Posted by : Any R martes, abril 07, 2009

Era una mañana como cualquier otra. Me levanté a la misma hora, me preparé mi café y me lo tomé apoyada en la encimera, mirando por la ventana. Haría frío. El viento agitaba las ramas de la camelia con fuerza. Suspiré y apuré el último trago.

Escogí el abrigo negro, el de siempre. Me puse la bufanda y los guantes también. De pasada, al verme en el espejo, pensé que no distaba tanto de esos muñecos de nieve en los que siempre pensamos en navidad. Pero en febrero… Me arrebujé en el abrigo antes de salir de casa.

El viento me llevaba casi en volandas por el mismo camino de siempre. Como cada día, como siempre, como todas las mañanas… Pero ese día hubo una diferencia. De pronto levanté la vista y contuve la respiración. Nunca, jamás, en ningún momento anterior de mi vida había visto a una chica tan hermosa. Nunca he vuelto a verla. Fue sólo ese instante, esa mirada, ese cruce en el camino de todos los días, ese darse la vuelta para encontrarte su mirada siguiendo a la tuya, ruborizarte y seguir adelante.

Cada mañana esperaba a que el reloj diese la misma hora, segundos incluidos, para intentar pasar en el mismo momento por el mismo lugar, por si tal vez era cosa de magia… Pero nunca volvió a pasar por allí. Nunca volví a verla en ningún lugar que no fueran mis sueños. ¿Estuvo algún día fuera de ellos?





La primera vez que escuché esta canción acababa de levantarme. Sonaba en el radio-despertador. Me senté en el borde de la cama y me enternecí. Acabé echándome a llorar…

Hoy la han puesto en la radio a la hora de comer. Mi madre y yo comentábamos alguna tontería… Y entonces las primeras notas me pusieron sobre aviso.

- Mamá, ¿escuchaste esta canción?

- No…



Y de pronto sus ojos se empañaron en lágrimas, al mismo tiempo que los míos. Y comenzó a recopilar recuerdos para mí. El de aquel chico que la veía todos los fines de semana en el autobús que iba al pueblo y que la llamaba cada lunes tras haber conseguido el número de la casa en la que trabajaba, pero que jamás supo quién era, el de aquel hombre del pueblo que la quiso durante toda su vida y la trató siempre mejor que mi padre, el del chico que quiso bailar con ella cada verano hasta que se casó y que cuando se enteró de que la había perdido desapareció hecho una furia… Y finalmente el recuerdo de su padre, aquel día que le ofrecieron ser rico a cambio de una hija y se negó porque a fin de cuentas ella era parte de sí mismo.


Ay, mierda… estoy sensible…

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