alquiler... Ha sido el año de los juegos de mesa, de las decepciones amables y bien aceptadas... Mirando atrás desde aquí arriba,  desde el lugar al que he conseguido llegar, desde el centro de mi mundo, de mi familia, de mi hogar y mi vida... Mirándolo todo desde aquí,  me resulta imposible decir que alguno de los años que me ha guiado hasta aquí haya sido malo. ¿Es egoísta por mi parte? Si lo es, pido perdón... Porque no voy a dejar de hacerlo.

Feliz 2014

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