Posted by : Any R lunes, septiembre 10, 2012

Hace calor, pero mi corazón tiene frío. A distancia, que te arropen el alma no siempre calienta tu cama... La sensación es como si te acariciasen la piel del brazo con el filo de una navaja suiza, como si todo el vello se te pusiese de punta ante el electrizante contacto del frío metal. Sencillamente me falta un abrazo.

Tras una semana, el mundo continúa girando, no a mi alrededor, sino hacia una periferia oscura a más de 600 km de aquí donde sé que hay alguien sintiendo este mismo frío, esta misma caricia metálica que la añoranza viste día a día nuestra piel. Tengo sueño, hambre, calor... Estoy cansada y a veces tan rendida que el bostezo es la más coherente expresión que puedo dibujar en mi boca. Tiempo. Sólo hace falta tiempo. Con tiempo, mi espacio se reducirá a la mitad, dejaré de ser independiente y la soledad se irá a esconderse a cualquier recóndita esquina del mundo que no sea el pequeño piso de alquiler en un minúsculo distrito de la capital.

Tanto rollo, tanta historia, sólo para decirle que la echo de menos, que me falta, que pese al calor, sé perfectamente que el motivo por el que no puedo dormir es que me falta su abrazo, su respiración en mi nuca, su último beso de la noche, sus caricias... Porque hace tiempo quizás quería esa independencia solitaria desde la que sentirme más libre. Pero ahora quiero una jaula para dos por tiempo indefinido que me haga abrazar a la persona que más me ha entregado en la vida. Tiempo. Sólo hace falta tiempo...

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