Posted by : Any R jueves, noviembre 12, 2015



Entre la espada y la pared. Esa es mi vida. Intento pasar desapercibida o destacar, ni yo misma lo sé. Sea lo uno o lo otro, no lo consigo. Me quedo a medio camino entre la nada, al lado del muro contra el que siempre golpeo mi cabeza. Golpean por ambos lados. A veces el golpe viene por la izquierda, otras por la derecha. Quizás no hay muro... Los golpes son directamente contra uno u otro bando indistintamente. O no... Mejor si el muro soy yo... Y estoy harta. Estoy harta y cansada de que todo el mundo siempre quiera pegarse cabezazos contra mí. Si existiese la posibilidad, me apartaría para que la colisión quedase entre los cerebros de chorlito que se niegan a entender que no son objetivos por mucho que lo crean. Ni siquiera yo, que estoy en el puto medio, entre izquierdas y derechas, entre días y noches, entre perros y gatos, entre buenos y malos (de ambos lados)... Ni siquiera yo puedo ser objetiva al 100%. Pero tampoco soy parcial. Nadie me ha lavado el cerebro. No me posiciono, pero nadie se detiene a escucharme el tiempo suficiente como para entenderlo. Ni siquiera gente que me conoce... Ni siquiera gente que me ha dado las gracias por estar a su lado es consciente de que si me voy al otro es porque creo que hay justicia en ello. No piensan, no escuchan, no dejan explicar y luego argumentan que soy yo quien interrumpe. Me altero, me apasiono y pierdo la razón en las formas. Y me pierdo un poquito más hasta el punto de mirar al espejo y no encontrar esas partes de mí que siempre he valorado y admirado.

Y suspiro. Decido irme a la cama después de una vorágine de balas y sangre destinadas a aplacar mi furia, mi desconsuelo, mi frustración. Y al pasar, el aire que levanto arrastra huellas del pasado que obligan a mis ojos a humedecerse. Se hace difícil seguir escribiendo. Quizás ese es mi problema. No me ha abandonado la musa, ni he perdido la inspiración. Sencillamente cada vez es más complicado condensar en palabras la negrura y el desasosiego de este corazón tarado que me ha tocado en suerte llevar en el pecho.

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