Posted by : Any R miércoles, enero 01, 2014



Un año nuevo que comienza. Un mundo nuevo de oportunidades y la ocasión para enderezar nuestras vidas y hacer las cosas bien... Vaya sarta de patrañas que nos obligamos a creer, ¿no? Ponemos ese límite para poder decirnos a nosotros mismos que toca hacer borrón y cuenta nueva para comenzar con más fuerza, con más ganas, con calma y mesura un renovado camino en línea recta por nuestras vidas. Sin embargo, a eso del 15 de febrero nos damos cuenta de que todo sigue igual, de que se nos acaba el tirón de la novedad y de que ya podemos ir cagándola para mentalizarnos con tiempo de que el año que venga será mejor y lo afrontaremos con más energías dispuestos al cambio. Blablabla... Propósitos absurdos que se quedan en nada. Y 2013 se convierte en un tabú, en una mala añada de vino picado que ya nadie quiere beber. Es el año de Rajoy, de los tijeretazos a sanidad y educación, del cambio en la ley del aborto, de la tasa de paro más alta en nuestra historia, de las leyes mordaza y las manifestaciones pacíficas a botellazo limpio con policías con cascos y con escudos heridos por la turba pacifista que aparece valientemente a cara tapada y con la violencia como bandera del cambio que en el fondo nadie desea que se produzca con las ganas suficientes. Es el año de la pérdida de almas a manos de las despiadadas vías del tren en mi ciudad, donde compartiendo estancia con las familias de los críticos descubres el poco valor que la vida tiene para alguna gente y lo terrible que puede ser a veces dejarla ir. Es el año de los errores médicos que a punto estuvieron de dejarme huérfana del todo, arrancando de mi vida una parte tan importante que sin ella me costaría hasta respirar. El año de las dudas, de los cantos de sirena, de la rabia, del abandono, del suicidio y la tristeza. Es el año de los juicios a ladrones de guante blanco manchado de mierda de tanto dar por culo a los españoles de abajo, que se dejan el dinero encantados en fútbol y toros y pinchos de tortilla con la cervecita en el bar, pero que no tienen para comer carpaccio ni vestirse de Lacoste... Pobres, somos muy pobres. Es el año de las locuras, de que alguien quiera el abandono antes que la familia, de que le vuelen los pájaros hacia el sur sin pensar en las consecuencias y en el daño que deja tras de sí. Y es también el año de los silenciosos, de aquellos que no tienen nada,  de los que pasan hambre y frío, de los que lo habían tenido todo hasta que a los Bárcenas y Urdangarines del país les dio por poner la mano y llevarse la caja de caudales al bolsillo. Es año de derrotas, de arrastre, de partidos perdidos y de Barças-Madrices que ver desde el escaparate de un bar porque las bajadas de sueldo en los trabajos cada vez más precarios y en el subsidio del paro no deja espacio para el café futbolero. Vaya puta mierda de año, hablando en plata...

Y entonces llega aquí una servidora, meneando la cabeza al pensar en todo eso. Piensa: "joder, si el año ha sido tan horrible, ¿por qué yo he sido tan feliz?"

Fue en el 2013 cuando por primera vez en mi vida una pareja ha decidido que valgo lo suficiente como para cruzar medio país conmigo, apostando por una relación que día a día hace que me sienta orgullosa de haber hecho caso del runrún que me decía que "esta vez sí". Fue el 2013 el que a punto estuvo de quitarme a mi madre, sí, pero también el que me la ha traído de vuelta más consciente de que la queremos con todo nuestro corazón. Ha sido el 2013 un año de cambios, algunos bonitos, otros tremendamente impactantes y negativos,  pero rotundamente necesarios. Ha sido el año de los cambios de compañeros, de los cambios de horarios, de los cambios de dieta, de los cambios de decoración, de puzzle, de precio en el alquiler... Ha sido el año de los juegos de mesa, de las decepciones amables y bien aceptadas... Mirando atrás desde aquí arriba,  desde el lugar al que he conseguido llegar, desde el centro de mi mundo, de mi familia, de mi hogar y mi vida... Mirándolo todo desde aquí,  me resulta imposible decir que alguno de los años que me ha guiado hasta aquí haya sido malo. ¿Es egoísta por mi parte? Si lo es, pido perdón... Porque no voy a dejar de hacerlo.

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