Posted by : Any R lunes, marzo 16, 2009

Ojalá tuviera ya el carnet de moto (y la moto...) o ojalá no hubiese siniestrado mi coche el día de navidad. Ojalá no fuese tan responsable y olvidase todos los compromisos que tengo por cumplir... Y ojalá no hubiese vuelto a la economía de estudiante mantenida de mamá. Pero las cosas pasan por alguna razón. Y quizás todo eso me indica que debo tener calma pese a lo impulsiva que tiendo a ser. Tendré calma.


Todos los días voy caminando a la academia. Son 40 o 45 minutos de música, verde e ideas inconexas. Pero en todo ese tiempo, se mantiene siempre una constante: tengo que mirar el reloj. Sin embargo, me he puesto normas. No puedo mirar el reloj en cualquier sitio (además no valdría de nada). Hay ciertos puntos del camino en los que tengo permitido observar la esfera de números digitales para darme por enterada de si voy con retraso (y aprieto el paso) o si voy en tiempo (y me relajo). Pero siempre me ocurre lo mismo. En puntos intermedios a estos "controles", siento la imperiosa necesidad de mirar la hora. Tengo que emplear toda mi fuerza de voluntad para dominarme y seguir caminando hasta el siguiente punto. Siempre lo consigo...

Pero llegas tú. Y contigo el tiempo deja de existir. Contigo, me encuentro mirando el reloj cada cinco minutos, acusando con más gravedad el paso del tiempo... Tiempo sin tenerte conmigo. Y entonces desearía poder ser un espejo en tu cuarto, para ser la primera que te mirase cada mañana.



Primer boceto inconcluso de un futuro proyecto.

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