Posted by : Any R domingo, octubre 18, 2009

Los arañazos de mi mano comienzan a escocer. No me di cuenta ni de que estaban ahí hasta ahora. Hoy ha sido uno de esos días extraños llenos de realismo mágico que siempre han poblado mi vida.

Salimos más bien tarde de la academia. Pero nos metimos en el bar. Contando experiencias, escuchando historias, riendo, flipando... Nos pasamos casi dos horas... O sin casi. Nos dieron las nueve y media de la noche.

- ¿Te acerco?

- No, gracias, me apetece dar un paseo.

Calles oscuras, ya en plena noche. En mi cabeza las paranoias de mi madre... Pero a pesar de dejar que mi corazón se desbocase de miedo, no dejaba que me afectase de ningún otro modo. Caminé por los mismos callejones de siempre, observando con mayor atención las sombras, a la gente... Poniendo todos mis sentidos (salvo el oído, que iba cubierto de música) en cada uno de mis pasos.

Pasado el parque (sí, tu parque...), dejé de tener miedo. Y justo en ese momento, un enorme labrador se acercó a mí agitando la cola y apoyó su cabeza en mi pierna. Lo acaricié, sonreí y continué mi camino. El resto, apenas lo recuerdo... Paso tras paso, entre pensamientos absurdos sobre lo que iba viendo (la sede noroeste de la SGAE provoca muchos pensamientos absurdos...) y entre pensamientos sobre ti, finalmente llegué a casa. Sin embargo, uno de los pensamientos más absurdos, permaneció en mi cabeza. Hoy podaron la palmera que vi crecer desde que no medía más de dos palmos, que ya llegaba al tendido eléctrico. De la forma en que la cortaron, lo más normal es que se seque... Pero algo me hizo pensar que esas cosas son cuestión de energías... Y que lo que ocurre es que la palmera ahora está llena de energía negativa. Si yo pudiese de alguna forma llevarme esa energía, la palmera crecería de nuevo... Es una idea de cuento de hadas, lo sé... Pero tuve una princesa que me hizo pensar mucho en esas cosas ;P

Así que cuando estuve cerca, posé mis manos sobre ella y empecé a sentir un dolor agudo en el abdomen. Por supuesto no quise creer en más de lo que mi momento “realismo mágico” me permitía… Así que lo atribuí a las horribles agujetas que tengo.

Sin embargo, el resto de la noche fue tan mágico…

Puse la correa al perro para salir a pasear. Durante todo el trayecto pensaba en ti… Creo que eso no dejo de hacerlo nunca, por mucho realismo mágico que me envuelva… A fin de cuentas eres la reina de mis cuentos… Pues eso… Que cuando ya volvíamos a casa, nos encontramos con un erizo (un puercoespín). El perro se puso a ladrar como un loco y lo asustó… Yo intenté darle la vuelta para verlo… Pero todavía se encartó más… Estaba demasiado asustado. Mi perro no dejaba de ladrar. Así que tiré de la correa y seguí andando hacia casa.

Decidí no hacer absolutamente nada. Creo que tengo un pequeño problema de falta de interés cuando no estás… Así que me tiré a ver una película nefasta en la que aparece Angelina Jolie en el sofá. Y entonces comenzaron los ruidos en la bolsa de la basura. En seguida supe qué era. Lo malo de vivir en una casa en el campo, es que la compartes con más inquilinos. Tenemos problemas de ratones (una vez desaparecida la plaga de hormigas, volvieron los roedores). Saqué la bolsa de la basura y el bichito se quedó atrapado en el cubo. Cogí un bote de cristal, lo atrapé, le puse la tapa encima con un espacio para que pudiese respirar y lo fui a soltar al fondo de la calle, donde el asfalto se convierte en camino de tierra. Al pasar, me encontré un gato y dudé un instante. ¿Se lo doy para que juegue?

- Lo siento, amigo. Pero no.

Y continué andando. Tras dejarlo ir volví a casa. Pero el gato seguía inmóvil en la misma posición. Así que lo llamé. Y se acercó… Pero con mucha cautela. Me senté en el suelo para que cogiese confianza conmigo y me quedé un buen rato acariciándole y dejando que se acariciase contra mi espalda y mi brazo. Hasta que empezó a atacarme cuando me distraía, golpeándome con la pata (con las uñas retraídas, al menos) y finalmente me mordió. No se lo tomé a mal… Siempre he querido entender por qué lo hacen… Le acaricié un poco más y me levanté para volver a casa. Pero el gato me siguió hasta la misma puerta.

- Amigo, quédate ahí, que como te huela mi perro… La armamos.

Casi entra en casa. Por suerte el perro sólo lo escuchó llamarme maullando en la puerta. Y sólo olió la manga de mi bata con curiosidad. Continué viendo la película, que acabó en un final más nefasto todavía, muy de cuento de hadas absurdo. Y cuando ya me iba a la cama, volví a escuchar agitación en la bolsa de la basura. ¿Más? Pues sí. Un ratoncito más inquieto al que me costó un buen rato atrapar. Pero seguí el mismo camino y lo llevé con su hermano/padre/hijo/madre/hermana/hija. A la vuelta, cuando ya iba a meter la llave en la cerradura, un maullido cercano me hizo mirar atrás. El gatito atigrado, con sólo media oreja y ojitos zalameros me miraba desde la mitad de la escalera.

- Ay, ¿qué voy a hacer contigo? ¿No ves que no te puedes quedar conmigo? Tengo un perrito…

En respuesta, Pancho se puso a ladrar como un loco tras la puerta cerrada y el gato retrocedió hasta el final de las escaleras.

- Lo siento, amigo. Me gustaría…

Pero no.

Te echo de menos. Muchísimo… Aunque me he propuesto dejarte tranquila esta noche… Y lo estoy consiguiendo… En fin… Me espera una cama vacía… O bueno… Con cojín-vaca…




"Dibujaste de colores,
perfilaste luego en negro
una tarde entre tus brazos,
una noche ya sin sueño.
"

"Y si quieres hacer
el camino conmigo,
sólo dame tu mano
y acompáñame.
Y si pierdes la fé,
cruzaremos el río
y veremos cada día
amanecer...
"

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