Archive for abril 2010

Primero, visualizad el vídeo. Si yo, que no tengo ni pajolera de inglés lo he entendido, no os costará demasiado.



Y ahora, os digo en qué voy a creer yo. Bien, describiré mis pasos.

Paso nº1: Me levanto del escritorio.

Paso nº2: Camino hacia la estantería de mi cuarto con libros de fantasía (una de ellas, dios, no sabía que tenía tantos... xD).

Paso nº3: Alargo la mano y cojo el primero que me cuadre.

Ha tocado "El señor de los anillos".

¿Sabéis qué? En la antigüedad, había varias razas en el mundo, antes de que la tectónica de placas separase del todo ese continente uniforme. Existían los Elfos, los Enanos, los Orcos (que alguna vez habían sido elfos), los Hombres... Con el tiempo, los hombres tomaron el dominio de la Tierra (sin Media, ¿vale? Hay que hacerlo creíble... O no, nos lo creeremos igual, ¿no?) y expulsaron a las demás razas. Los elfos volvieron con Iluvatar a la morada de los Valar y los enanos se escondieron en las profundidades de la tierra. Por eso ahora sólo hay humanos en la superficie. Creamos a pies juntillas en un Hobbit, un pequeño de pies peludos que arriesgó su vida para destruir al mal en la Tierra. Creamos a pies juntillas que Tolkien sabía de lo que hablaba. Creamos a pies juntillas que ese libro dice la verdad del pasado de nuestro mundo...

Bueno, un par de libros más allá, podría haber cogido la Biblia... Cómo cambiaría la historia, ¿no?


Niños, no creáis en la evolución, que os lo dice el mayor Best Seller de la historia.


Voy a creer

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Recibió el golpe como una descarga eléctrica que atontó cada uno de sus sentidos. La sangre se agolpaba en su ojo y teñía de rojo el atardecer anaranjado. Se recompuso y volvió a levantarse. No dejaría de luchar. Otro golpe, esta vez en la pierna, destrozó sus ropas y se clavó como un desgarrador frío azulado que se extendía por todo el cuádriceps. Reprimió un grito y cayó sobre una roca, se abrazó a ella, se aferró a la dureza, a la resistencia de la piedra entre sus brazos. No podía rendirse, no debía, no era una opción...





Tomó el aire con furia. Resbalaba por su garganta como si ardiese. Quemaba, quemaba tanto como la ira, como la rabia, como la frustración. Quería llegar. Quería llegar de una vez por todas al lugar donde se suponía que debía estar, fuese cual fuese. Pero cada vez parecía más lejos, por más camino que recorriese, siempre quedaba más, mucho más, infinitamente más. Y esa mole no le dejaría pasar. Había perdido la espada, estaba herida, no podía enfocar su mirada con claridad... Pero no importaba... Rendirse no era una opción. Temblando, levantó la mirada y la centró en el enorme caballero de armadura negra.





Ella era la princesa de Jade. Era el capitán de su ejército, la soberana de su pueblo... Era el caballero, era la única dama que había sobrevivido a la caída de Jade. No, rendirse no era una opción. Seguiría adelante costase lo que costase. Y sólo había dos finales posibles: el éxito... O la muerte...




Cuando rendirse no es una opción

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