Posted by : Any R jueves, enero 06, 2011


En la vida hay que saber tomar un poco de distancia para ver las cosas con cierta perspectiva. Quizás lo haces cuando ves alguna película o lees algún libro que te llama la atención y te obliga a pensar. O puede que sea cuando explicas las cosas a otra persona ajena que te está torturando (literalmente, por desgracia). La vida es un cúmulo de momentos, de decisiones, de miradas, de claves, de sabores y palabras, de olores y caricias, de sentidos, de positivos y negativos, de un sinfín de situaciones que te obligan a seguir caminando o pararte y pegarte un tiro.


Así que continúas, inmersa en un mar de dudas, en un jardín que desde cerca puede parecer lleno de zarzas y espinas que van desgarrándote la piel a tiras cuando intentas avanzar. O si das ese pequeño paso atrás, verás que no son zarzas sino rosales, llenos de hermosas flores. Sí, seguirás pinchándote igual. Y sí, sangrarás lo suficiente como para desmayarte, como para que el dolor sea insoportable, como para que no sea posible continuar hacia adelante. Pero oye, sabrás que entre las espinas puedes contemplar una rosa, acariciar la suavidad de sus pétalos con tus labios y quedarte un buen rato tirada a su lado, cogiendo fuerzas, para volver a levantarte y seguir adelante. El caso es no dejar de caminar, cueste lo que cueste. Seguir siempre adelante.

Porque siempre hay un motivo. Y cuando piensas que ese motivo se ha ido, se ha roto, te ha abandonado... Quizás te estés equivocando. O quizás es el momento de cambiar de motivo, de cerrar los ojos, respirar y continuar a ciegas un rato hasta que al abrir los ojos de nuevo veas una nueva motivación que dé sentido a tu vida. Porque siempre hemos necesitado eso. Al menos los que somos menos humanos que los demás, los que no nos conformamos, los que seguimos pensando a nuestra manera aunque intenten enseñarnos a actuar como el resto, a seguir ciegamente con una moral de obligación. Nada de poder discrecional aunque nos digan que sí lo tenemos. Nada de libre albedrío, nada de nada de nada... Esa gente rebelde, esa gente luchadora e inconformista, esos infelices filósofos entre los que me incluyo, siempre hemos necesitado algo que dé sentido a nuestras vidas. Necesitamos una carretera, un camino que seguir, una luz al final del túnel que nos guíe hacia más allá del dolor.

Hace tiempo que mis sueños se han limitado a una única cosa. Probablemente un imposible que me ha hecho llegar con todas mis fuerzas a donde estoy. Pero ahora... Los sueños se han roto. Se han truncado hacia algún tipo de pesadillas. Light, también lo admito, pero ahí están... Aunque es peor seguir soñando lo mismo y darte cuenta al despertar que te estás engañando, que no puede ser, que jamás se cumplirá... Y llega el momento de escoger, de seguir o de pararse y perderlo todo. Así que decido. Decido cerrar los ojos y dejarme llevar. Lo que tenga que ser, será. Decido continuar caminando en un salto de fe al más puro estilo "Indiana Jones y la Última Cruzada". Sigo buscándome, sigo preguntándome cada día qué es lo que quiero de la vida. Y siguen volviendo a mí las imágenes de cuando empecé a soñar... Una pequeña casita junto al mar, con un precioso jardín, tras la valla blanca un par de perros enormes que juegan con una niña pequeña. Y desde la puerta, ella me mira con una preciosa sonrisa, una de esas que te hacen pensar que todo va bien, que siempre irá bien. Cruzar la valla, saludar a los perros, que se vuelven locos al verme llegar, dar un fuerte abrazo a la niña y poner en sus manos una nueva bola de nieve para su colección. Y acercarme a esa preciosa mujer en la puerta de la casa, rodear su cintura con mis brazos, besarla y escuchar su voz haciendo cosquillas en mi oído: "te echaba de menos"...

Qué bonitos son los sueños... Y cómo duele saber que no podrás hacerlos realidad... Aunque sigas adelante como siempre.


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