Posted by : Any R viernes, diciembre 13, 2013

Con la inspiración brillando por su ausencia, mantengo la creatividad viva conectada a libros fáciles de leer (o quizás difíciles por traducciones infumables) y a base de series y películas que ya he visto. Intento pensar, imaginar, y se me da bien en los parámetros en los que siempre se me ha dado, cuando camino a casa y monto una película sobre un intento de robo en algún callejón oscuro por el que me niego a dejar de pasar. Pero abrir un documento de word se me hace imposible, así como volver a dibujar algo más complicado que un par de chorradas a lápiz básicas. Tengo la sensación de que necesito un impulso, una musa que mueva mis entrañas con fuerza para que retome todo lo que he ido dejando atrás más por pereza que por falta de tiempo. Quizás la vuelta a casa por navidad, esta vez factible, me permita reconectar con esa YO que se quedó en Galicia a la espera de una vida mejor, menos cara, más cercana, más... ¿Completa? Pero esperar es de cobardes, de necios e ignorantes que se niegan a contemplar la posibilidad de que la vida es eso que nos ocurre mientras esperamos sentados a que llegue a alcanzarnos. De niña, quería ser la escritora más joven del mundo, pero ahora guardo desde hace días la dirección de correo de una editorial de las grandes que admite manuscritos y soy incapaz de enviar el mío. Me digo a mí misma que estoy esperando a acabar la segunda parte, pero esa segunda parte no cae en mis manos... Van dos capítulos y he vuelto a bloquearme al comenzar el tercero. Avanzo a paso de tortuga por un terreno resbaladizo que casi siempre me devuelve al lugar del que he salido...



Calíope, Clío, Erato, Euterpe, Melpómene, Polimnia, Talía, Terpsícore y Urania me tienen abandonada en una rotonda sin salida que me acerca de nuevo a un lugar del que ya he partido un millón de veces y al que no sé muy bien por qué, siempre tiendo a regresar...

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