Posted by : Any R martes, enero 27, 2009

Mi fijación con los autobuses viene de la época de escolar, aunque se extendió a mi etapa en el instituto. Existían siempre varias categorías en las que englobábamos los distintos tipos, marcas, colores. Pero la primera distinción que hicimos, fue entre el autobús en el que viajábamos todos los días al instituto y otro que nos cruzábamos continuamente, pero en el que jamás nos habíamos montado. ¿Cómo nació esa oscura pasión? Lo recuerdo como si fuera ayer...

- Mira, por ahí va un Lázara. ¿Te fijas en que lo vemos mogollón?

- Si. Y trae mala suerte.

- ¿Mala suerte?

- Sí, cada vez que lo veo empieza una racha de mala suerte. Hasta que lo vuelvo a ver.

- Ana, estás loca.

- ¿Verdad? (Como veis a este respecto no he cambiado demasiado).


Cierto día, cuando salimos del cole el bus (el nuestro era un Travidi) todavía no había aparecido. Por aquella época, pese a que nuestras casas quedaban relativamente cerca, nuestras madres nos tenían puesta la prohibición expresa de volver andando. Básicamente porque todo el camino era al borde de la carretera y nosotras éramos dos terremotos con caritas inocentes que podrían probocar cualquier tipo de desastre. Lo entiendo... El caso es que hasta media hora más tarde desde que sonó el timbre, el autocar no se dignó a aparecer. Nos subimos, fastidiadas por la tardanza y al dirigirnos a increpar a nuestro "condu" de siempre, nos dimos cuenta de que no era él. Y además ese tipejo desgarbado, con barba de tres días y gafas de sol, apestaba de una forma descomunal. Aunque no reconocimos el olor, intuimos que algo iba mal.

Cuando todos los niños estábamos arriba, el bus arrancó, a golpes, como si el hombre a los mandos todavía no supiese conducir y esa fuese su primera práctica en la autoescuela. Mi amiga y yo nos asustamos, como el resto del pasaje. Pero simplemente permanecimos callados.

El viaje a casa duró bastante más de lo normal. Sobre todo porque el hombre se comió una señal de tráfico, un buzón, los bordillos de cada acera que encontramos... No sé cómo pudo sobrevivir el pobre autobús.

Mi amiga y yo decidimos bajarnos en la primera parada y hacer el resto del camino andando, porque era bastante menos peligroso que continuar subidas a aquel desastre con ruedas. Nos quedamos con cara de tontas mientras el autobús se alejaba, mirando a nuestros compañeros con carita de susto en las ventanas. Y entonces, justo detrás de nuestro autobús, pasó otro... Blanco, con una gaviota y un sol dibujados... Un Lázara. Nos miramos, asentimos y echando un grito salimos corriendo hacia nuestras respectivas casas.

Desde entonces, tanto ella como yo comenzamos a hablar de la Maldición del Lázara. Cada vez que veíamos uno, nuestra suerte cambiaba. Si estábamos en racha, de pronto todo nos iba fatal. Si no levantábamos cabeza, de pronto todo nos salía perfecto. Llamadle sugestión, decid lo que queráis... Pero realmente funcionaba.

¿A qué viene esto tras tantos años?

He visto un Lázara.

Y de pronto, como no pasaba hace mucho tiempo, las piezas comienzan a encajar. La entrevista que tenía la semana pasada de trabajo no llegó a realizarse. Pero, maravillas del Lázara, han vuelto a llamarme hoy para quedar mañana. Cosas que pasan. Lo cierto es que llevo todo el día intentando escribir esta entrada. Y por h o por j, no había sido capaz. No fue hasta que no recibí la llamada cuando realmente pude acercarme al ordenador (quizás para que constatase que la maldición existe). ¿Cuánto llevaba yo sin ver un Lázara? Tantos años... Simplemente me pareció curioso. Y pensé en contar la historia. Y de pronto... Je, qué ironía...


Y hoy dos canciones. De vuelta de la academia no podía dejar de canturrear esta. Otra de las de la cinta del coche de mi padre.



Y esta sólo por una frase: "Y el plan del destino empezó a marchar. Qué manera de juntar a este par de extraños que se empiezan a extrañar". Sé a quién extraño... En fin...

7 comentarios por lo de ahora.

  1. Tibalt says:

    Valla que curioso, realmente nunca he visto un autobus de esos, pero me resulta ironico el pensar que al verlo cambie tu suerte. despues de todo da que pensar ya que serian muchas coincidencias a lo largo de los años.

    un beso.

  2. BeN-HuR says:

    Un Lázara [...] no me gustaria encontrarme con uno, y habla una esquizofrenica.paranoide con brotes sicoticos hacía este tipo de supersticiones, misterios y demás parafernalia [...] :-)

    Me entretienes y me encanta, regresa pronto o me vere obligada a seguir sumergida entre mis apuntes de Empresa Informativa, y si lo hago tu serás la responsable de mi aprobado, ¿querrás cargar con esa responsabilidad? xD

    ___________________________________


    Nuestras musas, son unas putas (y un poco golfas) sin sentimientos, me han comentado que las han visto paseando por el Retiro y metiendose la lengua hasta la campanilla [...] tendremos que continuar sin ellas [...] Cuando regresen a casuca tendrán las maletas en la puerta.


    Un saludo Any (desde CANTABRIA que ya lo dice Revilla; es INFINITA)

  3. Increíble lo del Lázara..!
    Yo también soy bastante supersticiosa con esas cosas...
    ¡Qué le vamos a hacer..! Me influyen mogollón...

    - PD: He dejado algo para ti en blog. :)

    Besitos!!

  4. Jelly says:

    la maldición del Lázara... chem chem chem

  5. Tanais says:

    he tenido q buscar en el google q es un lazara jajajaja no sabia si era un modelo...la compañía...jajajajajajja

    Rezaré x no ver ninguno jojojojo

  6. yo says:

    Nunca he reparado en las marcas de los autobuses, imagino que mañana me fijaré... y si veo un Lázar pensaré en tu hsitoria!

  7. mmmmm, no quisiera toparme con un Lazará, aunque sí estoy de mala racha, que se tope conmigo tantas veces como quisiera!.

    Me alegro, que después de verlo, te hayan llamado para esa entrevista! ...,¿que por cierto que tal ha salido??......;

    ¡Eh!, que no callo, ni debajo del agua... (hay cosas que no cambian aparezca un Lazará o no!! :P:P)

    Mil besos cosa guapa!!!

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