Archive for agosto 2009

Cierro los ojos con tu calor sobre mi pecho. Has dejado la mano justo allí encima. Pero cuando vuelvo a abrirlos, ya no estás. ¿Te has ido? ¿O quizás me engaño y nunca has estado? Me levanto pensando en ti, para variar. Suspiro y miro alrededor. ¿Dónde estoy? Las telas de la tienda de campaña me confunden. Tardo algunos minutos en asimilar que de nuevo he regresado al campamento militar, que estoy dentro de mi tienda, que debo levantarme y ensillar a Turnedo para seguir cabalgando con mi ejército hacia tu territorio, hacia tu castillo ambulante.

Consigo despejarme ligeramente al empapar mi cara. Suspiro de nuevo. No puedo dejar de pensarte, no puedo dejar de recordar esos sueños en que te tengo, en que apoyas tu mano sobre mi piel y la deslizas dibujando una caricia. Un escalofrío me recorre el cuerpo entero. Pensarte siempre me provoca esas sensaciones. Cierro los ojos y te pienso un instante más, libre de todo lo que no seas tú. Pero el ruido del campamento me devuelve a la realidad. Me devuelve a la coraza metálica que descansa junto al camastro, llena de polvo y tristeza. No la limpiaré hasta que no haya tomado tu castillo. No importa que pese más, no importa que desluzca su brillante metal negro, no importa. La tomo entre mis manos, haciendo un pequeño esfuerzo para levantarla y llevarla a la altura de mi pecho. Descubro que, irónicamente, no podré cerrarla sola... Pero en ese momento entra en la tienda.

- Princesa, las tropas están listas para partir.

- Pero yo no... Ayúdame.

Con destreza, más de la que yo tengo, cierra el metal sobre mi cuerpo, ajustándolo.

- Princesa, la próxima vez que detengamos el campamento, permitidme limpiar vuestra armadura.

- No.

No hace falta que diga más. Se retira, dejándome de nuevo sola. Dejándome de nuevo con tu recuerdo, con tu idea, con tu imagen grabada en mi mente. Contigo, sólo contigo. Es con quien quiero estar. Turnedo relincha nervioso fuera de la tienda. Ya es hora de partir. Él me espera. Tú me esperas.




Non, o rapás turnedo non lee tarde... Leva sempre o seu propio ritmo, cando os demáis van, el xa volta. Sempre por diante, sempre sen medo, sempre cun sorriso que ás veces só comeza nos seus beizos. Sempre coa mirada clara e limpia, sempre cun obxectivo nos seus ollos, fotografando a realidade para entregárnola ben escollida, ben organizada, ben atractiva para mostrarnos que sempre vaga a pena. Non, o rapás turnedo non lee nunca tarde. Sempre cando o ten que facer. Sempre cando toca. Sempre cando é necesario que o faga. Sempre ó seu ritmo.

Soñando que te sueño

Posted by : Any R 8 Comments
Llegar al punto de que te tiemblen las manos... No es fácil. O sí... En mi caso hizo falta una bronca entre monitores y examinadores, un compañero suspenso y tiempo... Toda la mañana de hecho.

Cuando subí al coche, lo hice con auténtico pánico. Me temblaban las manos. Había tenido suerte y las amenazas de lluvia o niebla se habían disipado. Sólo quedaba la carretera, la moto y yo. Y, por supuesto, la examinadora... Fui la segunda de la tercera ronda en subirme a la moto. Apróximadamente las 12 del mediodía. Me temblaba hasta la voz al responderle a la examinadora que sí, que estaba lista y que recordaba todo lo que le había dicho antes a mi compañero. Así que arriba, colocar los espejos, encender motor y adelante.

Primera en la frente.

- Haga el favor de levantar el chisme, que se le ha quedado.

¿Chisme? Mierda... Intuí que podía ser el pie de la moto. Miré... Pegué un taconazo y lo solucioné. ¿Eso es falta? No lo sabía... Más me valía continuar bien. Cogí la primera rotonda con la certeza de estar haciéndolo bien. Siempre por la derecha, sólo señalizamos cuando vamos a salir de ella. Segunda llamada de atención:

- Adecúe la velocidad a la vía.

Sinceramente, no recordaba la velocidad de aquel tramo, venía de uno de 40 y subí hasta 60. Pretendía hacerme ir más rápido. Bien, no me asusta la velocidad. Aunque sí me asustó el cabrón que puso el intermitente y luego continuó hacia mí por la siguiente rotonda. Casi me salgo del carril... Aguanté. Menos mal... Autovía. Veo la señal de 120 y me emociono... Empiezo a acerlerar a cambiar marchas, pero la moto no subía de 80. ¿Limitadas? Ahora me entero...

- Por favor, Ana (con voz hastiada) por aquí puede ir más rápido.

- No.

- ¿Es que la moto no va?

- No, no va más.

Intervino mi monitor para decirle que estaban limitadas a 80 km/h. Miro el cuentakilómetros... Marca 90. Sonrío y continúo. Me hace salir por San Marcos y me encuentro a un camión de frente, ocupando prácticamente todo el carril. La moto cabía, así que ni corta ni perezosa pasé. El coche tuvo que esperar.

- En la próxima intersección, gire a la izquierda.

Odiaba ese cruce, pero me lo pusieron fácil, así que sin problema. Continué hasta hacer un cambio de sentido, recorrí todo el camino hasta Santiago, paseé por media Fontiñas, subí hasta la carretera del estadio de San Lázaro. Y entonces sí...

- Pare a la derecha en cuanto pueda.

- ¿Que gire a la derecha?

- No, que pare a la derecha en cuanto pueda.

- Vale.

Línea amarilla continua.

- Ana, ¿me está escuchando? Que pare por donde pueda.

- Ya.

- ¡Que pare!

Freno en seco. ¿Quiere que pare allí? ¿Le importa un comino la línea continua?

- Ala, muy bien, justo encima de la intersección.

- (Bufido) Vaaaale.

Continúo, cruzo la intersección y me detengo detrás de un coche aparcado en el carril de la derecha.

- Ana, ¿me escucha cuando hablo?

- ¿Qué?

- ¿Que si me escucha cuando hablo?

- Ah, a veces sí...

- ¿Y no me escuchaba decirle que parase?

- Sí, pero tendré que mirar dónde puedo hacerlo, ¿no?

El monitor viene hacia mí haciédome gestos de que baje los humos. Yo me calmo. Y me meto en el coche... El trayecto de vuelta se me hace excesivamente largo... Aunque al parecer a mí ha sido a la que más tiempo me ha tenido sobre la moto...

Cuando el monitor volvió a subir al coche, llamó mi atención y me guiñó un ojo, sacándome la lengua y levantando el pulgar. Estaba hecho.

Está hecho. Madre mía... Puedo respirar...

Algo menos que temer...

Posted by : Any R 9 Comments
Comencé el día con una rabia de estas que parece que harán estallar tu pecho en miles de pedacitos, como daños colaterales de una guerra fratricida. Mi corazón contra mi cuerpo. Y lo peor, que mi cabeza no se enteraba de nada... ¿Por qué? ¿De dónde viene toda esta rabia? Al parecer algo se desató... Y los dientes rechinaron durante la mitad del día, toda la mañana, intentando sonreír para no tener que explicar más de lo necesario.

Luego, en el gimnasio, agotar los músculos hasta que no daban más de sí. Cargar todo el peso posible, hacer el número máximo de repeticiones, comenzar el día corriendo dos kilómetros en cuesta, acabarlo en bici... ¿Resultado? La rabia se difuminó por completo. Llegué a casa tan dolorida que apenas notaba las gotas de lluvia resbalando por mi cuero cabelludo. Porque sí, llueve de nuevo. Tras un fin de semana de playa, tras quemarse el culo al sol... llueve. Esto es Santiago, señoras y señores.

Gracias a los ángeles del firmamento (o mejor dicho a mi hermano, que es mejor que las huestes celestiales), la comida estaba hecha cuando llegué a casa. Así que cogí el plato con los espaguetis a la siciliana y me tiré en el sofá a continuar viendo "Hijos de Dune". Maldita la hora... Acabé boquiabierta, con un plato entre las manos, secando con la manga de la camiseta las lágrimas que me surcaban las mejillas. ¿Por qué? Mi mente seguía más perdida que un pulpo en un garaje.

Luego a estudiar, ir hasta el polígono a por la práctica para el examen de mañana... En fin... Lo normal...

¿Resultado del día? Un dolor de cabeza que me impide pensar, que me impide apenas abrir los ojos... Y miedo... Un miedo irracional... ¿Al examen? Puede... ¿A perderla? Puede... ¿Al hormigueo de los dedos de la mano izquierda? ¿Al dolor intenso de mis antebrazos? ¿A fracasar de nuevo? Miedo... Sí, miedo... ¿A qué? ¿Realmente importa? Sólo es un sentimiento más en la amalgama que se ha vuelto mi pecho hoy... Sólo es uno más...



¿Y cómo caminas para alcanzar tus metas? ¿Cómo lograrlo?
"Óyeme esto y dime lo que piensas tú..."

Día completo

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LLUVIA



Comenzó siendo niebla baja, pero a lo largo del día, mientras se iba retirando, la lluvia tomó su lugar. Llevando las sandalias, los piratas y con una camiseta sin mangas, era normal que me empapase. Sin embargo, a medida que las pequeñas gotas iban resbalando por mis brazos desnudos, por mi pelo recogido, por mi cara... Mis labios se curvaron en una sonrisa. ¿En qué pensaba?

Sí... En ti...

Pensaba en el agua resbalando por tu pelo, por tu rostro, por tus labios... Me encantaría besarte entonces... Recoger con mi boca la humedad de la tuya, mientras la lluvia sigue cayendo sobre nosotras, incansable.

Siempre me ha encantado. Creo que gracias a eso no me volví loca en esta ciudad donde llueve una media de 300 días al año. Admito que cuando me fui a Coruña me acostumbré a otro clima más amable. Y regresar no fue tan fácil como pensaba... Pero seguirá encantándome aunque últimamente me deprimiese tanto. Además, desde que existes, desde que hablé contigo sobre el tema, desde que me formé la imagen de tu sonrisa a centímetros de la mía mientras el agua se cuela entre nuestra ropa, entre nuestros cuerpos, sin que nos inmutemos, sin que nos importe... Desde ese preciso momento, la lluvia ha recobrado todo su explendor en mis sueños. Y sobre todo en mis sueños contigo.

Es imposible... Ya ni lo intento... Te cuelas en todos mis pensamientos.



"Chuva, quero chuva
Tua chuva sobre mim"

Lluvia

Posted by : Any R 10 Comments
Entro en el coche y él arranca. Sonrío con la primera frase que me dirige... (en gallego, por supuesto, pero por deferencia al idioma que utilizo haré la pertinente traducción).


- Llevo casi un mes sin tocar el coche, así que mientras decides dónde cenamos nos damos una vuelta.


Pone la música. Una nueva lista de reproducción. Lo consigue finalmente, tras varios puteos de la radio del coche, como siempre. Entonces sonríe y da un par de golpecitos al estéreo.


- Mantiene el ritmo hasta la quinta canción. Luego es imposible mantenerse ahí mucho tiempo.


Saco el brazo por la ventanilla y dejo que lo acaricie el aire... Cierro los ojos por momentos. La música es intensa... La primera canción pone muy alto el listón, pero la segunda está a la altura...


- Por ahora funciona.

- Sí... Funciona...


Anochece mientras nos paseamos haciendo chirriar las ruedas en las rotondas.


- El otro día hubo una lluvia de estrellas y me tumbé en el alfeizar de la ventana para verlas. Y de pronto escuché los chirridos de los neumáticos de un coche en el Pedroso. Pensé "¿será él?".


Él sonríe.


- No estaba aquí. Sino... Podría haber sido...


Cuando aparcamos ya es noche cerrada. Dejamos el coche en la zona nueva y nos vamos paseando por las calles de Santiago, cambiado, distinto, para los dos... Hace tiempo que ninguno de los dos vive en esta ciudad. Él en Madrid, yo... Yo no vivo en Santiago.


- ¿Dónde vamos a cenar?

- Donde quieras.

- ¿Donde nos den?

- Vale. Pero vamos hacia la zona vieja.


Al entrar entre las dormidas piedras de las calles antiguas, el calor se hace más insoportable. La piedra absorbe durante todo el día los rayos del sol, para caldear el ambiente nocturno. Recorremos calles por las que nunca solemos pasar, dejando que nuestros pasos nos guíen. Acabamos en un restaurante donde le conocen, donde se meten con su cambio de indumentaria. Pantalón de vestir, camisa y sin gorra...

Le echaba de menos. Nunca me doy cuenta de cuanto hasta que me subo al coche, sube la música y comienza a hablar de coches de más de 400 cv, de la intensidad de una lista de reproducción, de viajes, de detalles, de sueños rotos, de vidas cruzadas, de esperanzas cumplidas, esperanzas truncadas, esperanzas perdidas... Cuando habla y yo escucho, cuando no meto baza, cuando permanezco callada, escuchando, como una esponja, empapándome en él, reviviéndome. Estas dos últimas semanas fueron agotadoras. Él fue el final perfecto para sentir que todavía tengo que continuar hacia adelante, que me queda mucho por hacer, que me queda un mundo por ver, una vida que encontrar, esperanzas que cosechar y que dejar estallar contra el suelo.

Siempre, siempre, siempre... Siempre descubro algo nuevo con él cerca. Cuando él aparece, la magia está en el aire. Es mi chico Turnedo...


-Eres peor ca min...

- Xa...




Y a ti, a la chica que no quiere dejar mi cabeza ni un sólo instante, a la que se ha colado en mi vida, en mi corazón... A la culpable de mi sonrisa de cada mañana, de que muerda mi labio cada noche al romperse las ganas de tenerla... A ti, a la mujer que me roba el aire... "Si no respiro es por no ahogarme"...



"Te he dejado en el sillón las pinturas y una historia en blanco.
No hay principio ni final, sólo lo que quieras ir contando..."

El regreso de mi chico Turnedo

Posted by : Any R 4 Comments
Mientras tomábamos la merienda en el campo, uno de los niños encontró un trébol de cuatro hojas. Luego otro... Y en la última clase, con los medianos, una le regaló un tercer trébol a una amiga. Sonreí.

- ¡Guárdalo que trae suerte!

Llegué a casa agotada. De hecho ahora mismo abro la boca en bostezos inmensos, con ganas de dejarme caer sobre el sofá, sobre la cama, o cualquier superficie blanda y dejarme arrastrar al mundo de los sueños. Quizás tenga suerte y me lleve hasta ti. Pero no, tengo cosas que hacer... Y no puedo dormirme ni metafórica ni literalmente... Así que a resistir.

Salí a pasear al perro, por la zona donde siempre encuentro cientos y cientos de tréboles. Y allí estaba, saludándome... Me agaché y lo sustuve entre mis manos. Pero antes de arrancarlo, sonreí, lo solté, me levanté, saqué el móvil del bolsillo y...



Y tras hacer esta foto continué andando, dejándolo atrás. ¿Por qué? Lo único que podía pensar con la sonrisa grabada en el rostro mientras caminaba dejando que Pancho tirase de mí, era que ya tengo toda la suerte que pueda desear. Te tengo a ti...


Cambiaría algunas partes de la canción... Yo no te diría que eres mi mitad. Te diría que eres mi puzzle... ;P

Suerte

Posted by : Any R 8 Comments
No importa que sepas de antemano cómo acabarán las cosas. Cuando ocurra, no podrás evitar las emociones, los sentimientos, las lágrimas... ¡Oh, mierda!

Qué tremendista soy, ¿verdad? Llevo como hora y media llorando. Aproximadamente lo que dura el último capítulo de "Los hombres de Paco". Sí, lo sé, lo sé... No es como para admitirlo, que una tiene una reputación... Pero en fin, nunca me arrepiento de admitir que he llorado. Además opino que cuando más guapa está una mujer es cuando llora... O al menos yo, será que mi cabecita para que me calme, me hace verme más guapa cuando me miro al espejo con las lágrimas resbalando por mis mejillas, la nariz congestionada y las mejillas coloradas.

Lunática me había desvelado el final en uno de sus posts. Y me ocurrió como con Titánic. Me pasé el último capítulo esperando la muerte. Pero cuando llegó... Las lágrimas empezaron a rodar cuesta abajo, los sollozos se escaparon de mi pecho... Y ala... Llorera va... Mierda... ¿Por qué coño tengo que ser tan jodidamente sensible? El caso es que ahora intento parar, pero no puedo... A veces me cuesta creer que hubiese épocas de mi vida en las que no era capaz de emocionarme de esta manera, en las que el nudo de la garganta retenía las lágrimas antes de que llegase siquiera a pensarlas.

Sólo tengo un problema con las lágrimas. Me gusta compartirlas con alguien... En ocasiones fue mi ex, en otras alguna amiga, mi madre, mis hermanos... Recuerdo otro capítulo final, el de Xena. Aquel día sentí que no tenía con quien compartirlas. Y curiosamente acabé comenzando una historia sentimental a distancia con un sms... Ahora... Ahora sé con quién querría compartirlas. Pero supongo que es mejor abrir el blog, desahogarme, dejar que los sentimientos se diluyan al pensar en que es sólo ficción... Y dejar de imaginar lo que pasará después... Dejar de situarme en los papeles de los personajes.

Bueno, yo no voy a hacer spoiler. Pero recomiendo a todo el mundo que no vean ese capítulo. Es curioso. Siempre he pensado que las buenas historias sólo tienen un final posible, que acabas pensando "es lo único que podía pasar" y eso es lo que consuela el dolor empático. Pero esta vez, puede que la historia no sea buena. Yo, personalmente y como guionista, no la habría acabado así. ¿Qué es lo que quiere ver el público? ¿Qué...? Joder, ya me había olvidado de lo mal que me quedo después de algo así... Ufffff, se me pasará... Pronto, espero.



Realmente no entiendo la elección de la canción... Pero me ha emocionado...

Llorera

Posted by : Any R 10 Comments

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