Posted by : Any R viernes, diciembre 02, 2011

El frío huele a madera quemada. Es igual que la lluvia, que huele a tierra húmeda... Al menos, son los olores que tienen para mí después de estos pocos años que llevo dando vueltas por el mundo. Hoy he salido fuera y me he impregnado del aroma, quizás buscando un atisbo de regusto a vainilla...

Tengo una sensación extraña en el pecho. Extraña... Quizás no lo sea tanto, porque podría llegar a reconocerla buceando más en mi memoria, algo que últimamente no me está gustando demasiado hacer. Curioso, porque creo que siempre he sido una persona inevitablemente atada al pasado, quizás por el miedo a que el futuro se me escapase de las manos. Y ahora que es cuando más incierto veo el camino ante mí, es cuando prefiero centrar mis ojos en el camino y seguir hacia adelante sin pensar demasiado en todo lo que he ido dejando tras de mí. La sensación, extraña pero reconocible, es como un augurio... Siento que algo está a punto de pasar. Siento que se avecina algo... Y no tengo una sensación demasiado positiva. No sé en qué campo, no sé qué podría pasar ahora que rompiese de nuevo el precario equilibrio en el que me he sostenido este último mes, aguantando en una pierna todo el peso de mi cuerpo y pendiente del más mínimo balanceo para caer de nuevo al suelo y tener que ir pegando poco a poco mis pedazos... Aunque supongo que ya soy experta en eso. ¿O quizás el augurio no es para mí? La última vez no lo había sido... Vaya... Qué falta me harías ahora, princesa de cuento de hadas, con tus preguntas claves en los momentos acertados y tu mente más que abierta hacia todo lo místico. Cómo te echo de menos a veces... Cuánto...

Sea lo que sea, llevaré la defensa en alto para parar los golpes de ser necesario. He encontrado un hueco en el que me siento cómoda. Desde ahí, soy capaz de contraatacar cualquier estocada que la vida quiera lanzarme.


Un comentario por lo de ahora.

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