Posted by : Any R domingo, enero 25, 2009

El rayo cortó la negrura de la noche, iluminando todo el cielo oscuro. Sentí cómo mi respiración se cortaba por un instante que me pareció eterno. Pese a que la tormenta parecía estar muy cerca, no se escuchaban los truenos al finalizar la caída. Ni siquiera momentos después. Quizás la música amortiguaba el estruendoso ruido, amainando la preocupación. Llegamos al cruce enseguida, mientras empezaba a llover, ligero al principio, con más fuerza cuando tomé el camino de la izquierda, poniéndome de cara hacia los nubarrones negros.

La lluvia comenzó a repiquetear con más fuerza en el parabrisas, hasta que me di cuenta de que no era agua lo que caía del cielo. Era hielo. Granizo que cubría la carretera, los coches, los campos... Parecía que se había puesto a nevar con fuerza y que todo se encontraba escondido tras un ligero manto blanco. Atravesamos la tormenta sin pasar de 60 por hora. Encendí el limpiaparabrisas al máximo, puse la marcha más corta posible, subí ligeramente la música y comencé a tararear la canción que sonaba.

A pesar de la fuerza, del miedo tangible de mis dos acompañantes, del atronador sonido de las pequeñas bolitas de hielo sobre el capó y el cristal del coche, para mí era maravilloso ver caer cada rayo, despuntando con su luz entre el aluvión helado que se desprendía desde el cielo. Estoy enamorada de las tormentas. Quizás algún día pueda vivir una en medio de un campo vacío, mientras la lluvia empapa mi pelo y mi cuerpo, mientras el viento me zarandea con brutalidad, mientras la inclemencia de los elementos me azota como un castigo divino... Podría compararlo con un sueño, con algo que desearía vivir con todas mis fuerzas. ¿Estoy loca? Probablemente.

Cuando el clima se contuvo y amainó la descarga de hielo, convirtiéndose en ligera aguanieve, su voz me sacó del trance en el que la música me había sumido. Mi madre habló dirigiéndose a su amiga, pero provocando los recuerdos en mí.

- El día que vinimos al velatorio de su padre nos encontramos con una capa tremenda de nieve a la vuelta.

- Sí- respondí rescatando el recuerdo-. Y el día de su entierro, volviendo para Coruña, perseguí al arcoíris hasta su nacimiento...

...




Una de las canciones de la cinta del coche de mi padre.

8 Responses so far.

Leave a Reply

Deja tu huella para que no camine sola.

Subscribe to Posts | Subscribe to Comments

- Copyright © Confesionario Digital 4.0 - Diseñado por Any R -