Posted by : Any R viernes, mayo 08, 2009

Si pasas el tiempo suficiente observando sentada al lado de una rotonda, te das cuenta de lo egoísta que es la gente. Ayer estuve una hora sentada en la esquina de Romero Donallo con Rosalía de Castro, esperando, al principio dibujando más gatitos, luego simplemente observando a la gente. Gente que por no andar 10 metros más se mete en la rotonda para cruzar, dificultando el paso de los coches y poniendo su vida en peligro. Gente que en lugar de dejar la rotonda despejada cuando el semáforo del lugar al que se dirigen está en rojo, se meten para no perder "su hueco" y provocan atascos interminables. Gente que usa el claxon casi antes de que se encienda la luz verde... Gente... Gente que pasa hablando a gritos por el móvil, gesticulando como si la otra persona pudiese verla. Gente que te mira de reojo, preguntándose por qué estás allí parada. Gente que te guiña un ojo antes de que apartes la mirada, disgustada por la perversidad de la suya... Gente que te recuerda a alguien...

Hoy, volviendo hacia el gimnasio, me sentí como si caminase entre la magia. Una ráfaga de viento sacudió las ramas de los árboles, que comenzaron a soltar motas blancas que bailaron a mi alrededor durante un buen rato. Quería sonreir, pero temía tragarme a una de aquellas hadas juguetonas que no dejaban de seguirme. Pensé en ti. ¡Qué raro! Como si no pensase siempre en ti...


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