Posted by : Any R lunes, junio 15, 2009

Cierro los ojos. Inspiro. Suspiro. Mis suspiros susurran tu nombre. No pueden hacer otra cosa… No pueden… Aunque estás lejos… Tan lejos… Tan, tan lejos… Pero no es distancia lo que nos separa a veces… No, no lo es…

Cierro los ojos y me abrazo a mi cojín-vaca. No se queja cuando lo estrujo, cuando deseo con todas mis fuerzas que seas tú. Pobre… Es un burdo sucedáneo de tu piel.

Las fuerzas me van abandonando. Me dejan sola ante la puerta de la oscuridad de la consciencia. Me pierdo en la negrura de la noche eterna de mis sueños, buscando desesperada algún saliente al que agarrarme. Caigo, caigo, caigo… Pero nada detiene mi caída. Sólo el suelo… El duro suelo… El doloroso suelo… Auch.

Abro los ojos. La oscuridad se ha ido. La luz baña los campos de trigo a mi alrededor. No puedo ver más que altas matas de cereal rodeándome, acariciándome… Estoy en medio, creando un pequeño remanso de paz en las olas doradas por el sol. ¿Cómo he llegado aquí? Recuerdo la caída. Recuerdo que dormía en cama… Miro mis ropas. No es mi pantalón negro aterciopelado, no es mi camiseta de tiras blanca y gris. La capa negra se engancha en mi pie cuando intento levantarme. Las piezas de la armadura, manchadas de sangre, pesan más de lo que lo han hecho nunca. He vuelto… He vuelto a casa. Pero el cansancio es más desolador que cuando me acosté esta noche en la cama de mi otro mundo. Ni siquiera sé si tendré fuerzas para llegar a ningún lado. Escucho el relincho de un caballo a pocos metros. Por instinto, mi mano se dirige rápida a mi espalda y desenvaina la poderosa espada. Su filo corta el aire, silbando una sádica melodía que mi corazón añoraba. Pero descubro la sombra negra arrancando briznas de trigo con sus poderosas mandíbulas. Sonrío al reconocer a mi precioso corcel negro. No será necesario que resista mucho. Sobre sus lomos, siempre podré llegar a mi hogar. Mi hogar… ¿Dónde estará hoy?

Ensillado, manchado de sangre, polvoriento. Me acerco a él y me saluda inclinando la cabeza, golpeando mi pecho con un ligero gesto de cariño. Acaricio su frente peluda. Me cuesta subirme a su espalda pese a que intenta ayudarme agachándose. Es demasiado grande, demasiado poderoso. En ocasiones pienso que no lo merezco. Pero él siempre vuelve conmigo. Jamás me abandona. Así que es él quien me elige y no yo a él. Me agarro lo mejor que puedo mientras le susurro al oído: “llévame a casa, Turnedo”. Siempre sabe cómo llegar, aunque sea por caminos distintos…

El sol me abrasa la frente. Hace que en ocasiones me desmaye. Sólo soy consciente del traqueteo del caballo mientras galopa, despacio, intentando evitar mi caída de su lomo. Puede ir muchísimo más rápido… Soy yo quien le frena… Así que saco fuerzas, ¿de dónde? No lo sé. Pero aferro las riendas, me yergo en la silla y golpeo sus flancos mientras le animo a correr más veloz.

Veo el palacio a lo lejos. Sé que es mi hogar aunque jamás lo haya visto antes. ¿Por qué? ¿Por qué estoy tan segura? Porque puedo sentir tu presencia dentro… Puedo sentir la luz de tu sonrisa, la calidez de tu abrazo… Estás ahí… Y llegaré… Llegaré… Descansaré entre tus brazos… Curarás las heridas que la última batalla haya dejado en mi cuerpo… Llegaré y…

Y nunca llego. No… No porque escucho vibrar algo cerca de mi oído… Escucho voces… Escucho música y las praderas inmensas por las que Turnedo galopa se desvanecen… Desaparecen ante mis ojos devolviéndome a la fría oscuridad. La fría oscuridad de mi cuarto, con el cojín-vaca entre mis brazos, con las sábanas enredadas en mi cuerpo, limitando y aletargando mis movimientos. Furiosa, apago el móvil, apago el despertador… Volverán a sonar… En 7 minutos, 10 minutos… ¿Qué importa? Volverán a sonar y yo… Yo no habré podido encontrar de nuevo las suaves crines de Turnedo acariciando mi rostro al cabalgar sobre su lomo con mis últimas fuerzas. Y así, cada mañana estoy más lejos de ti, aunque cabalgase toda la noche para buscarte. Y así, cada mañana estoy más agotada… Más y más… Nunca se acaba… Y tú… Tú sigues lejos… Componiendo la única materia de la que se forman mis sueños.


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