Posted by : Any R martes, octubre 15, 2013

Rindiéndome a los enfáticos poderes de la luna, descanso el alma en un trono relleno de mares y tempestades que acechan en cada esquina de mi vida. Leo en libros pos modernos el triunfo y la gloria de parte de mi corazón, latiendo con fuerza hacia la dulzura agónica de una nueva vida entre algodones que hasta hace poco era prácticamente imposible ayudar a lograr. El viento gira y cambia la cara de una cinta de cassette oxidada cuyas canciones han sonado en los lugares más oscuros y diversos de miles de universos infinitos. Y la lluvia se hace de rogar en la sequía de unos labios rotos por ceguera ocasional (y emocional)de su portador. El abismo de unas sábanas negras arrastra mi vientre dolorido hacia aguas profundas en el mar de los sueños conseguidos y por alcanzar, soñando en una veta de oro de dieciocho quilates el precio de una sonrisa efímera. Castigándome, me condeno al dolor de la vida truncada, al atontamiento de drogas legales que permiten sobrellevar la tristeza de una luna más sollozando por perder la marea de vista, sin poder llegar a imaginar que es su fuerza quien la mueve, quien la arrastra consigo a cualquier lugar. Y la sonrisa continúa dibujándose en la arena, por más olas que la arrastren entre las piedras duras del fracaso de los sueños no intentados. Cojo aire tan solo para que mis músculos dispongan del comburente necesario para cumplir su cometido y hacerme avanzar por un pasillo oscuro lleno de puertas por abrir, posibilidades, vías, días, historias por contar y cuentos de hadas sin terminar. Cerrar los ojos y pensar en las princesas de todos y cada uno de mis relatos para soñar que se cumplan sus deseos. Desear soñar un éxito inalcanzable a la altura de mis manos, haciéndome cosquillas en los dedos. Cerrar el puño, cazarlo, abrir la mano ante una hoja en blanco y soplar para que las letras se escapen y corran a dibujar un futuro perfecto.

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