Posted by : Any R lunes, enero 06, 2014


Hay un punto de blancura níveo, casi azulado, que define la luz de un nuevo día tras la caminata de media hora antes de que salga el sol. Es un punto de color que contiene en su prisma hasta el ápice más pequeño de un espectro tan amplio como el mismísimo universo. La vida sigue girando en una vorágine de silencio triste y amable carcomido por la costumbre de un corazón desapasionado y abandonado al llanto en una fría noche invernal. Se acerca el invierno, lo vivimos y se va. El tiempo no espera y sacude las ramas de los árboles cubiertas de nieve con la violencia de un ciclón con ansias de ciclogénesis venida a menos en el centro de un país convulsionado que clama a gritos por una salida cada día más lejana.
No he dormido bien y estoy un poco irritable. Supongo que lo pago con las letras que tan fácilmente resbalan por entre mis dedos en un smartphone cabreado con el mundo y sin demasiada batería... Las letras forman palabras, las palabras frases y las frases sentimientos incompletos que se acaban con la mirada experta de unos ojos que siguen cada caracter bailarín a lo largo de este blog, mi hogar, cada vez más mío y firme reflejo de mi alma que en los últimos años parece haberse simplificado hasta la saciedad. Intento respirar hondo y mi pecho se comprime bajo el peso desmedido de mi salvavidas personal. Ni siquiera soy capaz de pensar o abrir los ojos para enfocar algo más que la pantalla de este dispositivo móvil que tanto ayuda en distintas ocasiones...

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