Posted by : Any R martes, enero 11, 2011

Últimamente he sido una suerte de Orfeo que no podía evitar mirar atrás y contemplar cómo su bella Eurídice se desvanecía entre sombras. He asimilado, como Teseo, que el laberinto que me rodeaba era tan complejo que jamás lograría salir de él ya no victoriosa, sino sencillamente con vida. Y entonces ocurrió. Ariadna se acercó y me tendiò una fina hebra de hilo. En ese mismo instante supe que estaba salvada. En este mismo instante me he dado cuenta gracias a esa heroína de leyenda de que la vida está para lucharla, para seguir adelante. Porque si ella puede con el frío puñal que la vida le ha incrustado en las costillas, yo debo luchar con uñas y dientes contra los que me clavo yo misma.

Muchas gracias, Ariadna, por regresar a mi vida y poner a caminar de nuevo al mito.Y lo siento, siento no tener más que darte. Porque no me quedan más palabras. Y aunque me quedasen, no serían suficiente.


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