Posted by : Any R miércoles, diciembre 10, 2008

¿Qué pasa cuando pierdes el control de ciertas partes de ti?

Pueden ocurrir tantas cosas... Me está sucediendo a mí. Es curioso... Estoy perdiendo el control de mi corazón. Sí, ese hijo de perra que siempre consigue que lo machaquen... Se ha soltado después de tanto tiempo atado con correa corta... Y ha decidido hacer estragos.

¿Y mientras? ¿Yo qué?

Yo sonrío. Yo me quedo embobada pensando en sus ojos tristes y su sonrisa de labios tentadores. Me quedo enterrada en sus palabras, en la dulzura de su voz... E imagino su tacto, su olor, su sabor... Y me cuesta frenar las ansias de tenerla cerca.

¿Otra vez, Any? ¿Pero es que tú no aprendes?

No. No aprendo. Pase lo que pase (y pueden pasar muchas cosas) ya ha valido la pena... Por cada sonrisa que me arrancan sus palabras (TUS palabras, que sabes que escribo para ti), por cada sueño al que voy a buscarte, para luego guardarlos en la memoria y retomarlos cuando tenga que susurrártelos al oído... Porque ya no puedo evitar hablar de ti... Ya no puedo.

¿Habrá problemas?

No lo sé.

¿En qué acabará toda esta historia?

No me importa.

¿Ah, no?

No. Y no me importa porque pase lo que pase, tendré lo que hayamos vivido. Y es más de lo que hace dos semanas me habría planteado vivir... Yo seguía aquí, sola, por mi camino, como siempre. Y de pronto apareces tú, llamando mi atención desde la primera palabra que escribiste, desde las primeras frases que cruzamos, desde el primer párrafo mío que leíste. Y de pronto, ya no pude escribir sobre otra cosa que no fueras tú... Aunque no lo mencionase, aunque lo callase... Aunque no quisiese aceptarlo por miedo a hacerme ilusiones que dañasen tus preciosas alas. Y entonces decidí no hacerme ilusiones, darme la vuelta y mirarte a los ojos, mientras camino de espaldas hacia el futuro. No sé lo que vendrá, no puedo verlo. No sé si hay otra piedra que me hará caer (como ocurre siempre), no sé si habrá un foso, un barranco, un río, un acantilado, el mar, un lago... No lo sabré hasta que haya caído en él. Pero hasta ese momento, habré caminado contigo, mirando esos preciosos ojos tristes, sujetando entre las mías tus manos.

Ahora, dime tú... ¿Vas a caminar conmigo?



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