Posted by : Any R jueves, junio 18, 2015


Creo que es mi palabra favorita ahora mismo. FRUSTRADA. Sin embargo, después de la crisis de este mediodía, las ganas de llorar y la presión en el pecho, después de un buen entrenamiento de rugby, una buena llorera con un vídeo homenaje que un fotógrafo le hizo a su perro muerto de cáncer y de un capítulo de iZombie, las punzadas en el pecho se han ido. Siempre que ocurre algo así, recuerdo esa canción que tantas veces me ha acompañado de Silvia Penide y sonrío de medio lado al darme cuenta de que tiene muchísima razón. No me gustan los cambios a la fuerza. Muchas veces no me gustan a pesar de estar provocándolos yo...




Me siento frustrada todavía, claro que me frustra. Me revienta la sensación de que estás haciendo lo correcto, de que te esfuerzas en tu trabajo y das más de lo que nadie en tu puesto ha dado nunca. Y viene un capullo que compara los numeritos de este año con el anterior y te dice: "lo has hecho muy mal... Porque aquí habías hecho 14 y hay 2". Lo que ese CAPULLO INTEGRAL no ve, es que has hecho 20 de más, que quizás no del mismo tema que el año anterior... Pero has hecho más y SOBRE TODO, mejor. Pero eso aquí no importa. Ya debería haberme acostumbrado. No importa la calidad, importa la cantidad. MÁS, MÁS, MÁS... Siempre más... Nunca mejor. ¿Sinceramente? He cometido un gran error de nuevo. He decidido que mi trabajo era una gran parte de mi vida. Claro, ahora que había encontrado algo que me llenaba y me ayudaba a sentirme útil, no era difícil dejarse arrastrar por la sensación de ser buena en tu trabajo. No seré la primera ni la última que cometa ese error de pringada primeriza. A tomar por culo. Pero bueno, supongo que esto me vale para aprender la lección, para dar un paso atrás, para desligarme y hacer el trabajo justo en lugar del que creo correcto. El problema es que ese cambio lo sufrirá quien no tiene culpa de nada... Quizás pueda curarme de la impotencia y pueda seguir como hasta ahora. O quizás lo mande todo a la mierda y me vaya a algún puto agujero cómodo donde no tenga que hacer prácticamente nada. Ninguna de las dos opciones, ni seguir siendo una tonta ni rendirme por completo me valen para nada. Poco a poco y tiempo al tiempo. Tengo mes y medio apartada de todo lo que conozco, de mi zona de confort para pensar qué quiero que sea de mi vida a partir de ahora. Así que por el momento voy a hacerle caso a la señora Alaska y dejaré que ABSOLUTAMENTE TODO ME DÉ IGUAL.





Confío en que de nuevo, todo esto será para bien. Tarde o temprano, hasta las cosas malas me arrastran al lugar en donde tengo que estar. ¿Incomodidad? Por supuesto. ¿Miedo? Un montón. ¿Decepción? Infinita. Pero aquí sigo, golpe tras golpe. Si algo me ha enseñado el rugby es que cada vez que nos golpean, debemos volver a levantarnos para no dejar un hueco en nuestro lugar. Los compañeros se merecen ese apoyo. Pero no puedo evitar que la rabia me invada al ver lo mal que se hacen las cosas para que cuatro palurdos inflados de ego y ebrios de estupidez se metan cuatro euros más en el bolsillo o una bronca menos (absurda igual que sus pretensiones) en las reuniones con los grandes jefazos. Me revienta ver, no sólo que esto existe, que pasa, que está delante de nuestras narices cada día, sino que no pueda cambiarlo. Que no encuentre manera de poner fin a algo tan grande y que alrededor se esfuercen en recordarme que con quejarme, con enfadarme, con gritar y desahogarme no voy a conseguir nada y que tengo que tragar, aceptar y pegar el culo a esa posición conformista que todos desean que tome. Pues no quiero. Me niego. Seguiré protestando como pueda, en cualquier lugar, ante cualquiera que quiera escucharme. Porque fueron grandes protestas las que han ido moldeando y cambiando el mundo. Nunca sabes si tú serás el encargado de iniciar el siguiente cambio. "Lucha desde dentro", me decía mi hermano. A mi extraña manera, pausada y con una paciencia que teóricamente no tengo, sigo batallando para que esto cambie algún día, para que no se pidan imposibles que acaban frustrando el buen hacer y las ganas de cualquier ser humano.

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