Posted by : Any R jueves, junio 09, 2011

En alguna parte del camino he perdido algo que a veces me tira del alma, como si no se hubiese desconectado del todo. Es como un sedal, fino e inapreciable a la vista, pero que todavía puede hacerte tropezar, incluso puede convertirse en una trampa. Sin embargo, no podría decir qué es, qué parte de mí se ha esfumado sin dejar rastro. Por las noches, cuando el monstruo de la vaguedad de los días me impide dormir, manteniendo mi mente despierta y activa, doy vueltas a todo lo que he vivido en los últimos nueve meses para encontrar todas las respuestas que me faltan, que no son pocas. De nuevo escribo, pero he dejado de dibujar, de pintar. A pesar de que algunos me han pedido que me esfuerce para llevarse un recuerdo de mí... Pero los pinceles se me antojan extraños al tacto y sería difícil encontrar la mezcla de colores adecuada. Así que las acuarelas que en su día me regaló el amor descansan al fondo del cajón esperando una pizca de agua que ayude a llenar de nuevo mi mundo de color.

Escribo, sólo escribo. Sólo dejo que los ojos y los dedos resbalen, bailen, sobre el teclado táctil del artefacto comunicador tan nulo que tengo. Y cuando las pausas te llevan a explicar el porqué de tus acciones, sabes que ha llegado el momento de parar.

Es como si no estuviese aquí, como si no existiera, como si a cada paso fuese perdiendo un pedacito más de mí. Que a veces está dentro, pero otras está fuera...

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