Posted by : Any R lunes, marzo 27, 2017



Dudo. A veces, sólo a veces, me acepto tal como soy. Otras... Otras no me aguanto a mí misma hasta el punto de que me echaría de casa para no tener que soportarme. Antaño, cuando me acuciaba este problema, dormía. Salida fácil para un problema realmente complicado. Ahora, cuando me desarma la banalidad fútil de mi existencia, distraigo mis sentidos ahogándome en historias que nada tengan que ver con la mía. Supongo que tengo la impresión de que, si analizase la vida que llevo, todo sería un enorme interrogante alrededor de varios conceptos enlatados:

¿Me quiero?
¿Me quieren?
¿Es esto todo?

Mi mente se esfuerza en creer que queda mucho por hacer. "Todavía no has publicado un libro, Any", me recuerda acuciante. "Ya puestos, tampoco has tenido hijos, y convendría que plantases algún que otro árbol...". Ya... Mira, puto cerebro de mierda... Eso es lo que alguien dice que debemos hacer para dejar nuestra huella en el mundo. ¿Y si yo no quiero dejar huella? ¿Y si no me creo que esa sea la manera? "Joder, Any... Pararía de reírme para llamarte gilipollas en tu puta cara, pero es que me acabas de contar el mejor chiste de toda mi jodida existencia. ¿No te lo crees? ¿TÚ NO TE LO CREES? A pies juntillas, princesa sin reino venida a menos". (Como podréis comprobar, no me caigo demasiado bien, soy una imbécil cuando quiero).

El caso es que siento un vacío en el pecho, donde mi antiguo mejor amigo (mi corazón), era el que guiaba mis pasos y mis sueños hasta su máxima exponente. Y analizo, analizo, sigo analizando... Y es una putada, porque tengo que echarle la culpa a algo (sino al final la culpa será mía y eso es ¡¡¡TERRÍBILIS!!!). Echo la vista hacia atrás y me planteo cuándo comenzó todo esto. Analizo los factores, no los comprendo, dudo, reculo, me lo pienso otra vez... Y sigo sin tener nada claro. ¿Qué necesito para recuperar esa imagen de mí misma a la que amaba más que a nada en el mundo (incluso más que a nadie en el mundo pese a lo que de cuando en cuando quisiese obligarme a creer el puto órgano central que bombeaba mi sangre)?

Sé lo que necesito. Necesito una epifanía... Una de esas buenas hostias en la cara que descoloque mi mente y me obligue a currármelo para volver a estructurarla. Es lo que necesito, sí. Lo sé, lo tengo clarísimo... Pero también tengo claro que no es lo que quiero. Porque otro de los maravillosos defectos que se me ha colado en la mochila con el tiempo, es el MIEDO. Y me acojona... Me acojona perder hasta una moneda de 5 céntimos... Así que me freno, me quedo en la cuneta mientras veo a los coches pasar a toda hostia por el asfalto helado de un invierno más. Y soy plenamente consciente de que sólo hay dos maneras de salir de ahí. Una, es levantando la mano, dando un "me gusta" y que alguno de los vehículos pare para sacarme del agujero. La otra, es plantarme ante el camión más grande que vea aparecer por el horizonte y permitirle que me lance por los aires hasta una nueva dimensión de mí misma.

Ala... No pretendía escribir lo que he escrito... Pero son los peligros de analizarse a una misma. Pos a tomar por culo...


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