Posted by : Any R viernes, marzo 28, 2008

Cuando mi padre se enteró de que yo era lesbiana no puso el grito en el cielo. Esperaba que me gritase. Pero bajó la cabeza, esperó a que mi novia se fuese al baño y me dijo con voz de niño pequeño: "Me da igual. Pero quiero nietos". Ya nunca podrá conocer a sus nietos...

Mi padre nunca leyó nada de lo que yo había escrito. Nunca se me dio por dejarle ninguno de mis escritos, porque seguramente se habría ofendido... O eso pensaba yo. Con esto quiero decir que no tenía ni idea de si yo era buena o no... Sólo sabía que había ganado algún que otro premio. Me regaló una Parker que ahora siento todavía más haber perdido. Y me prometió que cuando publicase mi primer libro me regalaría una Mont Blanc. Ya nunca podrá regalármela.

Cuando volví de Venezuela, y a pesar de que me había dicho que no lo hiciera, le traje un recuerdo de allá. La típica baratija de "recuerdo de...". Nada realmente importante o caro... Siempre que intentaba llevárselo o me lo olvidaba en casa o directamente no podía quedar con él. Ya nunca se lo daré.

Vino mi acto de licenciatura, a pesar de que estaba fatal. Se quedó hasta el final para poder venir a saludarme, a pesar de que estuvo mareado y sangrando por la nariz. Y cuando recogí las fotos de la orla, me dije que bien se merecía una de las rgandes. Así que le compré un marco y la metí dentro. Está en el coche, en una bolsa junto al recuerdo de Venezuela. Ya nunca podrá tenerla.


Tenía 54 años. Los tres últimos se los pasó enfermo, de hospital en hospital. No tenía cura y sólo esperaba el momento de marcharse. Ese momento llegó el 21 de Marzo. Me alegro por él, porque ya no sufrirá más. Pero han quedado tantos castillos en el aire... que a veces duele recordar.

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