Posted by : Any R jueves, enero 08, 2009

Hacía tanto, tanto frío que el aire cortaba la piel. Era difícil pensar en cualquier otra cosa que no fuese la nariz helada, la cara acartonada, las orejas enrojecidas... Pero sí pensaba en algo más. Pensaba en cientos de cosas más... Pensaba en el chico tan alto con el que me crucé. ¿A dónde iría con tanto frío? ¿Volvería a casa? ¿Se iría al centro a tomar algo con una chica? ¿Con un chico? Pensaba en las dos chiquillas a las que dejé quedar atrás, estudiantes de medicina por sus palabras, para que luego una de ellas me adelantase y me acompañase caminando la mitad del camino, hasta el punto donde el coche tocó el claxon y me hizo sacar la mano del bolsillo para saludar. Hizo amago de parar y yo le indiqué que siguiese. Total... Ya estaba helada.

Al entrar en casa las gafas se me empañaron, igual que cuando en la calle intenté subir la braga a la altura de la nariz. Tuve que bajarla de nuevo al sentir la humedad de mi respiración acariciando mis labios... Demasiados recuerdos...

Curiosamente estaba cansada. Normal. Llevaba tiempo sin hacer tal esfuerzo. Y sin sentirme tan inútil. Es normal, siempre me pasa. Y aún así me sigue encantando la sensación de cerrar los ojos y que el cuerpo se mueva. Claro que eso no es algo que haga en las clases. Allí sólo miro a mi hermano moverse. Me encanta, me intimida, me fascina... Pero aprendo. Aunque sea poco a poco, estoy aprendiendo. Y cuando estoy sola, ante el espejo de mi habitación, sin atreverme a mirarme y con alguna canción de ritmos árabes sonando me muevo, me dejo llevar, dejo que mi cuerpo escoja los movimientos. ¿Y quién sabe? Quizás algún día abra los ojos y me mire, quizás algún día me deje llevar asi delante de otras personas. ¿Quién sabe?

Quisiera levantar la vista y reconocerme en la imagen del espejo. A veces creo que estoy justo ahí delante, saludándome con la mirada. Pero de pronto un ruido me hace apartar la vista y al volver a centrarla ya no soy yo la que se esconde tras ese cuerpo. ¿Quién es? ¡Ay, no sé, yo no la conozco! Es esa chica que se deja el pelo largo por una tontería, sólo para comprobar hasta dónde puede aguantar; es la que se pinta las uñas de negro porque teme cómo pueda quedar cualquier otro color así que agarra lo seguro; es la que no se atreve a levantar la mirada del suelo... Pero entonces levanto un brazo y me rasco la cabeza. Y la mirada se eleva para posarse en mis propios ojos. Soy esa. Esa que contra la voluntad de varias personas importantes en su vida se tatuó su alma en la espalda y su corazón en los brazos; esa que en ocasiones despide fuego por la mirada; esa que no teme lanzarse de cabeza a los abismos, aún sabiendo que dolerá la caída y que todavía será peor levantarse y trepar sola el acantilado... Y entonces otro ruido me distrae. Y vuelvo a mirarme... Y simplemente soy yo, con cara de cansada, y ganas de lavarme los dientes y meterme en la cama. Saco la lengua y me miro las amígdalas, que siguen del tamaño de una pelota de golf. Y sonrío. Mañana será otro día. ¿Qué veré al mirar el espejo?



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