Posted by : Any R viernes, enero 22, 2010

Paseaba con los brazos enlazados en la parte baja de la espalda. El corredor estaba mal iluminado, era una noche sin luna y las estrellas no procuraban la suficiente luz. Pero siempre le había gustado ese pasillo. Siempre que tenía un momento libre se refugiaba en aquel lugar sombrío y olvidado por el resto de los habitantes del castillo. Llegó enseguida a la primera vitrina de cristal. Estaba vacía desde hacía muchos años. Pasó la mano por la placa de la inscripción. No podría haberla leído, pero sabía perfectamente lo que decía: “El corazón de Jade”. Se detuvo un instante recordando la pieza. Suspiró y acarició el cristal, añorando su pequeño corazón.

Continuó caminando tras unos instantes. La siguiente vitrina sí contenía un pequeño cristal tallado, también de Jade, engastado en oro y con un cordón negro para atarlo al cuello. También en esta ocasión acarició la vitrina, recordando la última vez que la pieza la había abandonado. Aunque el cristal sí había regresado, no como el corazón. Suspiró de nuevo y dirigió la mirada a la siguiente vitrina. La presión en su corazón fue tan grande que tuvo que dar por finalizado su paseo. Regresó a grandes zancadas a las zonas más iluminadas, donde las verdes paredes del Palacio de Jade comenzaron a brillar, apagando incluso los indiscretos recuerdos que regresaban continuamente para atormentarla.





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