Posted by : Any R sábado, diciembre 19, 2009

Últimamente me ha dado por pensar en las cosas que han cambiado. Cojamos, por caso, el año 2000.

¿Alguien recuerda el temido efecto 2000? Mi ordenador de entonces era una patata. Pero superó sin problemas el dilema. Saltó del año 1999 al 2000 sin ninguna actualización que se lo indicase. ¡Qué majo él!

¿Dónde estaba yo por aquel entonces? Rondaba los 15 añitos, 14 a principio de año. Por aquel entonces ni idea tenía de que un par de años más tarde perdería la cabeza por una mujer. No sabía a qué me dedicaría. No sabía que todo giraría y giraría y giraría cientos de veces hasta marearme, hasta hacerme perder la perspectiva del suelo que estaba pisando.

Tenía muy buenos amigos, de esos a los que quieres conservar durante toda la vida. Aunque no fue hasta un año más tarde cuando empecé a formar una pandillita que llegó a ser durante mucho tiempo el centro de mi vida y que poco a poco, cosas de la vida, se ha ido desmembrando. A veces se reúne. Como aprovechando las navidades. Quizás sea este hecho el que me ha llevado "tiempo atrás". Mi vida ha sido una lluvia de meteoritos constante. En algún momento uno de esos fragmentos de roca estelar estalló contra el lazo que me unía con la mayoría de la gente que me rodeaba. ¿Qué he perdido? ¿Qué conservo? O mejor... ¿A quién?

Mi familia (y soy de las que acuñan ese término para mamá y hermanitos) siempre está, estuvo y estará para lo que necesite. Como ellos saben que siempre respondo a su llamada aunque maldiga y masculla entre dientes.

Los amigos, las amigas... Recuerdo una época en la que nunca tenía que llamar a nadie cuando me sentía sola. Recuerdo una época en la que jamás me sentía sola. Pero esa época murió como han muerto tantas cosas en mi vida. Y me he acostumbrado a ello. Quizás eso es lo triste. Hoy, si tengo que llamar a alguien... Bueno, sé quién está ahí para mi las 24 horas del día. Que es algo que no recordaba de antes. Quizás porque no es lo mismo ser una criaja de instituto que tener tu curro, o estudiar una carrera, o presentarte a unas oposiciones...

Recuerdo que una profesora, con la voz teñida de envidia, me dijo que disfrutase de la amistad en los años de instituto, porque luego las cosas cambiarían y al hacerme adulta no existía la amistad. En ese momento respondí que aquella amistad a la que se refería en concreto, duraría para siempre. Me equivoqué. Apenas duró unos años antes de convertirse en un infierno frío e incómodo al que suelo acudir igual pensando que quizás algún día se vuelva más cálido. Pero nunca ocurre. Hoy, reitero que la amistad existe aún siendo adulta... Pero cada vez cuesta más encontrarla y exige una entrega que la mayoría de la gente no está dispuesta a dar. Y sin embargo voy cruzando mi camino, mi destino, con gente que merece esa atención especial por mi parte, con gente que responde cuando la llamo, antes incluso de que la llame... Quizás es que a veces pretender mantener los rescoldos del pasado es inútil. Y al fin he decidido rendirme.

Si tengo suerte, si consigo marcharme de aquí en menos de un año, sé lo que conservaré, sé lo que voy a llevar conmigo. Y sobre todo, sé a quién.





Retomando la costumbre de escribir por escribir... Y es liberador...

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