Posted by : Any R martes, marzo 03, 2009

Hace años que ha caducado mi licencia de armas. Sigo todavía sin poder renovarla, pero las armas continúan en casa. Un revolver Colt de calibre 38 especial, con un solo cartucho en el tambor. ¿Jugamos a la ruleta rusa? Va, un tiro cada una. A quien le toque la bala pierde. También está la nueve milímetros... Con esa ya es más difícil jugar. Esa la usaré cuando tenga que mandarte un tiro directo al corazón, con la punta del cartucho de color rojo, indicando que explosionará cuando se introduzca dentro de ti. ¿Imaginas el dolor? Es fácil de reconocer. Es... como el amor.

En fin, dejando las tonterías de las armas... Simplemente me fueron surgiendo las palabras. Últimamente lo hacen mucho... Me he dado cuenta de que soy su esclava, de que siempre hago lo que ellas desean. Doy mi palabra y siempre la cumplo, dejo que se expresen por mí, permito que me definan... Han ocupado un lugar demasiado importante en mi vida y sería imposible tratar de arrancarlas de cuajo de mí. Son cadenas, son los grilletes que atenazan mis muñecas obligándome a forcejear. Me despellejo con cada movimiento, pero el dolor se convierte en algo tan dulce que acabo incluso deseándolo. Así que agito los brazos ignorando las punzadas que me atraviesan de lado a lado. Continúo con la pluma en la mano, con las teclas ante mí; con los folios en blanco, con las páginas de word. Puede que de un tiempo a esta parte apenas deje fluir esa pasión por falta de momentos oportunos, pero está ahí, está gritándome que me deje llevar de nuevo hasta las playas de su isla desierta, que me olvide del resto del mundo para sumergirme entre sus brazos tan cálidos y húmedos.


Hoy quiero volver a soñar con los piratas y con sonrisas profident... ¿Puedo?








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