Posted by : Any R viernes, mayo 28, 2010

Llevo toda la semana itentando imponerme una rutina. A pesar de las altas horas a las que me acuesto,el despertador me da un primer aviso a las 8:30, para que pueda acordarme de ti... O más bien para que pueda hacer que me recuerdes. Para cuando lo haces, yo ya había vuelto a dormirme, pero me encanta depertarme "contigo". El siguiente toque de aviso es a las 9:30. No suelo hacerle más caso que el necesario para aplazarlo diez minutitos más. Y otra vez. Y otra... Me dan las 10. Entonces me levanto, me quito las lentillas y me visto. Pancho ya suele estar rondando por ahí para pedirme que le saque. Suelo hacerme un poco de rogar, pero al final cojo alguna fruta y le pongo la correa para salir (a Pancho, no a la fruta).

Damos siempre la misma vuelta, cruzándonos con vecinos que hacen comentarios jocosos por el corte de pelo del perro o por mi indumentaria. Normalmente les ignoro. O respondo ese tipo de frases que quedan bien con cualquier pregunta o comentario: "Sí, seguro", "bueeeeno", "no sé yo...".

Volvemos a casa y Pancho se queda, pero lo cambio por el mp3 y vuelvo a salir. Tengo un recorrido fijo:



Tarde lo que tarde, quiero correr esa distancia todos los días. Habitualmente 36 minutos. Hoy... 38. Al dar los dos primeros pasos, el dolor se intensificó. Los músculos están cansados del tute de toda la semana. Están demasiado cansados. Un día más... Es lo único que les pedía... Un día más antes del fin de semana en el que podrían descansar... Pero no les daba la gana, me lo pondrían difícil. La primera cuesta fue un suplicio, a 30 segundos de haber comenzado a subir, una gran pendiente, pero muy poca distancia. Y entonces mi cuerpo, cabrón él, me susurró eso que tantas veces se me cuela en la cabeza: "No vas a poder...".

Hay un punto al que cuando llegamos, todo lo que nos rodea nos obliga a retroceder. Me siento así muy amenudo últimamente. Lo pensaba mientras corría... Lo pensaba por ti, lo pensaba por todas las circunstancias, lo pensaba por mis maltrechas piernas que no querían continuar corriendo... Y cuanto más lo pensaba, más rabia me daba. ¡¡¡Y UNA MIERDA!!! Iba a seguir corriendo, aunque no había llegado ni a la mitad del camino y ya estaba que me moría... No me importaba. Iría más despacio, daba igual... Un trote ligero, arrastrando los pies, pero sin dejar de correr. No dejaría de correr. Porque me niego a rendirme. Sé que esto es bueno para mí, sé que continuando sólo estoy consiguiendo lo que quiero tener, lo que deseo. Por eso no voy a rendirme aunque cueste, por eso voy a mirar hacia adelante y continuar corriendo aunque me pesen las piernas, haga sol y comience a costarme respirar. Seguiré aunque comenzar la última cuesta es un gran palo, seguiré porque sé que tras esa inmensa cuesta de alrededor de medio kilómetro hay una zona llana que se extiende casi hasta mi destino... Llegaré cansada, empapada en sudor, con ganas de tirarme una semana y no volver a hacer nada más... Pero al llegar me esperan 500 abdominales. Lo sé, pero no me importa. He vencido todo esto... Puedo con un poco más. Siempre puedo con más...

Es en serio... Puedo con esto, puedo con todo lo que tenga que afrontar. Puedo seguir corriendo cada mañana y puedo seguir corriendo para llegar a ti... Quizás no sean tres días, pero... Tarde o temprano, me dejarás llegar a tu lado... La espera... Sí, a veces es algo... Terrible... Pero supongo que no puede ser de otra manera. Toda gran recompensa requiere su esfuerzo. Y tú eres el mayor premio al que he obtado jamás. Así que simplemente seguiré corriendo. Es inevitable.



4 Responses so far.

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