Posted by : Any R domingo, marzo 28, 2010

Hace unos años, en tercero de carrera, creo, quisimos hacer un documental sobre el voluntariado en la Protectora de Animales y Plantas de Santiago. Sin embargo, cuando llegamos allí para recopilar información, nos encontramos a una excavadora a punto de tirar el lugar. No salía rentable, así que habían vendido el terreno que albergaba a casi 300 perros, algunos gatos y hasta una oveja. La solución había sido la creación de una Perrera Municipal. Así que en lugar de un documental, sin quererlo, nos vimos reducidos a un reportaje sobre el cierre de la protectora a pesar de la necesidad que había de que existiese.

Pensaréis, a esta se le cruzó un cable, ¿eso ahora a qué coño viene?

Viene a que estoy harta de cómo trata la gente a los animales. Sin ir más lejos, mis vecinos. Cuando llegué a este barrio, en la casa de al lado tenían a tres pastores belgas preciosos encerrados en un recinto de unos dos metros cuadrados del que no salían ni para que les limpiasen la mierda. Eran madre, padre e hijo. El padre se volvió loco y acabó matando a los otros dos... No sé que harían con él después, era demasiado pequeña para recordarlo. Luego ese lugar pasó a ser ocupado por una boxer que hasta hacía poco llevaba la mejor vida del mundo... Tenía por dueño a un niño que la quería con locura y la sacaba a pasear continuamente. Pero ese niño murió en un desgraciado accidente y sus padres no se hicieron cargo del animal, que se vio privado de todo el cariño con que lo habían criado. Murió poco a poco de pena aullando sin que nadie le hiciese caso. En esa misma casa, hace como diez años que compraron un husky siberiano y lo encerraron en un enrejado de dos metros por uno. Cruel, ¿verdad? Pues un poco más tarde le trajeron a una hembra. Dos por el precio de una, en el mismo espacio. Sacaron una pasta vendiendo los cachorros hasta que ella murió de puro estres. Se le caía el pelo, se volvía loca y atacaba a su compañero constantemente hasta que finalmente apareció muerta una mañana. Pero él sigue ahí, con úlceras por todas partes y aullando continuamente, recibiendo por ello los improperios del resto de los vecinos, que en lugar de lamentar su situación lamentan las molestias que produce.

Cambiamos de tercio y sin que sirva de precedente saltamos la casa en la que tienen a tres perros encerrados en un enrejado de 4x4. Llegamos a una casa con una huerta amplia en la que siempre se ve corretear a una perrita palleira preciosa. Está bien cuidada, le dan de comer y tiene un lugar seco en que dormir en el garaje. No está tan mal, ¿no? Pero es que en esa misma casa tienen un bulldog francés. ¿Corretea por la huerta y duerme en el garaje? Me temo que no. Bueno, en ocasiones sí la dejan ir a corretear con su "amiga". Pero habitualmente la sacan a pasear por el barrio. Pero es normal, ¿no? Es una perra más cara. ¿Qué cuesta llevar dos correas y sacar a las dos? ¿Por qué se les da ese trato tan diferenciado? Hoy fue el colmo cuando veo bajar a uno de los dueños con la bulldog y atento a ver qué come, qué escarba, qué olisquea, aparta de una patada a la otra, que simplemente pedía un poquito de cariño y atención.

Sinceramente, hay gente que da asco.

Ahora entiendo los comentarios de mis vecinos cada vez que me ven sacar al perro. "¡Qué suerte tiene Pancho, que lo pasean tanto!"


Banda sonora de nuestro documental: Abandonados.

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