Posted by : Any R domingo, noviembre 01, 2015


Escuché el sonido que hacía al caer al suelo y lo supe enseguida: había muerto. Algo llevaba meses diciéndome que pasaría. Intenté prepararme para ello, pero por un motivo o por otro, no fui capaz de hacerlo. Aunque lo que más me extraña es esa sensación de tranquilidad, de desinterés que tengo ante ello. Hice todo lo posible por recuperarlo, por traerlo de vuelta a mí, pero nada sirvió. Ni siquiera las manos expertas de terceras personas ayudaron a solucionar el problema. Ese pequeño rectángulo azul cayó de mala manera y la pletina se dañó definitivamente. A la mierda toda una vida de fotos y recuerdos. A la mierda toda mi música. A la mierda años de trabajo organizando y ordenando archivos... Y aún así, no sé por qué, no me importa lo suficiente. Quizás porque me niego a que algo material consiga hacerme el daño suficiente como para desestructurar mi vida de esta manera. Y sin embargo duele. Duele el no recordar qué imágenes no podrás recuperar jamás. Duele el saber que todas las copias de seguridad de imágenes del móvil se han ido al garete. Duele el pensar a cuánta gente voy a tener que movilizar para conseguir recuperar al menos un 40 o 50% de todas las fotografías que tenía. De la música ya no hablaremos. Y todo después de un mes tratando de hacer copias de seguridad que el propio disco duro se encargaba de eliminar. No sé por qué, pero algo me dice que esto tenía que ser así, tenía que ocurrir, tenía que sufrir esa pérdida. Y debido a ello, a esa sensación extraña de pitonisa que me invade, entiendo que si ha sucedido, no puede ser para mal jamás... Algo ocurrirá que me hará olvidarme de este suceso. Quizás haya fotos que valore más que todas las que he perdido esperando a ser recuperadas en las manos de algún amigo. ¿Quién sabe? Veremos qué sale de ahí...

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