Posted by : Any R lunes, noviembre 09, 2009

Lleva un par de días lloviendo poco en Santiago. Lloviendo poco quiere decir que no deja de caer agua en ningún momento, pero esa llovizna fina que acertadamente llamamos "calabobos". Parece que no llueve, pero cinco minutos son suficientes para acabar completamente empapada, como lo estan las calles de la ciudad cada mañana, cada tarde, cada noche...

Me voy a volver loca. Por diversas razones, algunas más positivas, otras más negativas... Siento que cuando intento respirar, mi garganta se cierra por completo y pretende dejar el aire fuera, obligándome a enviarle al cerebro la sensación de que me estoy ahogando. Así que cojo aire por la nariz... ¿Habéis intentado respirar alguna vez cuando estáis calados hasta los huesos por la lluvia? El agua se te cuela hasta que la acabas tragando... Es una sensación un tanto extraña... Casi, casi como la de ahogarse... Caigo al suelo de rodillas, saturada, derrotada. Caigo al suelo y me vence un sueño agotador. Pero no descanso... Los guijarros se me clavan en las palmas de las manos, en las mejillas, en el hueso de la cadera... El agua continúa luchando por llenar mis pulmones, todo alrededor continúa girando como si yo ni tan siquiera hubiese caído... Intento gritar, intento revolverme, intento levantarme y continuar corriendo para llegar a la meta en menos de 4 minutos... Pero el sonido del despertador me arranca de nuevo a la realidad en la que toso, me incorporo y clamo por una hora más de sueño que no tendré hasta dentro de aproximadamente 18 días...

Estoy cansada, muy, muy cansada... ¿Cuándo acabará todo esto? ¿Dentro de 18 días? ¿Cuando te tenga delante? ¿Cuando haya alcanzado la meta que llevo casi diez meses persiguiendo? Ya no lo sé... Acabará cuando tenga que acabar... Pero estoy tan cansada...


2 Responses so far.

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